Personaje: James Mitowski



Relato proveniente: "Asesinato Macabro" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Este relato habla de la policía que, al menos, intentó atrapar a James Mitowski, el asesino macabro de esta historia, el cual, mató a su hermano Jack Mitowski por celos, ya que, decía que éste se lo había quitado todo desde que eran niños. Este asesino acabó en libertad, ya que, le hizo lo mismo a la agente de policía de Nueva York llamada Rose, ella fue otra víctima inocente, como su hermano Jack.

Nombre completo: James Mitowski Rossiv                        Edad actual: 32 años

Ciudad natal: Rusia                                                         Estado Civil: Soltero

Ciudad actual: Nueva York                                              Estado actual: Desaparecido


Descripción física:

Soy un tipo bastante alto, mido uno setenta, siempre me llamaban "el palillo" cuando iba al colegio, todos los niños se reían, aunque yo nunca le encontré la gracia. Suelo tener un semblante serio, nunca he sido un tipo afable, gracioso ni he tenido ningún tipo de obligación para caerle bien a nadie; además, soy bastante escurridizo, me meto en los callejones oscuros y hago que mis próximas víctimas caigan en mis redes sin que se den cuenta, para después hacer que deseen morir. Mi pelo de color negro es corto, aunque no demasiado, liso y fácil de hacer, solo he de echarle agua y listo; mis ojos castaños son penetrantes y abrumadores, ninguna persona puede aguantarme la mirada más de cinco minutos, las personas tienen auténtico terror cuando me miran; mi cuerpo esbelto está bastante fornido, debido a mis diarias horas de ejercicio, estoy toda la mañana realizándolos, ya que, me ayuda a concentrarme en mi trabajo. Mi boca siempre seria puede esbozar alguna que otra sonrisa diabólica, pero solo cuando es completamente necesario, no me gusta tener que mostrar simpatía y hacer el hipócrita cuando realmente no lo soy ni me apetece serlo.

Descripción de la personalidad:

Como sabréis soy alguien con muy poco sentido del humor y sin tener claro para qué está hecha toda esta maqueta llamada mundo, es un auténtico desastre. Cuando camino por la calle, o incluso, cuando irrumpo en una conversación, los presentes creen que están ante alguien poco familiar y ante un maníaco o psicópata; lo que no saben es que aciertan en ambas cosas. Soy muy reservado y no suelo hablar mucho de mi vida, dado que, si alguien supiera lo que hago, la policía iría detrás de mí sin ninguna piedad después de matar a una de sus agentes de policía, su sargento debe estar hecho una furia sí... eso me hace sonreír. Producirle dolor a la gente me da una sensación de poder y control que ninguna otra persona podría experimentar jamás, es una postura de superioridad que calma todos los momentos en los que te encuentras solo y sediento de algo emocionante durante el día, mis obras hacen que las mañanas florezcan como las flores en el campo, hacen que me levante con un objetivo y hacen que continúe tan centrado como de costumbre. Soy un monstruo al que le gusta observar, al que le gusta mirar y saborear el sufrimiento, que puede llegar a las mismas entrañas de la persona que está desangrándose justo delante de mí, es un placer que no le dejaría a nadie, es completamente mío. Cuando me suplican, lo entiendo como que las víctimas necesitan morir, aquellos gritos significan poco para mí, pero para ellos una necesidad, ya que, creen que gritando les voy a perdonar la vida; tan ignorantes como siempre... El egocentrismo y el egoísmo forman un gran papel en mi vida, son como una pareja inseparable, al igual que, el sonreír al ver miedo en los ojos de mis pequeños muñecos y sus gritos; no puedo evitar sentirme atraído por todo ello, es algo que me cautiva y apasiona, tanto como el orden, soy muy perfeccionista, aunque en mis trabajos no lo demuestro, debido a mi increíble fuerza y habilidad con el bisturí.

Un pasado lleno de rencor:

Nací en Rusia y viví allí durante mis primeros siete años, hasta que nos mudamos a Nueva York. En mi ciudad natal, todo me parecía diferente, lleno de colores, lleno de cariño y ternura, arropado por el amor de mis padres, orgulloso de formar parte de aquella familia; todo cambió cuando se agregó a mi hermano Jack a la ecuación. Mi madre estaba con él a todas horas, ya no tenía tiempo para mí, ni siquiera para leerme un cuento hasta que me durmiera como cada noche hacía, ya no podía lavarme en la ducha con aquel jabón fresco y con olor a flores que solía aplicarme en todo el cuerpo, ya no podía darme un beso en la mejilla cada vez que me iba porque siempre llevaba al estúpido bebé en brazos, al niño pesadilla, como yo le llamaba muy a menudo. 

