Personaje: Lise



Relato procedente: "Memoria" (Huellas del Tiempo): http://trackontime.blogspot.com.es/2017/02/memoria.html

Resumen: Después de morir su marido, Lise terminó entre un montón de recuerdos que ni esperaba que volvieran, tenía una especie de amnesia a corto plazo producida por el estrés postraumático por la pérdida de un ser querido, en este caso. Todos esos recuerdos regresaron a ella fugazmente mediante convulsiones y viajando a esos momentos concretos más felices de sus vidas, algo que hizo que se quedara en coma, decidiendo quedarse con el amor de su vida en algún lugar de su mente, antes que volver a una realidad donde no estuviera él.

Nombre completo: Lise Cople Mont.                                  Edad: 35 años.

Ciudad natal: Illinois.                                                       Situación: En coma.


Descripción física:

Mi cabello negro y medianamente largo, descansaba sobre mi espalda, alisado y limpio, con ese toque perfeccionista en cada capilar que le solía poner. Mis ojos castaños estaban algo hinchados, debido a los momentos de desesperación y tristeza que me embaucaban cada noche antes de dormir por la pérdida de mi marido. Mis labios algo gruesos eran incapaces de expresar lo que sentía en aquellos duros momentos, estaban permanentemente sellados por mucho tiempo. Mi cuerpo esbelto, había perdido unos kilos que, más que sobrar faltaban, tenía el estómago cerrado y no tenía nada de apetito, sufría vértigos constantes y dolores de espalda debido a la postura en la que dormía en el sofá, tratando de evitar subir a la habitación que había compartido con Michael.

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido una persona amable y supongo que bastante agradable con los demás, me ha gustado compartir y el enamorarme de verdad ha sido uno de mis objetivos principales. He buscado ser feliz allá donde iba, tanto conmigo misma como con Michael, el cual, me hacía sentir la mujer más rica del mundo con aquel amor y ternura que desprendía. He vivido siempre llena de ilusiones, repleta de recuerdos increíbles que me han ocurrido para crear una enseñanza en ello, para poder ayudar a otros a superar las dificultades. Aunque todo ésto, últimamente se ha ido esfumando dada la situación en la que me he encontrado, tanto las ilusiones como el querer ayudar a otros con sus problemas, todo ésto, simplemente, se ha evaporado.

Una niñez soñadora:

Desde pequeña, tenía claros todos mis objetivos. Sabía que quería trabajar en una gran empresa siendo administrativa, me daba igual en cual, pero quería empezar por ahí y poder ir avanzando escalón a escalón poco a poco, llegando a ser la directora de ese lugar concreto, era algo que me hacía mucha ilusión. Creo que, en gran parte, soñaba tanto en estas cosas y lo veía tan presente porque mi padre era empresario de una gran empresa en la ciudad, siempre tenía sus horas marcadas de almuerzo y comida y le daban tiempo para pasarlo con su familia, siempre estaba en casa por las tardes y jugábamos juntos, leíamos o, incluso, veía los dibujos animados conmigo, veía que podía compaginar ambas cosas y, por mucho que tuvieras hijos, era posible hacer ambas cosas a la vez sin faltarle a nadie.

También soñaba e imaginaba todos aquellos cuentos que mis padres me leían cada noche, me sentía totalmente identificada y jamás fui una niña que se quedara todo el día embobada con la televisión, como pasa hoy en día. Siempre me gustó aprender cosas nuevas y sentirme útil cada día, por eso les pedía a mis padres poner la mesa o la lavadora que, aunque era más grande que yo, me ayudaban cogiéndome en brazos y dejándomelo todo cerca para que llegara, me sentía como una pequeña reina en su palacio personal. Como veis, tuve una infancia bastante feliz.

Adolescencia solitaria:

Cambié de colegio, dado que, me mudé con mis padres fuera de la ciudad porque les encantaba el campo y querían cultivar verduras para comer de forma más sana. Con ésto, también tuve que dejar a mis amigos de la ciudad y empezar a medio relacionarme con personas de pueblos cercanos y los que ya tenían sus amistades hechas, yo terminé siendo la entrometida en esas relaciones. Me dejaron de lado durante todo el tiempo que estudié allí, no querían verme en ningún lado, las bromas pesadas y los insultos fueron dolorosos y tan solo deseaba terminar en aquel lugar, no podía volver diariamente a casa llorando como una magdalena. Mis padres quisieron cambiarme otra vez si hacía falta y llevarme a un colegio más adaptado y abierto a mis posibilidades, dado que, se estaban dando cuenta de que quedarme allí me estaba haciendo daño pero fui yo quién me negué, decidí ser fuerte y aguantar lo poco que me quedaba en aquel lugar infernal.

