Personaje: Eric



Relato procedente: "Próximo Capítulo" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Tras la muerte de su hija, Eric ha estado falto de inspiración y motivación para escribir, dejando su carrera como escritor al margen de sí mismo pensando que su mala suerte vendría dada por el fracaso en su última novela. A pesar de no haberle importado demasiado su hija, esta va a verle para animarle a volver a escribir sobre lo que le sucedió a ella y cómo se sintió su padre al haberla perdido. Al fin, Juliet puede verle triunfar desde la cima más alta...

Nombre completo: Eric Dawsen Jers.                                                       Edad: 39 años.

Ciudad natal: Denver.                                                                       Profesión: Escritor.


Descripción física:

Mi cabello castaño oscuro ya está siendo acompañado por algunas canas pero se mantiene fuerte, medianamente largo por arriba y corto alrededor, un toque que siempre me ha gustado mantener. Mis ojos del mismo color, han permanecido cansados y caídos demasiado tiempo, dado que, no he podido conciliar el sueño. Mis labios finos han estado en silencio ante mi alrededor, ante las circunstancias. Mi tez suele estar pálida, he estado demasiado tiempo escondido en casa sin importarme nada más que escribir. Mi cuerpo esbelto no ha ido mejorando demasiado durante los años, he estado tan enfrascado en la escritura que ni me he dado cuenta de lo que he engordado debido a la cantidad de cerveza que he acompañado a mis noches de letras y las pizzas que me he comido delante de la televisión cuando no he podido dormir.

Descripción de la personalidad:

Siempre he dedicado mi vida a la escritura, me ha llenado pero me ha llevado a no implicarme en la vida familiar. Soy un hombre solitario, tranquilo y bastante dado a mi mismo, no soporto los ruidos y adoro el silencio, todo el mundo lo ha sabido siempre. Me encantan las firmas de libros, la cara de la gente que decide leerme, al decirme lo que han significado para ellos mis palabras, no hay nada más satisfactorio como eso. La lectura me apasiona, no hay nada como absorber unas páginas antes de irme a dormir, me abre la mente, procura mi creatividad y hace que todas mis preocupaciones desaparezcan. Soy muy dado a la soledad, lo único constante en mi vida.

Dado a mi mundo y a la soledad:

Como he dicho con anterioridad, siempre he sido una persona encerrada en sí misma, no me gustaba compartir demasiado mis pensamientos o sentimientos, tenía muchas inquietudes pero las resolvía solo. De pequeño, no trataba de relacionarme, es más, mis padres me llevaron a un par de psicólogos para que resolvieran lo que creían era un inconveniente en mi vida pero vieron que no iban a conseguir nada, simplemente, disfrutaba estando solo y en mi pequeña burbuja personal. No salía con mis amigos, sus "hobbies" me parecían aburridos, tampoco me gustaba ir de discotecas como solían hacerlo ellos en la etapa adolescente y, mucho menos, le encontraba algún sentido beber como locos para divertirse, estaba totalmente fuera de lugar para mí.

Siempre me gustó tener mi pequeño rincón en mi habitación, pequeños momentos de los que disfrutar, en los que ser yo mismo, me definía con las palabras, las expresiones, los contrastes entre personajes, lo orgulloso que me sentía al terminar una historia que me había llevado unos días pero que, por fin, formaba parte de mí tal como otras que había escrito. Mi día a día pasaba a paso lento pero decidido entre lecturas, entre páginas en blanco, dejando todo mi pasado y mi presente en mi querido diario, ese que ocupaba mis días y los momentos más difíciles de mi vida.

Una pasión que me hacía vibrar:

Empecé a escribir a los siete años palabras sueltas, frases sin importancia hasta que se formaron fuertes y contundes párrafos, con unos sentimientos que no habría podido expresar con palabras, de hecho, muchos de los profesores del instituto notaron que, la única forma que sabía de comunicarme de la mejor manera era escribiendo, por ello, no solían hacerme exámenes orales, simplemente, no me salían las palabras por mucho que quisiera. Siempre ha sido una pasión que me ha calado muy hondo, que es parte de mí, de mi mundo, no hay barreras ni horizontes, no hay nada que se interponga entre las palabras y mi creatividad, surgen sin más con una pasión que no he experimentado con nada igual, transmitiendo y provocando emociones allá donde son leídas.

