Personaje: Clive Morgen




Relato procedente: "Invisible" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Clive Morgen siempre ha sido un hombre muy reservado, solitario, individualista y siempre le gustaba observar cómo eran las relaciones humanas, sabiendo en su interior que jamás conseguiría tener algo semejante en su vida. Algo ocurrió en el periodo de tiempo en el que decidió apartarse del mundo, en el que quiso que le dejaran en paz, en cierto modo, se sentía invisible y lo llegó a desear tanto que al final, se hizo realidad; mientras escribía en su portátil la historia que llevaba tanto tiempo esperando terminar y publicar, su cuerpo empezó a volverse transparente, invisible y dejó de existir de forma corpórea y en los pensamientos y sentimientos de sus seres queridos, incluso en los recuerdos de sus fans que le seguían, no dejó ni rastro de su existencia y ni siquiera su hija volvería a escuchar su voz, ni podría abrazarla... nunca más.

Nombre completo: Clive Morgen Clearson                      Edad actual: 40 años

Ciudad actual: Nueva York                                             Profesión: Escritor


Descripción física:

Mi pelo negro había empezado a convivir con las fuertes canas que salían a ambos lados de mi cabeza, no es que me hubieran molestado, más bien me daba igual, pero ya no te veías tan joven como lo eras antes; mis ojos castaños siempre mostraban una simplicidad sin igual combinada con cierta brusquedad, siempre pensé que era una mezcla entre "si me hablas de cualquier cosa puedes, pero no te pases", una mezcla algo complicada, a veces, no sabía qué decir o qué hacer, ser sutil o contestar con brusquedad, ya que, tampoco quería ser maleducado; mis labios finos, raramente emitían una sonrisa y, si lo hacían, era por cumplir y siempre era una sonrisa incómoda; desde pequeño he sido esbelto y he estado en la estatura media que tienen los hombres de mi edad, vestido con una camisa, unos vaqueros y una americana negra, me daba un toque informal. En mi expresión nunca había dibujada una mueca de desaprobación, de desagrado, de insensibilidad o de ninguna otra cosa, a veces de molestia cuando abrían mi despacho cuando yo le había dicho a mi criada que no me molestaran, pero tan solo observaba a las personas y sacaba mis conclusiones, creo que acabé siendo muy bueno en eso, menos en ser un buen padre, eso es lo que arriesgué para poder sacar las mejores de mis obras al mercado.

Descripción de la personalidad:

Como he dicho anteriormente, nunca he querido ser alguien maleducado, rudo o que habla de forma hostil haciendo que la otra persona se sienta incómoda, aunque quizá llego a conseguir lo mismo con mi profunda seriedad. Nunca me he considerado como una persona divertida, sino tranquila y una persona a la que no le gustan los jaleos, es más, de joven prefería acostarme en la cama a leerme un buen libro que salir de bar en bar a emborracharme con los pocos amigos que tenía, ya que, nunca he llegado a ser alguien sociable, y casi que lo prefería. Siempre he sido una persona solitaria, observadora y a la que le gusta que no le molesten mientras está ofuscada en sus pensamientos o escribiendo algo interesante, de hecho, detesto que entren en mi lugar de trabajo para informarme de una estupidez, ya que, me corta toda la inspiración que estaba fluyendo por todo mi cuerpo, realmente lo detesto. Me ha gustado y fascinado observar a las personas pasar delante de mí, observarlas mientras hablan, mientras discuten, mientras caminan con auriculares en los oídos, sus formas de mirar, e incluso sus formas de tropezar en la calle y hacer como que no ha ocurrido nada enrojeciéndoseles las mejillas, es increíble ver algo que tú jamás tendrás, algo que puedes plasmar en tus libros pero que no puedes trasladar a tu vida porque se convertiría en un error, no solo te proteges tú, también les proteges a ellos de tu personalidad o lo que sea.

