Personaje: Francis




Relato proveniente: "A nadie más le importa" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Francis había sido alguien que siempre se dejaba llevar, ejecutaba cualquier orden que le dieran sus padres, había tenido un pasado oscuro y había sido víctima de los maltratos de sus padres. Nunca hacía caso de lo que le decía Erika, ya que, siempre tenía una forma muy directa de hacer las cosas que a él le daban miedo debido a que no se sentía seguro, se avergonzaba de ella, e incluso, la criticaba junto con sus compañeros; ésto lo hacía para protegerse de todo y de todos, no quería que le criticaran y no quería sufrir de la misma forma que lo hacía Erika todos los días.

Nombre completo: Francis Collet Survival.                 Edad actual: 36 años.

Ciudad natal: Chicago.                                               Estado actual: Fallecido.


Descripción física:

Mi pelo castaño, corto y rizado siempre era víctima de personas con ansias de olerlo intensamente, ya que, solía usar un champú de limón que a la gente le encantaba; mis ojos castaños miraban con miedo a los demás, tenía aversión a las críticas que pudieran hacerme, podía sentir hasta verdadero pánico; mis labios algo gruesos y apretados por la tensión cuando me rodeaba todo tipo de gente, acababan siendo la comida de mis dientes, ya que, no paraba de morderlos debido a mis continuados nervios; mi cuerpo esbelto, sin ser demasiado bajo ni demasiado alto, siempre llevaba una ropa de lo más normal, es decir, que no llamara la atención de nadie y menos de un abusón, de hecho, conseguía pasar desapercibido gracias a todos mis esfuerzos por conseguirlo. Mis manos solían temblar algo más de la cuenta, debido al nerviosismo, al igual que todo el resto de mi cuerpo, como el típico momento en el que sientes mucho frío y no haces más que tiritar, pues exactamente así. Siempre decían que mi mente era privilegiada, de hecho, tenía un coeficiente intelectual bastante alto, por ello, los profesores me ponían a prueba cuando me conocían mejor, ya que, debido a mi apariencia no daba a entender que fuera alguien inteligente, sino más bien, alguien bastante estúpido.

Descripción de la personalidad:

Normalmente, se denomina así: personalidad. Podríamos decir que ésta es la que forma parte de nosotros, la que nos define, la que hace que actuemos de cierta forma o de otra, hemos formado cosas en ella como el tipo de música que escuchamos, la ropa que llevamos, las personas que se encuentran a nuestro alrededor, e incluso, la forma que tenemos de hablar o expresarnos hacia los demás. Por desgracia, yo no sé qué es ésto y ni siquiera lo he tenido en mi interior, debido a que desde que era un niño me han dicho lo que tenía que hacer, como una especie de órdenes que tenía que llevar a cabo porque era mi deber como hijo, como amigo e incluso, como sobrino. Todo el mundo me decía cómo debía actuar en cada momento, muchas veces, llegué a estudiármelo de los apuntes que mi madre tenía preparados para mí desde que nací y a llevarlos a cabo como un deber o un examen más del colegio; es algo que nunca me inculcaron, aprendí a ejecutar todo lo que me decían o me obligaban a hacer, sin darme elección de elegir. Así que, como podéis ver, no puedo describir algo que jamás he tenido o con lo que jamás he vivido, he ejecutado acciones que los demás creían correctas, pero quizá muchas no las hubiera hecho, y menos, si les hacían daño a personas que quería. Lo peor era que no podía parar de hacerlas porque no conocía otra cosa, no sabía cómo actuar en cualquier otro caso, solamente sabía hacerlo de esa forma, no existía otra para mí, parecía que me hubieran creado para ser un robot. Llegó a ser muy desagradable y fuerte para mí cuando me di cuenta de que realmente no era nadie, era la persona que quisieron que fuera sin dejarme forjar mi propia vida, acabé forjando la de mis padres y acabé siendo amigo de aquellos que más hicieron daño a Erika, aquella amiga de la infancia que tanto apreciaba y quería, alguien a la que dejé atrás y por la cual hubiera hecho lo que hubiera podido para protegerla de ello, pero no sabía cómo; esa era una sensación de impotencia incapaz de expresar con exactitud.

