Personaje: Ángel



Relato procedente: "Perdido" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Un joven sumido en sus vivencias, en un pasado traumático y deprimente del que no consigue salir y que le entristece constantemente. Es capaz de recibir ayuda de una persona que no siempre había sido humilde y respetuosa, tan solo ofreció la misma para poder sentirse bien consigo mismo y el haber ayudado a alguien en este mundo. Ésto le llevó a Ángel volver a caer en las drogas y apuñalar a su cuidador de más de un año de convivencia y trabajo duro, volvió a cometer el mismo error del pasado y se cerniría el resto de su vida sobre él.

Nombre completo: Ángel Pettero Oslo.                                Edad: 21 años.

Ciudad natal: San Francisco.                                                Profesión: Ladrón.


Descripción física:

Mi cabello negro como el carbón es suave, largo y liso, nunca me ha traído ningún tipo de problema y me es lo suficientemente cómodo como para llevarlo largo por muchas quejas que he recibido por los demás. Mis ojos castaños dicen más de lo que digo, saben dónde está localizado el enemigo y cómo captar a otros sin que puedan percibirlo. Mis labios finos, hace tiempo que no esbozan una sonrisa, dadas las pocas razones que encuentro para ello. Mi cuerpo extremadamente delgado muestra mi adicción a las drogas, el poco apetito que suelo experimentar cada día y la sed por buscar algo nuevo pudiéndome alejar de lo que no debería interesarme.

Descripción de la personalidad:

Siempre me han descrito como alguien sombrío, una persona sumida siempre en sus pensamientos y, mirando mucho más allá, en sus propios traumas que suelen salir descontroladamente de mi mente. Mi médico llegó a decirme una vez que soy una persona emocionalmente desequilibrada, alguien con quién no se puede contar y el que dejaría que otro se pudriera en el infierno antes que dar la cara por alguien. No me considero una buena persona, por descontado, soy un miserable egoísta que solo piensa en sí mismo, que cree que es mejor robar porque es más cómodo que intentar cambiar y obtener las cosas como toda la gente humilde, con trabajo y dedicación. 

Una niñez compleja:

Esperaréis que os diga que tuve una infancia de fantasía y amor por parte de mi familia, pero nada de eso se acerca a la realidad. Fui un completo accidente al nacer, ellos no querían hijos, tan solo fui un peón más de sus constantes dolores de cabeza en cuanto a las facturas y demás cosas que pagar, fui algo añadido al montón de gastos que tenían agolpados a su alrededor. No obtenía la misma atención que otros niños que iban conmigo al colegio, ni siquiera se acercaba a eso, permanecía solo en la penumbra, ignorando que los demás me miraban los moratones que me salían debido a las palizas constantes de mi padre cuando hacía algo mal, los profesores no dejaban de preguntarse qué ocurría conmigo y en mi casa porque no eran normales las formas en las que iba al colegio.

Me utilizaban para que les salieran más baratos los billetes de avión cuando se iban de vacaciones y contrataban a la primera canguro que accedía a cuidarme, así que, algunas eran de lo más desagradables y, otras por el contrario, eran una completa necesidad de desprender cariño allí donde iban. Nunca me sentí querido por ellos, no era de extrañar, dado que, nunca habían imaginado una vida conjunta con niños de por medio, no eran personas demasiado responsables y no soportaban las necesidades que podía tener un hijo.

Momento de crecer:

Hubo un momento en mi vida en el que me dije que tenía que terminar con los abusos constantes que ejercía mi padre sobre mí, las críticas de mi madre y denunciar las pocas ganas que tenían de responsabilizarse de mi sola persona, de dejarme de lado y no pensar jamás en mi auténtico bienestar, no era nadie en sus vidas y nunca lo fui, así que, consideré que todo aquello debía terminar cuánto antes.

En mis manos abundó la sangre una noche en la que me sentí tan solo y tan desesperado por sentirme parte de algo que no pude evitar clavarle cinco puñaladas a aquellos extraños con los que compartía casa, aquellos que me tenían como un simple muñeco de trapo y en el que me hacían sentir como que no era nadie ni servía para nada. He de reconocer, que me sentí liberado, bien conmigo mismo aunque no durara demasiado como me hubiese gustado, dado que, a los pocos días empecé a estar cabizbajo, con insomnio, rememorando sus muertes una y otra vez y sin olvidar la sangre que manchaba mis manos cada día sin importar absolutamente nada más.

El hombre del restaurante:

Fui a aquel restaurante para comer algo como es obvio, para eso existen los restaurantes, ¿verdad? Realmente, esperaba hacer un "sinpa" tal y como me habían enseñado los amigos que fui haciendo en el barrio pero alguien sentado justo a unas tres mesas más allá no me dejó hacer aquello que me proponía. Llevaba allí tan solo una hora y me sentía tremendamente observado, a pesar de aquella sensación de desesperación y tristeza que sentía dentro de mí como si fuera a explotar dentro de un momento a otro, era aquel hombre que tenía los ojos clavados en mi mirada apesadumbrada, aquella que hacía días que no podía disimular ni un solo minuto de cada día.

Cabello negro, ojos castaños, alto, esbelto y con unos andares de hombre que tenía claros sus objetivos en la vida, me parecía muy bien pero no me importaba en absoluto, aunque estuviera con la cabezonería de ayudarme, pero no entendía que en esos momentos no necesitaba su ayuda, ni siquiera la había pedido. Después de largarme de allí al tener unas palabras bastante rudas por mi parte, aquel hombre pagó lo que consumí en aquel lugar, aunque no comí nada más que unas cuantas verduras que había en el plato, nada más, desde que maté a mis padres que estaba falto de apetito. Habían pasado unos días y parecía que hubieran pasado meses.

