Personaje: Kleros




Relato procedente: "Poder" (Huellas del Tiempo).

Resumen: La joven de la que tanto se hablaba en el mundo de los Sanadores, casi había sido absorbida hasta la vida por un ser que ella no conocía, por un Sanador desterrado, por un cliente no satisfecho por aquello que creía, estaba increíblemente en contra de que otros se hubieran beneficiado del poder que ellos tenían. Finalmente, uno de los desterrados absorbió el poder de esta joven sin que ésta pudiese hacer nada, quedándole tan solo el suficiente para sanarse ella misma y a nadie más, quedándose desamparada y faltándole aquello que antes odiaba y que ahora adoraba.

Nombre completo: Kleros Flarus                              Edad: 260 años

Mundo nativo: Tierra                                              Mundo actual: Planeta Sanadores


Descripción física:

Mi pelo negro intenso es fuerte, mis ojos son profundos y del mismo color, captando toda la energía de mi alrededor tan solo con los mismos; mis labios finos no suelen esbozar sonrisas de gratitud, más bien de enfado por estar en contra de lo que sucedió años atrás con nuestros poderes; mi cuerpo esbelto siempre va adornado con una chupa de cuero negro y larga hasta algo más abajo de las rodillas, intentando parecer humano pero sin hacérselo creer a aquellos que para mí son seres débiles y faltos de inteligencia.

Descripción de la personalidad:

Todos dicen que soy arrogante pero no sé de qué manera tomarme eso, supongo que es depende de cómo se mire, es decir, creo que esa arrogancia que otros ven en mí no es nada, tan solo cenizas, envidia de ver a un ser resplandeciente y arduo como yo, también soy algo complicado, pero nada importante. Nunca sé estar callado, no puedo permitir la verborrea de gente que no entiende de lo que está hablando y, por supuesto, no puedo vivir sin el sarcasmo, es lo que me sale de la mundana rutina día tras día, es lo que me hace ser divertido. Las burlas para mí son una fuerza de la naturaleza que hay en mí para hacer sentir a otros inferiores, les molesta pero es la verdad.

Una infancia basada en reglas y entrenamiento:

Durante mi infancia y mi adolescencia, todo fueron normas y educación basada en el entrenamiento continuo de poderes, control de los mismos y movimientos físicos para canalizarlo. Al principio, eran ejercicios muy interesantes, e incluso, nos lo explicaban como si fueran juegos pero, conforme pasaban los años, estos juegos empezaron a ser cada vez más serios y se iban basando en el espíritu interno de cada uno de los sanadores, nos dejaban claro en todo momento que teníamos un don que no se debía tratar a la ligera, que debíamos tener cautela ante todo.

Durante esos periodos tan largos de tiempo, no teníamos momentos suficientes para salir de nuestras zonas de entrenamiento, ya que, cada uno tenía una para sí y varios entrenadores personales que intentaban protegerle y entrenarle. Nos arrancaron de nuestras familias humanas, de cierto modo, después de que nos criaran y que descubriéramos nuestros poderes, realmente éramos como huérfanos en dos mundos que no conocíamos prácticamente nada. Todo ésto fue algo que me quitó una parte importante de mí y de mi humanidad, ya que, los Sanadores vieron muchísimo potencial en mi interior y querían que lo aprovechara al máximo sacándome de mi hogar humano a los seis años para empezar con mi fuerte entrenamiento de espíritu, corazón y físico.

Llegando al máximo potencial:

Cuando hubo terminado mi entrenamiento, pude salir por fin a mis veintiún años, deseando poder ver más allá de mis posibilidades; he de reconocer que siempre he sido bastante ambicioso. Era como una especie de graduación en la que volvíamos a la Tierra para ayudar a aquellos que nos necesitaban, que pedían que les salváramos la vida incluso, mirándote fijamente a los ojos y sabiendo que tú eras su único salvador.