El tiempo que terminé la secundaria allí fue duro, no soportaba aquellas vejaciones continuadas de mis compañeros de clase sin yo haberles hecho nada, fue horrible pero conseguí salir de allí y empezar a trabajar para una de las empresas de mi padre como administrativa, justo como yo siempre había querido, sin más estudios, tan solo los obligatorios y sin tener que aguantar a nadie más. Aunque sí que recordaré la única persona que fue a mi lado en todo el periodo, aquel que pudo sacarme una sonrisa dentro de toda mi amargura existencial, el único al que le daba igual de dónde viniese y que tan solo quería hablar conmigo.

Michael - Alguien distinto:

A parte de ser alguien dedicado, fue alguien que compartía todo lo que tenía y siempre estuvo a mi lado en todas mis penas habidas y por haber en ese instituto. Cuando empecé a encerrarme en mí misma, él me sacó del abismo y consiguió que sonriera, al menos una vez cada día y lo mejor es que sabía exactamente cómo hacerlo y sentirme bien con quién era realmente, eso fue lo que me hizo acercarme cada vez más a él, engancharme a aquel palo en llamas del que no quería desprenderme, la verdad, era la única persona que me hacía sentir bien en aquellos duros momentos que me embriagaban y me dejaban sin aliento. Él tan solo me entendía, sabía por lo que estaba pasando y tan solo quería pasar los días solitarios conmigo, al menos compartíamos algo de soledad y nos compenetrábamos por mucho que nos abuchearan.

Terminamos por querernos tanto que podíamos terminar besándonos en cualquier callejón, en cualquier momento y sin temor a que nos vieran, tan solo estábamos nosotros entre el tumulto de gente y ni siquiera nos importaba. Fue el único con el que compartí mi vida y con el que disfruté todos los momentos increíbles que pasamos, con el que me casé y estuve a punto de formar una familia y al único al que he creído que ha valido la pena meterme en mi mente y dormitar mi cuerpo para poder seguir con él en otra realidad, sentirle y poder tocarle como antes lo hacía.

El trabajo soñado:

La empresa de mi padre me dio cabida entre ellos, era administrativa y atendía a los clientes con una sonrisa de oreja a oreja, me encantaba tratar con las personas y era algo que él sabía, por eso, me reservó ese puesto. El papeleo también era lo mío, me gustaba solucionar los problemas de los demás y que saliesen airosos de todos ellos sin problema alguno y en aquel trabajo podría desenvolver estas cualidades tan propias de mí sin tener que esforzarme demasiado porque todo ésto, formaba parte de mi personalidad y salía solo.

Jamás quise ir a la Universidad o estudiar mucho más de lo obligado, sabía que nada de eso iba a hacerme tan feliz como trabajar en ésto, en lo que siempre había soñado. No era difícil y estaba a mi completo alcance, a parte del agradable ambiente que allí se cernía, dado que, no es por ser alguien mimada o prepotente, pero me conocían desde que era un bebé, así que, era normal que me siguieran teniendo en estima por aquellos lares. Nadie podía quejarse de mí, ni de mis técnicas, porque siempre he sido muy ordenada y he querido que el cliente se sintiera cómodo, arropado y satisfecho con el servicio proporcionado, así que, valía la pena y me sentía totalmente realizada con ello. A parte, me pagaban por hacer aquello que quería hacer, así que, estaba contentísima con mi trabajo, no lo cambiaba por nada del mundo, lo demás era morralla para mí.

Una boda inolvidable:

Michael me esperaba en el altar, totalmente anonadado por el precioso vestido que había comprado para la ocasión. No disponíamos de demasiado dinero, dado que, habíamos decidido vivir juntos con el poco dinero que nos quedaba de las becas cuando estudiábamos y cuando trabajábamos los veranos, pudimos ahorrarlo todo para poder hacer aquel momento especial. No nos hicieron falta muchos detalles, muchos invitados o regalos, tan solo el mar de frente, la arena bajo nuestros pies, los que fueron testigos del matrimonio, el cura que nos casaba y el increíble paisaje que teníamos a nuestro alrededor.

A partir de ese día fue una unión constante, desde que nos despertamos hasta que volvíamos a acostarnos, nos veíamos en cada momento que volvíamos de trabajar y era realmente complaciente porque tener a la persona que amas cerca de ti es una sensación increíble. No era difícil convivir, tenía un carácter diferente y nunca se quejaba de nada, tan solo hablábamos de lo que nos parecía bien o mal de cada situación y decidíamos juntos aquello que queríamos sin ningún problema. En pocas palabras, lo compartíamos todo.

