Personaje: Lily


Foto de anime "White Girl"

Relato procedente: "Obsesiva" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Tras una obsesión irrefrenable, Lily confesó a su psiquiatra cómo asesinó a su madre al haberle roto el móvil al verla totalmente enganchada a él día y noche. Tenía una especie de conexión especial a sus seguidores de cada red social, dado que, eran los únicos que aplaudían sus pequeños logros diarios o se interesaban realmente por ella, se sentía arropada y le daba sentido a su vida. Ahora lleva tres meses sin contacto con ningún aparato electrónico y todavía esperando a que su padre vaya a verla a la clínica, quizá algo que jamás ocurrirá después de todo lo ocurrido.

Nombre completo: Lily Claim Jorne.                                               Edad: 26 años.

Ciudad natal: Memphis.                                                          Estado actual: Estudiante.


Descripción física:

Mi cabello negro, liso y largo hasta más abajo de media espalda, solía darme problemas en mi época adolescente pero, gracias a los avances en los cuidados capilares, he podido mejorarlo. Mis ojos castaños se mantienen enrojecidos tras horas de pantallas, de estar pegada a comentarios de cualquier desconocido que me daba la suficiente autoestima como para seguir teniendo ganas de vivir en este mundo. Mis labios finos siguen apretados, sin demasiadas ganas de ayudar al resto de mi cuerpo a expresarse, sin demasiada esperanza ni fuerzas de decir demasiado. Siempre he sido esbelta debido a mis constantes ansiedades, aunque mi madre trataba con regularidad de que comiéramos bien.

Descripción de la personalidad:

Como podéis saber, soy una persona bastante obsesiva que no tiene control en absoluto, en este caso, del tiempo que paso con los móviles (aunque ahora ya no lo hago por prohibición). He sido siempre muy introvertida y esta obsesión ha hecho que continúe mirando hacia mí misma y no animarme a compartir mis sentimientos con mi familia, de hecho, no recuerdo cuándo fue la última vez que lo hice. Desde siempre me he sentido vacía, incapaz de completar cambios propuestos, provocando círculos viciosos constantemente, digamos que no me considero una luchadora ni alguien que cambia las cosas por ella misma, necesito un fuerte golpe para darme cuenta de mis errores. Soy una persona muy sensible pero me cuesta demostrarlo, tiendo a parecer seria y bastante dura, tanto por mi forma de hablar como de vestir, siempre formo una especie de muro delante de mí para provocar en los demás la repulsión que necesito para que no se me acerquen, mi psiquiatra me tiene pillada del todo...

Recuerdos vacíos:

No he recordado demasiados momentos felices en mi familia, dado que, han sido siempre muy católicos y rectos, necesitaban que los demás pensaran bien de nosotros, imaginaos sus caras cuando empecé a vestir de negro y con títulos sarcásticos en las camisetas de todo tipo de ámbitos que no se solían hablar en ninguna iglesia conocida. Desde el momento en el que decidí ser "así", mis padres me dejaron un poco de lado, esa situación me impedía hablar en mi casa y expresarme con absoluta normalidad, dado que, además se enteraron (todavía no tengo ni idea de cómo) de que soy lesbiana, para ellos eso era señal de que ibas a ir al infierno.

No me sentía entendida, tan solo querían adoctrinarme a su imagen y semejanza, incluso creían que yendo a la iglesia todos los domingos iba a cambiar mis opiniones sobre el mundo y sobre Dios. Mi madre, sobretodo, no aceptaba el hecho de que había cambiado, que ya no era esa niña que había salido de su vientre con unos cuantos pelillos negros y lloriqueando en busca de leche, ya no era la misma, ni siquiera jugaba con muñecas ya, pensamiento que parecía estar fuera de su alcance, se había quedado en mi edad infantil porque no podía aceptar mi momento actual (algo que el psiquiatra analizó conmigo en una de nuestras sesiones gustosamente después de comentarle nuestro pasado).

Obsesión descontrolada:

Al principio, tan solo necesitaba un móvil nuevo porque el anterior estaba bastante anticuado, por lo que, saqué uno con oferta tirado de precio que me resolvió la situación. Eran unas cuantas aplicaciones, algunas redes sociales, unas pocas respuestas a comentarios... todo esto fue a más, todo porque nunca tuve la atención suficiente y me sumergí en las profundidades de mí misma sin importar que me autodestruyera en el proceso porque no tenía ni idea de que eso pudiera ocurrir. Todo lo anterior fue a más y millones de personas me veían constantemente, les interesaba el contenido que aportaba, mis opiniones y algunas cosas que hacía y me resultaban interesantes, así que, a base de atención tan solo quería compartir con los demás lo que tanto había anhelado de mis padres, ahora lo comprendo.

El círculo vicioso fue aumentando cada vez más, era incontrolable. Estaba a todas horas con el móvil, de hecho, dejé de hacer los trabajos de la Universidad, en cualquiera de mis trayectos desde casa a cualquiera de mis destinos diarios iba priorizado alguno de los vídeos que había elegido para aquel momento, respuestas constantes de comentarios al llegar a casa... en fin, una serie de acontecimientos que terminaron con mi vida universitaria y, por ende, mi vida profesional. No entendía nada de esto, estaba focalizada en mi único objetivo de compartir cosas con los demás con el estrés añadido de tenerlo todos los días a las seis de la tarde, donde permanecía el mejor tráfico de visitas del día, además de que los foros estaban tremendamente activos; digamos que muy en el fondo podía notar algo respecto a esta obsesión, pero lo ignoraba por completo quedándome en mi zona de confort sin hacer nada contra ella, yo misma la había formado.