Víctima de unos padres dictadores:

Desde que nací, mis padres tenían totalmente calculado cómo iba a ser en un futuro, es decir, desde todo lo que iba a salir de mi boca hasta a qué Universidad iba a ir o qué carrera iba a cursar en la misma. Mi familia siempre fue muy intolerante, tenía horarios muy poco flexibles y tenía todo el tiempo calculado para cada actividad, desde la hora del desayuno a los descansos entre las comidas o las tareas; si no lo hacía, mi padre estaba esperando en mi habitación con un látigo de cuero, largo y con una pinta de doler impresionante, y debo admitir que me dolía muchísimo. Podréis preguntaros cómo es posible que si yo almorzaba en el instituto, mis padres podían saber que no almorzaba a esa hora o a qué hora cruzaba el umbral de la puerta de las diferentes clases, pues bien, debía llevar un collar dorado que parecía una reliquia familiar pero que llevaba en su interior una cámara, en la que mis padres podían ver todo lo que hacía en tiempo real.

Por supuesto que no era sencillo, toda mi vida estaba totalmente cronometrada y no podía hacer aquello que yo quería o deseaba porque las consecuencias podrían ser más malas de lo que me imaginaba, mi padre podría pegarme con aquel látigo en la espalda y provocarme heridas profundas, podría golpearme con aquellos puños que parecían de hierro en la cara o en la espalda, pero cuando llegaba algo tarde porque las clases se habían alargado un poco, no me había dado tiempo a hacer la comida para toda la familia al terminar las clases porque tenía que hacer un trabajo o no decía exactamente lo que mis padres me decían que dijera a mis compañeros o a mis profesores, mi padre en vez de castigarme como haría cualquier otra persona si considera que su hijo está comportándose mal, abusaba de mí sexualmente, me ataba a la cama y hacía cualquier cosa que le parecía con mi cuerpo mientras mi madre miraba cómo lo hacía. Era repugnante y hacía que todo mi cuerpo me diera verdadero asco debido a ésto, debido a que abusaba de mi cuerpo las veces que quería y cuánto quería mientras mi madre permanecía inmóvil delante de la cama observando concienzudamente lo que estaba pasando; por ello, la odiaba y lo hice durante años, preguntándome por qué no hacía nada para que me dejara vivir en paz, para que me dejara de respirar y me respetara tanto a mí como a mi cuerpo, no me podía creer que fuera capaz de permitir esa acción tan atroz hacia su propio hijo.

Erika, alguien admirable:

A ella nunca se lo dije, por ello no lo sabía, pero mi gran amiga de la infancia era alguien admirable por su sentido de decisión, por su responsabilidad, por su valentía al enfrentarse a los abusones del instituto, los cuales, eran mis amigos, y era ella misma, era algo que realmente envidiaba. Nunca se dejó llevar por nada de lo que dijeran los demás o por lo que su padre deseaba o no para ella, simplemente decidía lo que quería y lo llevaba a cabo, como si sus manos trabajaran acorde a lo que decía su cabeza, era alguien completamente diferente a mí. Sabía que le dolía que no pudiera hablar con Erika en público y que la escondiera, pero yo solamente veía esa salida para huir del paso, para conseguir no llamar la atención, digamos que fue principalmente salvarme de no caer en el mismo pozo de críticas al que cayó ella, era más fácil ser un traidor con ella que enfrentarme a aquellos abusones que eran mis amigos; la dejé de lado y mi alma perdida en un mar de lágrimas nunca me lo perdonará.