Algunos de mis compañeros y yo nos cansamos de estar siempre supeditados a lo que dijeran nuestros Maestros Sanadores, así que, decidimos ir por libre. Conforme veíamos que había más gente que nos necesitaba, nuestros poderes más se descontrolaban hasta tal punto que nos volvimos completamente locos y perdimos el control, al fin y al cabo, lo único que hicimos fue transferir o canalizar nuestra locura a todos aquellos humanos a los que teníamos que curar, supuestamente. Nuestros Maestros Sanadores se dieron cuenta debido a toda aquella energía que desprendía de ellos desde la Tierra, se dieron cuenta de que hicimos el mal en vez del bien, de que no volvimos para conseguir canalizar otra vez nuestros poderes o poder arreglarlo de alguna manera.

Lo que nos hicieron más tarde no era nada comparado con lo que nosotros hicimos a aquellos humanos que consiguieron que nos arrancaran nuestros poderes de nuestros cuerpos y desterrándonos de nuestro mundo, perteneciendo a ninguno...

Desterrados y sin poderes:

Nuestros Maestros eran muy exigentes con las normas, por lo que, no hubo cabida a justificaciones en cuanto al por qué ocurrió aquella locura con los humanos. Absorbieron nuestros poderes de nuestro pecho y nos dejaron secos, dejaron muy poco para poder sanarnos a nosotros mismos en caso de daño personal o de amenaza de cualquier tipo, algo que nos dejó totalmente agotados, sintiéndonos vacíos, como si nos hubieran quitado la vida, nos encontrábamos hasta fuera de sí, mareados... pero nada de ésto les importó.

Todo nuestro mundo se desvanecía, mientras algunos de los nuevos Sanadores que iban surgiendo de la nada poco a poco se llevaban todos los méritos y ahora no les arrancaban de sus casas, sino que aprendían en la calidez del hogar familiar donde habían crecido. Nos dio tanto coraje que cada uno de mis compañeros fuimos a por uno de ellos, fuimos a recuperar lo que los Maestros nos habían quitado.

Venganza:

Una joven iba a auxiliar a una mujer que necesitaba su ayuda, le pedía que la curara de aquella fibromialgia que no dejaba que se levantara de la cama. Le interrumpí aquello que quería tomar para su satisfacción personal, otra vida salvada y con una sonrisa a costa de los poderes arrancados de los demás. Le puse la mano en su pecho sin pensarlo, sin mirar sus ojos primero de desprecio y después de indiferencia por aquello que sentía y absorbí todo su poder, siendo interrumpido por su Maestro, uno de los que me entrenó durante gran parte de mi adolescencia. Me fui en cuanto pude, era demasiado fuerte como para que yo pudiera con él, pero me iba con los poderes que me pertenecían y mis compañeros hicieron lo mismo. 

Por supuesto, jamás volvimos ni pensamos hacerlo. Nos hemos ido lo más lejos posible de aquellos que irían tras nosotros, de aquellos que vendrían cazarnos por quitarles sus poderes, algo comprensible debido a que a nosotros también lo hemos hecho y al menos, hemos salido airosos del problema, aunque no creo que sea por mucho tiempo, ya que, espero en cualquier momento empezar a mirar por encima del hombro, huyendo por aquello en lo que creíamos, por aquello por lo que vale la pena luchar...

Un futuro de lucha y huida:

Después de todo lo que pasamos para conseguir nuestros preciados poderes que estuvimos tanto tiempo esperando, después de haber absorbido de otros que nacieron con ellos, de aquellos que eran como nuestros hermanos, siendo algo que nos podía condenar para siempre sintiéndonos a la vez, desdichados. Eso que suelen decir de que la venganza es algo bueno, algo con lo que después te sientes a gusto y poderoso, es una mentira tan grande como las cabezas de los dibujos animados que salen en la televisión y que suelen ver los niños humanos, aquellos que pudimos ser nosotros y no fuimos por nuestra condición, por nuestro destino...

Sigo pensando en la lucha constante a la que hemos sido supeditados, a la que siempre nos enfrentaremos ahora que hemos robado algo que no era nuestro sino de aquellos que ahora han perecido, pero creo que después de todo, podremos alzarnos buscando aquello que necesitamos en nuestras vidas, forjando nuestros destinos y buscando aquello que algún día perdimos.
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