Asesinato:

Una noche bastante ajetreada en las redes sociales, llegué a casa cansada. Mi madre empezó a llamarme para comentarme alguna cosa que ni siquiera escuché el último día de su vida y, con mayor curiosidad, serían las últimas palabras que escucharía a través de ella sin siquiera saberlo, pero no la oía (o no quería hacerlo) porque estaba demasiado enfrascada en las respuestas de los foros que hacía poco había recibido en las notificaciones que el móvil me anunciaba. Siguió haciéndolo cada vez más alto pero, al ver que seguía sin responderle y seguía con mis historias a pesar de lo que muchas veces me había dicho sobre el teléfono, le dio un manotazo al mismo para que le hiciera un mínimo de caso, tan solo quería que respondiera a su pregunta... Había un cuchillo justo encima de la encimera, en mi mente tan solo tenía la imagen de montones de mensajes que no recibiría porque veía la pantalla del móvil rota y estaba apagado, signo de que se había roto, estaba muy alterada, enfadada y tan solo quería matarla. Da la casualidad de que, lo hice.

Sí, como lo estáis leyendo, sucedió. Cogí el cuchillo y se lo clavé unas cinco veces desahogando toda mi frustración por haberme roto el móvil y por todas las cosas que no podría disfrutar con él, se había terminado mi mundo para siempre. En cuanto vi el suelo lleno de sangre, a mi madre agonizando y a mi padre a su lado gritando que llamara a una ambulancia, no me di cuenta de la gravedad de la situación. Empezaba a oírlo todo en eco, muy lejano, muy distante a mi alrededor, como si no existiese... pero sí que persistía la verdad en cada uno de los momentos. Cuando mi madre expiró su último aliento, mi padre lloraba y gritaba "¿qué has hecho?" constantemente mirándome con rabia, caí al suelo sentada, incapaz de moverme, me había quedado petrificada. Se llevaron a mi madre y me llevaron a mí al hospital para hacerme un seguimiento tanto físico como psicológico, dado que, me quedé en shock y debían volverme en sí. El juicio resultó como mi abogado quería, dado que, me absolvieron por haber tenido una conducta errática por mi obsesión (diagnosticado previamente por el psiquiatra que ahora me está tratando) a los medios electrónicos y condenándome a diez años en la clínica psiquiátrica en la que me encuentro cada patético día de mi vida.

Rutinas diarias:

Simplemente, he ido cumpliendo cada estúpido horario cambiado durante estos últimos tres meses, he sido cauta y muy obediente, además he asistido a todas las actividades impuestas sin rechistar y aunque no me gustasen demasiado, odio estar sin hacer nada, es como un pasatiempo observar a los demás y sacar mis propias conclusiones. Al psiquiatra tengo obligación de verlo cuatro veces por semana por la gravedad de mi situación, digamos que podría obsesionarme con cualquier cosa que tenga pantalla o cualquier actividad que pueda resultar mínimamente adictiva, así que, debe controlarme más de lo que lo haría con otro tipo de pacientes.

El tiempo que llevo aquí, es justo el tiempo en el que no he vuelto a ver a mi padre. Me acompañó a la clínica a pesar de mis pataleos y quejas, creo que, además de querer mejorar mi salud, quería que desapareciera de su vida debido al asesinato de mamá. La verdad, no le culpo, me convertí en una asesina, me dejé llevar por un sentimiento horrible que no debí dejar salir de mí pero tampoco es que tuviera control de ello... Tampoco sabría muy bien qué decirle si ahora mismo apareciera por la puerta, sería un momento bastante incómodo y me sentiría culpable, así que, supongo que sería un sentimiento bastante normal en esas circunstancias. Estoy mejor pero, siguen quedando diez años para mi salida, es como una especie de cárcel pero de salud mental, lleno de normas y control que cumplir, algo que no necesitaba demasiado, trastorna bastante mi sentimiento de libertad.

Un futuro difícil de afrontar:

El tiempo pasa, a veces rápido, si cada día haces lo mismo y se va muy poco del día anterior. Te sientes de una forma u otra pero, tus rutinas siguen siendo las mismas y tiendes a pensar que ya queda menos, aunque cada año parece que esté más lejos. Permanecer aquí durante diez años va a influir negativamente en mi futuro, sobretodo, profesional, dado que, nadie querrá contratar a alguien que tiene treinta y seis años, no te tratan bien (no nos engañemos) y más si han visto tu expediente porque siempre llaman al centro para saber si realmente has estado aquí, además se llevan una subvención. No me parece tener un futuro muy prometedor al salir de aquí, no tengo demasiada motivación, tan solo me dedico a seguir las normas y los horarios a rajatabla, como un zombie, sin importar nada más que el tiempo pasar.

Supongo que más adelante, conseguiré perdonarme a mí misma este acto cometido. Quizá, siga odiándome por lo que he provocado en mi familia por mucho que jamás hubiera coincidido con sus absurdas opiniones o modos de vida, ni siquiera sé si mi padre permanecerá en la misma casa cuando vuelva o ya se ocupará de mudarse antes de que me presente allí (supongo que así será), no creo que vaya a volver a verle, es una idea fija en mi mente cada día que pasa, siempre recordaré sus ojos de odio mientras tenía a mi madre en brazos intentando volverla en sí sin éxito, recordaré cada horrible momento de esa noche, siempre estaré presente en otra forma de vacío o pasado oscuro...

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