Entre nosotros siempre hubo una especie de atracción, algo que nos llevaba a estar uno al lado del otro siempre, era como una droga estar con ella, era como estar a gusto en el único lugar que podía, aunque no me gustaba contarle todas aquellas historias de seguir las creencias de los familiares porque no había otra cosa en la que creer, sabía que sus entrañas rebeldes saldrían para recibirme y me escupirían en plena cara. Éramos muy diferentes y no creía que algún día fuéramos a estar juntos, ya que, las cosas que me obligaban a hacer las demás personas sería algo que impediría el desarrollo de una relación pública, llena de críticas y unas personas de las que hablar todo el día como cotorras viejas y arrugadas como pasas. Yo quería formar parte de ese aspecto sentimental con ella, pero sabía que no podía provocarle ese dolor personal tan profundo, sabía que era una línea que no debía cruzar por su bien, no quería que sufriera más por mi culpa. Siempre la admiré y, si algún día tiene hijos, es un buen ejemplo a seguir para ellos; ha sido lo que siempre ha querido ser, pintora y alguien que influye en la vida de los demás desde sus obras y desde la expresión de dolor y nerviosismo que sale de ellas, siempre ha sido algo que ha utilizado para desahogarse, y ahora, lo ha utilizado para que de forma internacional el mundo sepa lo que siente realmente en cada instante y momento de su vida. Ha sido una magnífica e increíble persona, aunque yo la criticara a petición de mis amigos. Cuando le decía "ojalá no existieras, gótica de mierda", en verdad le decía: "Te aprecio mucho"; cuando le decía "apártate de mi vista, energúmeno", realmente le decía: "acércate más a mí para sentir tu aliento"; y cuando decía "nunca sabrás lo que es ser normal", verdaderamente le decía: "Te quiero tanto que no sabría cómo expresarlo con palabras".

Soy consciente de que todo ésto lo perdí cuando decidí no renunciar a las creencias de mis padres o a seguir abusando de los más débiles en el instituto; soy consciente de que todo lo que podría haber sido, fue culpa mía, por no querer ceder a tener una relación sentimental plena y feliz con aquella persona que quería desde que éramos niños; era consciente de que lo que perdí, ya no lo volveré a recuperar por mucho que lo desee con todas mis fuerzas y que el arrepentimiento que sentí antes de morir fue tan grande que me ahogaba en mis propias lágrimas, era algo que no podía evitar y despedirme de ella fue la cosa más difícil que hice cuando salté del puente al agua; supe que sería demasiado doloroso, por ello, quise despedirme de Erika tan solo viéndola en aquel museo presentando sus obras desde ese punto de vista tan profesional y sentido, aquella hora fue la mejor en mucho tiempo, fue el momento exacto en el que supe que debía llevar a cabo mi acción final, aquella que no sería coaccionada ni obligada a hacerse, aquella decisión que tomé por mi cuenta y la mejor que pude tomar para que cesara mi sufrimiento.

La última decisión tomada:

Quizá os parecerá una locura o algún tipo de disparate el tratar de huir de una vida que lo tiene todo, desde una Universidad medianamente cara hasta un plato de comida todos los días y cinco veces al día, pero para mí fue una liberación. Hay veces en las que no puedes simplemente quedarte mirando el mundo y ver hacia dónde va para repetir exactamente lo mismo que hacen ellos, para mí nunca ha sido suficiente ser alguien, cuando era un niño siempre quise ser alguien más grande que mi pasión por lo que me gustaba, quería llegar tan lejos como me lo permitiera mi vida, era realmente ambicioso, aunque no me sirvió de mucho, ya que, no hice realidad ninguno de mis sueños, como bien sabréis.