El accidente:

Tres días después de decidir el formar una familia, tuvo el accidente. Al parecer, ninguno de los dos conductores estaba prestando demasiada atención a la carretera, de hecho, Michael estaba cogiendo su teléfono de la cartera para avisarme de que venía antes a comer, dado que, no se había acordado de llamarme antes de coger el coche; por otro lado, el conductor que tampoco sobrevivió y que apareció de repente, se saltó un ceda el paso, así que, Michael iba a una velocidad rápida dada la carretera en la que se encontraba y se chocó contra él quedándose ambos malheridos e inconscientes. Debido a lo fuertes daños cerebrales y por varios cristales que le saltaron de todas direcciones hacia él, no consiguió sobrevivir a este fatídico accidente con tan solo cuarenta años.

Todo ésto fue un shock para mí, no pude creerlo cuando me llamaron del hospital. Me provocó una especie de estrés postraumático porque los médicos no se explicaban todos mis síntomas, desde vómitos hasta vértigos bastante a menudo y donde las pruebas tan solo decían que estaba perfectamente, así que, no podía ser otra cosa. Le echaba de menos, no podía volver a entrar en nuestra habitación y dormir en esa cama que compartíamos y escogimos con todo el cariño, terminé durmiendo en el sofá totalmente incómoda y teniendo toda mi casa patas arriba, algo que jamás me había ocurrido debido a lo organizada y limpia que siempre había sido con mis cosas.

No podía creer que aquello estuviese ocurriendo, que la persona que amaba hubiera desaparecido por completo de mi vida y que no volvería por mucho que yo quisiera y lo deseara. Pero algo ocurrió después de ello, algo que me dejó desconcertada...

Recuerdos vívidos:

La mañana en la que mi hermana decidió pasarse a ayudarme a deshacerme de la ropa de Michael, vinieron a mí una serie de recuerdos muy vívidos entrando en una especie de trance, provocándome fuertes convulsiones. Todas ellas me hicieron volver a todos aquellos maravillosos momentos que pasé a su lado y estaba anonadada, no podía creer que estuviera pasando por aquello, que le estuviese viendo y tocando en aquel mismo instante, estaba en otra realidad, una que me parecía perfecta y mucho menos triste, así que, mi subconsciente tomó una decisión contundente.

Dejé de tener la amnesia provocada por el estrés postraumático que estaba atravesando, quedándome en aquella sucesión perfecta de recuerdos increíbles en los que Michael estaba a mi lado y con el que repetía una y otra vez esas vivencias pasadas juntos, sin que nos ocurriera nada, permaneciendo jóvenes y repasando cada momento como si fuera a ser el último pero jamás lo era porque seguía otro aún más maravilloso que el anterior. Me volví una adicta, terminando en coma en el hospital de mi ciudad dejando toda mi vida atrás para seguir presenciando esos increíbles recuerdos sin parar, sin cansarme de vivirlo una y otra vez, enamorándome cada día más de aquella realidad disfrazada.

Un futuro de memorias:

Desde el primer momento en el que empezaron las convulsiones, sabía que éste era mi sitio, sabía que pertenecía aquí y que nadie podría volverme a aquella realidad de la que intentaba huir tan desesperadamente. Cada día vivo un momento distinto, no tengo miedos de ningún tipo porque sé que no nos iremos a ninguna parte, al menos, hasta que mi cuerpo en la realidad decida quedar envejecido totalmente y prefiera desconectarse, dejando que mi alma se una a la suya como si tan solo eso fuera lo importante. No me preocupaba ese hecho ni ningún otro, sé que estoy alimentada mediante un suero que los médicos irán cambiando cada vez que me haga falta para no desnutrirme y demás, teniendo la mano de mi hermana alrededor de la mía y sabiendo muy dentro de ella que no iba a volver y aceptando que iba a quedarme con Michael por mucho que mi familia estuviese en la realidad que tanto me entristecía y me hacía sentir tan vacía.

Un futuro repetido y de memorias constantes de la vida compartida con Michael, con cada detalle, cada beso y cada momento es suficiente para mí, si se repite o no, no me importa, son instantes tan importantes y delicados que no los cambiaría por nada del mundo y los vivo al máximo, lo demás me da igual. Permaneceré aquí hasta que se terminen mis días porque es lo que he decidido y prefiero seguir así que vivir sin él, lo siento por mi familia pero no voy a cambiar de opinión, saben que no podrían hacerlo, a parte de mi obsesión por la organización y la limpieza, también soy bastante cabezota.

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