El silencio me ayuda a centrarme en lo que escribo, me ayuda a sentir cada una de las palabras, a emocionarme por las situaciones de los personajes, de saborear cada escenario y de tratar de cautivar a mis lectores. Jamás he vacilado con las palabras, tienen un gran poder y pueden ser capaces de cambiarnos, de darnos unas directrices que nadie más sería capaz de darnos, se acercan para susurrarte al oído, para acariciar tu piel y hacerte entender que no hay nada más eclipsante. Justo así me siento al escribir, nadie podía competir con algo semejante, es puro, lo único que ha podido agradecer mi constante soledad.

Conociéndonos:

Supongo que debo contaros el preciso momento en el que la vi allí de pie, en la entrada de la editorial. Hacía poco que había empezado con mi carrera y ella tan solo estaba en la puerta mirando hacia algún lado que no tenía nada que ver con el mío, nunca me interesaron las relaciones humanas pero, sentí una necesidad interior de conocerla que no sabría cómo expresar. Sus ojos grises me hipnotizaron, su sonrisa me cautivó y sus profundas palabras me llenaron el corazón de esperanza, de quietud, de cariño, de intensa melancolía en los momentos en los que no la veía, era capaz de poner mi mundo patas arriba con tan solo una frase. Entonces lo supe, no hubo ni una sola duda en el horizonte que se interpusiera, nada que me impidiera casarme con ella tras cinco años de una relación próspera y con unos cimientos increíblemente claros, siempre me gustó eso de ella, no vacilaba, ella no creía, sino que, sentía. 

No había nadie que me hiciera más feliz, aunque nada tenía que ver con mi carrera. Al principio, estábamos muy unidos pero, nuestras vidas empezaron a tensarse a la vez que ganaba popularidad entre mis fans, me llamaban de programas de televisión importantes para hacerme interesantes entrevistas y casi no tenía tiempo para ella. Nuestro distanciamiento no tenía que ver con lo que sentíamos, no tenía que ver con el amor, tampoco con el cariño, ni siquiera por las tristes miradas, esas que mostraban lo evidente, el descuido que estaba teniendo con algo tan bonito y que había hecho brillar tanto mi vida hasta el punto de poner en duda mi raciocinio. 

Promesas rotas:

Greta se quedó embarazada tras la boda. Jamás la había visto preguntarse algo de aquella forma, pero no se lo preguntaba a sí misma, no dudaba de su responsabilidad, sino de la mía. Viajaba constantemente, casi no nos veíamos, era como si ella viviera sola en aquella casa, las paredes absorbían toda su energía, se había casado con un fantasma que nunca permanecía a su lado y a mí, francamente, me dolía más que a ella pero, nadie podía competir con mis sueños y las palabras que se agolpaban en mi mente. Tras hablarlo detenidamente, decidí publicar mi último libro y dedicarme a mi familia, no quería que se criara sin un padre, que no tuviera un ejemplo a seguir o que su madre decidiera abandonarme. Así que, tras algo tan importante como tener un hijo, decidí prometer que me quedaría para estar a su disposición y hacer el papel de padre tan bien como pudiese aunque eso significara dejar atrás la escritura, al menos, durante un tiempo.

Al nacer Juliet, se agolpaban mil ideas, no podía dejarlo. Podía ver en mi mente mil y una combinaciones de una historia perfecta, tenía millones de descripciones, personajes que se anclaban a ellas y un sinfín de emociones que transmitir. Empecé haciéndolo tras haber acostado a la niña y cuando me aseguraba de que mi mujer se había quedado totalmente dormida. Al principio, nadie notaba mi falta de sueño, mis constantes despistes ni mi desgana por cualquier cosa que no tuviera que ver con dormir, dado que, me pasaba la noche escribiendo para poder dedicar un poco de tiempo a todo. Mi mujer descubrió lo que hacía una noche de insomnio, decidió darme algunas horas para escribir pero esto pasó a ser más de lo que esperaba, dado que, a veces, necesitaba terminar algunas cosas urgentemente y no podía parar de escribir. En cuanto me di cuenta, empecé a desatenderlas, tanto que parecía que viviera solo en ese despacho que era tan parecido a mi burbuja.