La paliza:

Me di cuenta de que necesitaba ayuda en el momento en el que me metí en una pelea bastante seria con aquellos amigos con los que había entablado amistad unos años atrás debido a la falta de cariño que recibía en mi casa, tenía que encontrarla en algún otro sitio. Desde hacía un tiempo, ni siquiera sé cuánto, empecé a consumir marihuana y cocaína, lo iba alternando dependiendo de mi estado de ánimo en cada momento y dependiendo de la persona con la que estaba, así que, esa pelea empezó en el momento en el que uno de ellos me dijo que no llevaba nada encima que se pudiera consumir, lo necesitaba y no quería un "no" por respuesta. Aunque éramos amigos desde hacía tiempo, todo podía cambiar cuando se refería a temas de droga y dinero, todo cambiaba cuando ellos eran muchos y yo tan solo uno, así que, terminé con el labio partido, sangrándome la ceja derecha, las costillas rotas, dolor abdominal debido a las patadas recibidas y un corte en la cabeza.

No sabía a quién acudir, sabía que la había cagado pero bien, que no podía volver atrás y que no tenía nadie. Entonces, pensé en aquel hombre al que se le había caído una tarjeta de visita cuando salió del restaurante para ir tras el camarero que me gritaba para que le pagara la comida que había consumido y me dirigí a la dirección que estaba plasmada en aquel pequeño cartoncito blanquecino pintado de esperanza ante mis ojos. Aquello fue mi primer viaje hasta algo que no me esperaba, hacia una nueva vida que no tenía ni idea de que podía existir.

El increíble cambio:

Aquel hombre me dio una oportunidad en la vida, me dio una rutina que seguir y una serie de normas que jamás pensaba que llevaría a cabo. Incluso se esforzó tanto en que dejara los vicios que ni yo mismo me lo creía, de hecho, dejé de consumir y estaba realmente orgulloso por todo lo que había conseguido, nadie lo habría pensado de mí. La transformación empezó desde él y después siguió saliendo de mí de forma natural, aunque todavía seguía esforzándome con más ahínco, dado que, siempre había sido alguien que no tenía nada por lo que vivir y siempre había tenido un ambiente delincuencial por la falta de atención hacia mí con tanta constancia.

Durante un par de años todo fue bien, tenía control sobre mi vida entera y me empezaba a sentir completo, pero también algo cansado porque muy profundamente sabía que ese no era yo, por supuesto. Cada vez intentaba esforzarme más, había cosas que dejaban de llenarme como seguir las rutinas diarias y empezaba a quedar con los amigos del barrio que había dejado atrás y empecé a consumir de forma amortiguada y simple, pero en ninguna ocasión mi compañero de casa se dio cuenta de ello, así que, seguía con esa actitud y me confiaba en ella.

Muerte de una oportunidad:

Seguía confiando en que nadie me pillaría en cuanto a mis acciones y empecé a consumir cada vez más, mi cuerpo cada vez me pedía más y más, no podía parar de tomarlo, la adicción se había vuelto peor que cuando empecé. Estaba algo más tenso, frío, volátil, había tareas que dejaba de hacer, se me olvidaban cosas porque estaba ansioso de consumir aquello que necesitaba con tanto anhelo desde la noche anterior, no podía soportar esos momentos. Empezó a notarlo, estaba claro que en algún instante tenía que hacerlo pero no podía soportar que estuviera preguntándome constantemente sobre qué me ocurría.

A parte de ésto, me había captado totalmente. Durante dos años, me había empezado a conocer de una forma mucho más profunda y sabía que había empezado a consumir otra vez, desde la mirada que percibía hasta la forma de moverme, era imposible que no se diera cuenta, era demasiado inocente como para tener mi edad. Dejé de soportar aquello, no pude controlarme aquella noche después de tantas preguntas, me estaba agobiando y después de haber consumido un poco más de cocaína de lo habitual, me había puesto nervioso tan rápido como no me esperaba antes. Aquel fue el momento de su muerte, justo como sucedió con mis padres, justo como a ellos les quité la vida se la quité a él, en ese momento sin ningún remordimiento pero, unos días después, vi que junto con ese cuerpo innerte, también se había ido mi oportunidad de ser alguien en la vida, alguien que realmente quería ser.

Un futuro de lo antiguo:

He vuelto con aquellos amigos que me dieron la paliza, aquellos que conocí en el barrio. ¿Siento remordimientos? Es posible, aunque realmente, no quiero pensar en ello, no quiero seguir preguntándome si es correcto lo acontecido o no, si aquel era un hombre que de verdad se preocupaba por mí o que era alguien que no quería mi bien y tan solo quería controlar mi vida entera porque no tenía otra cosa mejor que hacer, era mayor y viejo, quizá se lo merecía. Dejó todo eso atrás justo como la muerte de mis padres, quería dejar de estar apenado, así que, lo que hago cada día es estar al lado de aquellos que siempre han estado conmigo cuando tenía necesidad de cariño.

He vuelto a mis inicios, a los momentos de placer cuando me hacía una raya o un porro sin importarme nada más que yo mismo, que el pelotazo que me suelen producir estas cosas, e incluso, he llegado a elevar el tipo de droga, de hecho, he empezado con la heroína. Sé que pronto me encontrarán tirado en medio de la calle, totalmente drogado o con un coma etílico sin necesidad de querer vivir, sin querer volver a transformarme en alguien decente y sin querer compartir mi vida con nadie más que con mis vicios más preciados y que me ayudarán a culminar mi vida tal y como quiero que lo haga: Totalmente colocado y fuera de mí.

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