Una infancia solitaria:

Cuando era un niño, nunca daba mucho trabajo a mis padres, es más, siempre estaba quieto en un rincón jugando tranquilamente con mis juguetes, sin decir nada a nadie; al principio, pensaban que me pasaba algo y quisieron llevarme a un psicólogo para ver si era algo grave pero, después de hacerme varios tests, éste dijo que simplemente eran los rasgos de mi personalidad y que conforme pasara el tiempo irían haciéndose más fuertes y más radicales, quizá sería alguien que quisiera apartarse de todo... y no se equivocó para nada, pero no quise ir a ningún otro psicólogo, ya que, cada vez que me preguntaba algo era como si entrara dentro de mi cabeza y me sustrajera información sin ni siquiera preguntarme si yo quería dársela, sentía como si estuviera prostituyendo mi mente, como si estuviese siendo violado o algo parecido, mis padres aceptaron ésto y jamás tuve que ir a ningún otro psicólogo.

Mis padres querían tener otro hijo para que yo tuviese compañía, para que cuando ellos no estuviesen en este mundo, pudiese contar con alguien y no estuviese solo pero, de repente, le dijeron a mi madre que no podía tener más hijos, no sabían con exactitud qué era lo que había ocurrido después de tenerme a mí pero le dijeron que era imposible que pudieran concebir a otro niño o niña. Mi madre volvió disgustada del hospital, tenía la esperanza de que teniendo otro hijo, yo pudiera abrirme y consiguiera hacer algún amigo, consiguiera congeniar con alguien, pudiera ser yo mismo sin esconderme pero vieron durante los siguientes años que eso era imposible, yo jamás me abría a nadie y siempre me escondía para permanecer invisible entre la multitud. No es algo que haya hecho a propósito, sino que, es algo que siempre me ha salido así, sin yo quererlo, sin yo empeñarme en ser así, sin yo hablarlo ni pensarlo, siquiera.

Separado de unos padres humildes:

Durante algunos periodos de mi adolescencia, me encantaba observar las cosas que ocurrían a mi alrededor y oía que mis padres hablaban continuamente de que no tenían suficiente dinero para llegar a final de mes, éramos una familia con ingresos mínimos, mi madre no trabajaba y mi padre no ganaba lo suficiente para que pudiéramos subsistir los tres, así que, encontré un trabajo a jornada completa en Nueva York de ayudante de cocina, no es que pagaran gran cosa pero era suficiente para enviar a mi familia y poder subsistir yo en un piso pequeño hasta que encontrara algún otro trabajo en el que me pagaran más que siendo ayudante de cocina, así que, decidí partir de Suecia e irme a Nueva York, una ciudad enorme y en la que no conocía prácticamente a nadie.

Al principio, no me gustó mucho la ciudad, ya que, era para perderse y las personas no eran tan amables como lo eran en mi ciudad natal, eran algo rudos y tenían muy mala comida, se pasaban los días comiendo hamburguesas y comidas con demasiada grasa; algunos me miraban con extrañeza al darse cuenta de que provenía de otro lugar que no era el suyo y no les gustaba mucho que entrara en ciertos lugares, pero me fui acostumbrando, seguí trabajando y enviando dinero a mi familia, estaban orgullosos de mí pero me echaban de menos; me sentía algo solo sin mis padres allí pero, por otro lado, me sentía como en casa porque no tenía a gente alrededor de mí continuamente, para mí era más cómodo no conocer a nadie porque así, podría ser invisible y ni ellos se darían cuenta de que me estaba comportando así, tampoco es que fueran muy observadores. De todas formas, conseguí habituarme y empecé a hacer lo que más me ha apasionado: escribir.

El mundo de la escritura:

Lo descubrí cuando cumplí los dieciocho años, sentado en el pequeño escritorio del diminuto piso que encontré, era el más barato, así que, no tuve otra opción que alquilarlo para no dormir en la calle; el caso es que, empecé escribiendo una carta a mis padres, diciéndoles que estaba bien y todo lo que acontecía en esa ciudad que empezaba a gustarme por la variedad de lugares que podía visitar en el poco tiempo libre del que disponía, y mi escritura fue tan fluida que me sorprendió, se me empezaron a ocurrir otras cosas fascinantes en las que nunca había pensado y decidí escribirlas, como me salieran de mi mente, así, sin más y resultaron ser un éxito. 