El accidente:

Desatendí tanto a mi familia que no me ocupaba demasiado ni de las labores de casa ni de mi hija, ni siquiera recuerdo cuánto tiempo llevábamos Greta y yo sin dormir juntos o hacer el amor, estaba demasiado ofuscado en mis propósitos. Me había empeñado en hacer una obra perfecta tras haberla fastidiado con mi última novela, no tuvo tanto éxito como imaginaba y terminó por colapsarme, pensaba que tendría cierto apoyo pero nadie quiso escucharme y los fans dejaron de amar lo que escribía. Fue un duro golpe pero, no esperaba lo que se me venía encima. Dicen que no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes, ¿verdad? Pues yo lo hice, en un accidente de coche del que mi mujer no salió viva, iba demasiado fuerte en una de las curvas que la llevó a caer por el precipicio, tenía tantas cosas en la cabeza que ni siquiera pensó que, al llover de aquella manera tan torrencial, el coche podría derrapar y terminar muerta al caer de forma tan fortuita. 

Juliet tenía diez años cuando este suceso tuvo lugar. No pude contener sus lágrimas, estaba totalmente deshecha, sentía que ya no le quedaba nada porque yo estaba demasiado ocupado desatendiéndolas, así que, me echó la culpa de la muerte de su madre. Lo más duro fue el reconocimiento del cadáver, cuando miré aquellos ojos cerrados que todavía anhelaban la brillantez que vi en ellos cuando la conocí y que todavía recordaba como si fuera ayer. Todo mi mundo se volvió gris, prácticamente inexistente, nada tenía el menor sentido, ni siquiera una sonrisa. Me ocupé de todas y cada una de las necesidades de Juliet, aunque no hubiese estado ahí como padre, debía mantener ese apoyo cuando me necesitase, aunque eso significara dejar un poco de lado el libro que había empezado.

Bloqueo creativo:

Tenía un bloqueo creativo que no había experimentado antes, ninguno de ellos me había durado más de una semana y este me estaba durante seis meses, estaba frustrado, ofuscado y algo enfadado conmigo mismo porque no conseguía seguir con mi cometido, con aquello que me hacía brillar cada día a pesar de seguir echando de menos a mi mujer y anhelando su perfume. No entendía el motivo por el cual había ocurrido, pero mi hija no hacía más que recordármelo desde que se levantaba hasta que se acostaba, tenía una dudosa forma de apoyarme en esos momentos tan difíciles, suponía que se vengaba por todos aquellos años en los que no le dediqué del todo mi vida, fue como crecer sin padre.

Tras una frase en el papel cercano a mí que decía que volviera a escribir y la frase de Juliet antes de irse al instituto que, era exactamente la misma, me di cuenta de que algo no iba demasiado bien. Un documento se abrió en el ordenador, mostrándome el primer capítulo que escribí hacía seis meses, el cual, me recordó por qué llevaba bloqueado tanto tiempo. Mi hija había sido víctima de un asesino en serie, ella también había desaparecido de mi vida en un abrir y cerrar de ojos, por no haber atendido sus necesidades, por no haberme ocupado de su situación y no interesarme por el lugar en el que estaba en cada momento, habíamos sido como extraños pero, aún así, ella quería que siguiese escribiendo su historia porque sabía lo importante que era para mí escribir y volver a estar en la cima del éxito donde estaría esperando verme. No pude dejar de llorar pero, agradecí que fuese ella quién me enseñara el camino de vuelta...

Un futuro de soledad y escritura:

Ya había estado solo antes, aquel simplemente había sido otro momento difícil que debía superar, que formaba parte de mí. Iba a seguir escribiendo, podía volver a lanzar mi carrera como escritor tan alto como yo mismo quisiera, mi última novela tan solo había sido un pequeño bache en el camino. La soledad es mi única constante, tan solo tengo que seguirla como hasta ahora, lo único que no podría seguir oyendo sería la televisión mientras Greta y Juliet la ven y ríen tras ver los chistes malos de las series o las películas absurdas, incluso cuando Greta me acompañaba en esos momentos de insomnio y hablaba conmigo de lo que me ocurría... Nada de eso volvería ya.

Lo único que sé es que para un escritor, rendirse no es una opción posible, siempre hay que jugar con palabras o situaciones, profundizar con las emociones, con la unidad de los sentimientos. Juliet ve desde la cima mi éxito, quizá sonría, quizá no... Quizá sea parte de una ilusión...

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