Mis padres decidieron irse a Nueva York, ya que, mi padre encontró un trabajo de albañil mejor remunerado que en Rusia y querían darle un aumento junto con un nuevo rango, así que, mi padre no pudo hacer otra cosa solo que aceptar el trabajo. Mi madre estaba orgullosa y Jack no se molestaba lo más mínimo por mudarse a otro lugar; yo estaba molesto, no podía creer que nos fuéramos de la ciudad donde habíamos nacido, donde yo había crecido durante siete años y que tuviera que despedirme de todos mis amigos, ahora me volvía a quedar sin nadie, pero a ellos no les importaba lo más mínimo. Cuando empecé a crecer y a ser un poco más independiente, es decir, cuando tuve más o menos diecisiete años, Jack tenía diez años pero nunca quería jugar conmigo, ya que, mi madre no se lo permitía, le decía que yo podía hacerle daño y que era un chico un poco violento, por ello, empezó a llevarme al psicólogo. Aquel era un tipo que tenía un montón de problemas con su mujer por haberse acostado con otra mujer y venía a la consulta intentando resolver los míos; no pude estar más en aquella habitación y empecé a vagar por las calles, completamente solo y desolado, no sabía qué hacer para que mis padres dejaran de pensar aquellas cosas tan horribles de mí, ni siquiera había hecho nada a nadie.

Cuando tuve veinte años y ya era bastante maduro como para buscarme la vida, me surgían unas ansias de dejar que mis padres dejaran de respirar, que dejaran de sentir el latir de su propio corazón, no quería que mi hermano tuviera la suerte de tener toda la vida a aquellas personas tan agradables que rechazaron mi compañía y mi amor, no podía permitir que siguieran viviendo, así que, les saqué sus entrañas en un viaje que hicimos a Rusia para volver a recordar viejos momentos. Los colgué del techo a ambos, en el sótano de nuestra vieja casa, les quité la ropa, los ojos, les arranqué los dientes y a mi padre le arranqué el pene; todo esto, estando vivos y escuchando sus gritos de dolor, mientras yo les miraba completamente sonriente. Finalmente, cuando ya estuvieron muertos, quemé la casa y me volví a llevar a Jack a Nueva York, debía haberlo quemado con ellos, pero preferí que sufriera la muerte de nuestros padres, quería que la llorara y que se marcaran heridas profundas en su corazón para que supiera todo el rechazo que yo sentí.

Durante los años que prosiguieron, no tuvimos contacto alguno, ya que, cuando tuvo dieciocho años ya no quise saber nada de él y me instalé en un pequeño loft alejado completamente de la civilización, el cual, tenía un sótano grande y perfecto para guardar mis herramientas. Jack empezó a ir con miembros de una banda llamada los Yenkeens, eran unos moteros con cara de pocos amigos pero, lo que necesitaba mi hermano era contacto humano, quería saber lo que se sentía al tener otra vez una familia.

Me vi en la necesidad de matar a Jack cuando tenía veinticinco años, ya que, fue capaz de irrumpir en mi casa para decirme que yo no había sido un buen hermano y no le había apoyado, aparte de que había descubierto que yo había matado a nuestros padres, parecía que llevaba algunos años yendo a Rusia e investigando el caso; me encontraba completamente comprometido, por lo que tuve que hacerle lo mismo que le hice a nuestros padres, tuve que hacerle el ritual, aquel que me hacía sentir realizado y lleno de vida, aquel que hizo que mi hermano desapareciera de mi vida para siempre.

Un futuro de obras maestras:

He tenido que encontrar otra casa en la que vivir, en las afueras de Nueva York, por supuesto. Tengo que ser mucho más cuidadoso que de costumbre cada vez que salgo de casa, ya que, cuando matas a un policía tienes absolutamente a todo el departamento investigando y yendo detrás de ti. Obviamente, todavía no han descubierto quien soy, la única que lo sabía era ella y ya está muerta, así que, nadie más ha atado cabos tan rápido. No sé cómo de bueno es su sargento pero, no creo que dé con todas mis obras, solo saben de dos, pero tengo una docena dejadas por varios de los polígonos industriales situados por toda Nueva York.

Esta tarde me dirijo hacia otra fábrica con una mujer en la parte de atrás de mi coche alquilado para realizar otro trabajo, otra obra maestra que me permite respirar y tener un respiro cada mañana. Este lugar me ha costado tres días encontrarlo, ya que, no veía ninguno que estuviera totalmente abandonado, pero éste, es perfecto para mi momento de gloria; tengo que colgar a la chica antes de que se despierte, me encanta la cara de sorpresa que ponen cada vez que abren los ojos. La engancho de los pies en el techo del lugar con una cuerda lo suficientemente larga para observarla desde la mesa que hay cerca de su cuerpo, espero sentado a que abra los ojos y, lo primero que hace es revolverse completamente incómoda.

- ¿Qué es esto? ¿Qué estoy haciendo aquí? - me decía asustada, mientras le temblaban los dientes, de hecho, le rechinaban -.

- Felicidades, has sido elegida para ser mi próxima obra maestra - le respondí con una sonrisa forzada, nunca me salían muy bien. Me acerqué a ella para ir limpiando las herramientas que iba a utilizar para realizar los cortes -.