La decisión de tirarme desde el puente Golden Gate de San Francisco fue verdaderamente pensada fríamente, fue algo que estuve meditando durante más de seis meses. De todas las maneras posibles quería encontrar la forma de seguir existiendo y sobreviviendo, e incluso, aprendiendo las cosas que no sabía para conseguir ser quién yo quería ser, para continuar con la vida plena que quizá Erika tenía dejándose llevar por sus instintos y quería hacer lo que realmente me importaba, pero nada de eso funcionó. Cada vez que intentaba saber cómo reaccionar en cada momento, en cada situación que se me presentaba diariamente, volvía atrás, volvía a aquello que mis padres me enseñaron porque no conocía otra cosa; éstas creencias eran verdaderamente crueles para aquellos que las iban a padecer, por lo que, no quería hacerlas, por descontado. Vivir de ésta manera era verdaderamente agotador, no podía seguir adelante porque no sabía cómo, no sabía ni siquiera qué decir o qué hacer, pensé en llamar a Erika pero la perdí en el momento en que mis padres me cogieron de los pelos y me arrastraron a San Francisco cuando les dije que quería dejar de estudiar Derecho y quería empezar Informática como yo realmente quería, desde ese momento perdí el derecho a pedirle más favores a Erika, era mi amiga y siempre lo sería pero no quería cargarle más muertos de lo que ya le había cargado, había acabado siendo alguien despreciable en su vida y lo que había hecho era imperdonable, ni siquiera yo creí que fuera capaz de algo semejante: la abandoné sin ni siquiera despedirme, la dejé en la Universidad después de haberle prometido que iría a verla al día siguiente, pero no fui, después de traicionarla durante tanto tiempo, no fui capaz ni de llevar a cabo esa simple promesa...

Después de seis meses de amplias dudas, decidí hacerlo subiéndome a lo más alto del puente y tirándome al vacío desde el mismo. Por supuesto, puse varios objetos pesados en mis bolsillos para caer en lo más profundo del mar y para no poder salir aunque quisiera, para ahogarme en ese lugar oscuro que se alimentaba de mi alma desde que aprendí las creencias absurdas de mis padres. Creí verdaderamente que eso era lo que me merecía y que era alguien que no debía seguir en el mundo para hacer daño a las personas, que debía desaparecer para liberarlas de mí, para dejarlas volar en el cielo azul del que provinieron, yo no podía aportarles nada más.

Un futuro de oscuridad y arrepentimiento:

Después de la muerte poco hay que hacer ya, quizá pensáis que no hay nada o que tu alma se va vete tú a saber dónde, pero nada de eso es cierto. No sé cómo habrán pasado los demás fallecidos esta difícil transición, pero la mía ha estado llena de oscuridad, soledad y arrepentimiento por todo aquello que pudo ser y no fue, por todos los momentos increíbles que podría haber tenido pero que jamás pude tener por aquello en lo que me crearon o aquello en lo que me hicieron creer por obligación, por aquella niña que tenía ilusión por la pintura e hizo que todo se hiciera realidad y, a la cual, hice daño con mis humillaciones públicas por mi propio interés, es decir, para que no me criticaran a mí, algo que os parecerá bastante egoísta por mi parte.

En este "lugar" no existen los días, las horas, las prisas, los coches, ni siquiera las paredes, todo está completamente vacío. Lo más curioso es que llegas al mundo con nada y te vas sin nada, incluso parece que estés completamente desnudo en medio de un mar de soledad, donde no hay absolutamente nadie a tu alrededor y que lo único que te quedan son los recuerdos. Muchas veces, he pensado que quizá ésto sea el infierno, el lugar al que pertenezco por todo lo que les hice a aquellas personas indefensas, a aquellos que no tenían culpa de las enseñanzas de mis padres, ni de aquellos momentos de amargura que sufría continuamente. Quizá fue una edad muy temprana o quizá debí pedir ayuda a Erika, pero eso tampoco me enseñaron a hacerlo y era verdaderamente frustrante, había deseado muchas cosas pero ninguna se cumplió; todo ha sido un "quizá", un "y si...", todo se ha convertido en duda, en si hubiera hecho otra cosa distinta qué habría sucedido. En eso es en lo que se resume mi estancia aquí, en un montón de ideas agolpándose en mi mente, imágenes e incluso recuerdos de la niñez con Erika, todo se remonta a épocas en las que fui feliz sin pensarlo, o en momentos en los que me había reprimido intensamente; todo es distinto, todo se ha desvanecido y mis sueños se han evaporado junto con mi cuerpo y mi alma, todo ha desaparecido... quizá sea mejor así, ¿o no? Todo se ha vuelto una creciente duda...

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