Durante un tiempo atrás, mientras vivía en Nueva York, intentando acomodarme a sus costumbres y a sus formas de actuar en ciertas ocasiones, me sentía desubicado, como si ese no fuera mi lugar, como si debiera estar en otro sitio del que yo realmente proviniera y me sintiera útil, que me sintiera yo mismo, pero la escritura francamente cambió mi vida, tanto en el sentido personal, profesional y económico. Para mí, todo se volvió más claro y veía cosas que nunca antes había percibido con tanta facilidad y las intentaba plasmar en cada cosa que escribía para poder convertirlas en palabras; cuando me di cuenta, publiqué mi primer y más exitoso libro, se trataba de criaturas sobrenaturales atrapadas en otro planeta que no era el suyo, combinaba terror con fantasía y vendí tantos libros que me sorprendí a mí mismo, de hecho, me dieron un premio. No podía creer todo lo que me estaba ocurriendo, es más, pude mandarle a mi familia mucho más dinero del que les mandaba siendo ayudante de cocina, trabajo que dejé nada más noté que la escritura era realmente lo que quería seguir haciendo el resto de mi vida.

La escritura fue algo que me transformó realmente, era capaz de permanecer concentrado, de sentir cada palabra fluir de entre mis dedos, de transformar cada sentimiento en palabras profundas, de crear diversas emociones en un lector ansioso y curioso por descubrir las mil historias que era capaz de expresarle en unas cuantas palabras escogidas al dedillo para que todo sonara más impresionante. Cambió mi vida, lo que, más adelante explicaré.

Cambios radicales:

Como he dicho antes, uno de los cambios que transformó la escritura en mi vida fue el personal, ya que, empecé a conocer a muchos escritores en varias de las fiestas a las que empecé a ser invitado debido al premio que había recibido. Entre todo ésto, conocí a una mujer realmente interesante, inteligente y vestía increíblemente bien, ésta era Vanderbiken, la mujer que más tarde odiaría y de la que me acabaría divorciando. En esos momentos, me parecía una mujer increíble, con su cabello dorado, su sonrisa, la curiosidad en sus ojos... la verdad, no podía negarle nada de lo que me pidiera, me tenía petrificado. Estuvimos juntos mucho tiempo, en el transcurso del cual, nos casamos y tuvimos una preciosa hija, llamada Clara; no solía pasar mucho tiempo con ellas, ya que, me pasaba el día escribiendo e intentando cada vez ser un mejor escritor, nada se puede hacer si no lo haces con esfuerzo. Más tarde, me divorcié de la que ahora es mi ex mujer, era de esas que no podías aguantar, gritaba, su voz chillona resonaba por toda la casa, quería que le compraras todos los caprichos que quisiera, nada le parecía lo suficientemente bueno o nada estaba bien para ella... empezó a volverse insoportable para mí y tuve que pedirle el divorcio, a lo que, aceptó sin rechistar y yo agradecí, quería quitármela de encima. Se quedó los dos coches y a la niña, pero yo me quedé la mansión, así que, tampoco iba a quejarme, fue lo que decidió el juez.

En cuanto al cambio profesional, pasé de ser un simple ayudante de cocina a ser un apuesto, importante e interesante escritor al que todo el mundo admiraba por sus novelas de terror, suspense y fantasía. Nunca me ha gustado ser el centro de atención, pero me gustaba observar cómo la gente se volvía loca cada vez que les firmaba un autógrafo, cada vez que iba a una ciudad para hacer más y cómo me paraban por la calle para hacerse fotos conmigo, me pareció curioso en cierto modo; no todo ésto me resultó cómodo, nunca he sido una persona a la que le guste el gentío, ser agobiado por un tumulto de gente ansiosa por que les firmes un autógrafo o un amante de esas cámaras con flash que te dejan medio ciego, para nada, he sido más bien la sombra entre la gente.