- ¡Usted está loco! ¿Qué está haciendo? - me preguntó gritando como una loca. Era una pena que no la pudieran escuchar desde ningún punto, había escogido la fábrica que estaba más alejada de las demás y la más insonorizada, por ello, me costó tanto de conseguir -.

- Ahora verás el espectáculo, tranquila. No te gustará, pero yo seré el espectador que te mire mientras te desangras, así que, quiero que sigas estando así de preciosa para mí - le dije mientras me ponía cómodo para arrancarle los ojos y dejarle las cuencas vacías -.

Las siguientes horas, fueron sublimes, ya que, conseguí montar otra obra, publicar otra maravilla en lo que sería mi periódico personal. Tenía muchísimas ganas de que quedase así de bien, tenía ganas de revivir la muerte de mi hermano y quería sentir el éxtasis que permanece escondido dentro de mis entrañas. Aquella mujer con voluptuosos pechos, yacía colgada y muerta en aquel lugar del que yo iba a salir inmediatamente, estaba totalmente seguro de que no había dejado huellas ni ningún tipo de objeto personal allí, solamente lo que yo quería que encontraran: los dientes en el cenicero, los ojos en el bote grande repleto de agua y los alicates justo en el centro de la mesa que estaba posada enfrente del actual cadáver. La verdad es, que les había dejado mucho trabajo que hacer, los policías deberían aplicarse más en este caso, y yo, seguir con mi vida repleta de obras y de una forma de disfrutarlas que nadie entendería, un placer sin igual.

Jack Mitowski Rossiv:

Mi alrededor se volvió oscuro, bastante negro a ser verdad. Justo en el momento en que descubrí que mi hermano James estaba detrás de la muerte de nuestros padres se me cayó el mundo encima, no sabía cómo podía haber sido miembro de nuestra familia, cómo alguien tan noble como mamá pudo engendrar a tal monstruo ruin y despreocupado por los demás, es un completo asesino macabro.

Crecimos juntos, pero siempre tuve la sensación de que algo no estaba bien en su vida, de que había algo que le molestaba intensamente y era, la esperanza de mamá de tener a un hijo como yo, ya que, una vez me dijo que no entendía por qué James había sido siempre un joven tan agresivo y cómo podía tener ataques de ira tan desproporcionados hacia mí cuando yo aún era un bebé. Mis padres sabían que eran celos pero tenían miedo de acercarse a él y comentárselo, ya que, podía volverse totalmente violento y no querían que a mí me ocurriera nada. Siempre le quisimos, queríamos que formara parte de las comidas familiares, los cumpleaños y que fuera una persona normal, pero nunca lo fue, dudo que alguna vez hubiera querido serlo.

La muerte de mis padres me provocó un shock tan grande que tuve que estar yendo a terapia cada día, no podía creer lo que acababa de pasar. ¿Cómo había podido quemarse la casa? Comprobé cualquier cosa que lo hubiera podido provocar pero, ni rastro; investigué y comprendí que había sido James, tenía el objetivo y la oportunidad, no podía haber sido otra persona, tenía que ser él. Cuando fui a su casa algo borracho a recriminárselo, me dejó inconsciente y, cuando he despertado me he encontrado atado al techo y con mi hermano delante de mí, esperando a que despertara.

- Vaya, ya estás despierto... - me dijo con una sonrisa pícara. Le veía del revés, pero sabía que era él, sabía que este momento iba a llegar y, me arrepentí de haberle dicho lo que descubrí en Rusia -.

- No te conozco en absoluto, James. Eres un completo desconocido para mí y también lo eras para nuestra familia - le respondí afirmando cada palabra -.

- ¡Eran tu familia, no la mía! - gritó irritado. No quería enfadarle más, pero dado todo lo que me había quitado y lo que me iba a quitar, debía decir lo que pensaba, era lo más justo -.

- Piensa lo que quieras, pero era nuestra familia, tienes su apellido; que yo sepa, no te lo has cambiado. Ellos te querían hasta el momento en que quemaste su casa y me trajiste aquí para que sufriera y todo por envidia... qué clase de persona hace eso, ¿eh?

- La persona que va a arrancarte los ojos y a meterlos en un bote, la persona que va a hacer que sufras tanto que prefieras haber muerto vivo en aquella casa de Rusia, soy aquel que va a hacer que mueras de una vez por todas y me des la libertad que necesito...

Lo dijo con tanto placer que dolía... No sabía si había dolido más la herida que provocó dentro de mí o el enorme dolor que hizo que sintiera por todo mi cuerpo. Cumplió absolutamente todo lo que dijo, me revolvía mientras estaba incómodamente colgado y me sangraba todo el cuerpo, me ardía todo y ya no podía hablar con normalidad, me ahogaba y solo quería... morir, aquella era la súplica que él quería oír, pero de mí no la obtendría. La parte buena de todo ello es, que podré apagar mi pena, podré dejar de estar conectado al odio de mi hermano y que podré... morir... en... paz.

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