Como ya sabréis, mi familia siempre había sido pobre, así que, pude enviarles mucho más dinero para que pudieran acomodarse en una casa más grande y más cómoda, que pudieran comprarse comida de mayor calidad, pudieran cambiarse de ropa o incluso comprarse la que quisieran, les pude pagar varios viajes para que vinieran a verme y yo pude hacerles varias visitas también, fue un cambio enorme para todos nosotros. Pude cambiar de casa, fue un contrastre bastante intenso cambiar un piso diminuto a comprarme una mansión cerca de un bosque frondoso lleno de pájaros cantando cada mañana y de mariposas posadas sobre las flores, era un cambio increíble; pude darle a mi hija un hogar y que no creciera como lo hizo su padre, a veces, pasando hambre y otras, sin nada de comer, eso es lo único que hice bien como padre, ahora que lo pienso.

El divorcio:

Ésto me trajo verdaderos problemas, ya que, Vanderbiken no dejaba de pedirme la pensión de Clara, quería que le pagara todos los gastos que tuviera y, en resumidas cuentas, quería dejarme sin dinero para conseguir vengarse de mí por haberle pedido el divorcio. Tuvimos que llevar todos estos asuntos al Juzgado, yo hubiera preferido hablarlo con un mediador o algo parecido para no tener que llamar la atención, ya que, yo ya era un personaje público al que la gente seguía y no quería dar mal ejemplo, pero ella se empeñó en hacerlo todo más difícil y doloroso.

Después de conseguir llevarse los dos mercedes y la custodia de la niña, me sacó en todos los periódicos y revistas de la ciudad, diciendo en todos los titulares que yo estaba con otra mujer, que había sido un insensato y la había traicionado en todo nuestro matrimonio, solamente porque dejaba entrar a una mujer en mi casa, la cual, era la criada que entraba a trabajar cada día a las ocho de la mañana. Tuve que salir en todo tipo de programas de televisión, intentando que la gente olvidara todas esas cosas que se decían en las revistas y los periódicos sobre mí, intentando limpiar mi nombre, buscando cualquier manera para salir del aprieto en el que me había metido aquella mujer que, en cierta manera, me causó tan buena impresión la primera vez que la vi.

Salí de todo ello después de cinco años, fue increíblemente difícil para mí, ya que, los medios me seguían a todas partes para constatar que la mujer que entraba en mi casa era realmente la criada y no una prostituta a la que me tiraba todas las noches. Fue muy agobiante, doloroso e incómodo, pero mi familia me apoyó muchísimo, nunca creyeron todas esas patrañas y muchos de los fans hicieron lo mismo, la verdad, lo llegué a apreciar muchísimo.

Un futuro de invisibilidad:

Como sabréis, yo mismo me hice la cama. Desde que era un crío, siempre creí que era alguien invisible, alguien que no importaba y me empeñé en que eso era así a ciencia cierta, no quería oír una negativa semejante, siempre era el que no existía y me parecía tan normal. Alimenté tanto ese sentimiento que al final ocurrió, todo mi cuerpo se volvió completamente invisible a mí y a los demás, ni siquiera podía verme en el espejo, mi hija no podía escucharme, no podía abrazar a nadie, tan solo escribir en algunas hojas que se volvieron invisibles para mí, quizá por pena a que me quedara completamente solo.

Mi vida ahora sigue siendo igual a la de antes, pero las personas ya no se acuerdan de mí, he desaparecido de los recuerdos, de los pensamientos y de los sentimientos que tenían mis seres queridos hacia mí o incluso los fans. Ha sido realmente duro ver cómo todo lo que había creado con tanto esfuerzo, se desvanecía a mi alrededor, viendo cómo todas mis obras desaparecían, cómo las personas dejaban de conocerme, cómo mi hija dejó de pensar en mí como padre y mis padres acabaron pensando que nunca habían tenido hijos porque mi madre no era apta para ello, jamás llegaré a aceptar una cosa así...

Al menos, he aprendido algo de todo ésto: "Cuando realmente crees en algo de verdad, se puede volver una realidad tan fuerte que quizá no la hubieras querido creer desde un primer momento porque sabrías que se convertirá en tu peor pesadilla".

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