Personaje: Milorn



Relato procedente: "Un Amigo No Convencional" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Jason es amigo de un vampiro de más de doscientos cincuenta años llamado Milorn y tienen un vínculo más grande que el de la amistad. Éste último le dejó atrás durante unos cinco años para arreglar unos asuntos de vida o muerte en Transilvania para salvar a los de su raza, mientras Jason esperaba impaciente su llegada, la cual, nunca se produjo hasta cinco años después, cuando se presentó en su Universidad como el profesor sustituto de la señora Dorothy. Mató a varios de sus estudiantes por esa sed insaciable que tenía y le volvió a dejar solo entre un mar de confusión y abandono.

Nombre completo: Tan solo Milorn.                         Edad: 250 años.

Ciudad natal: Nueva Orleans.                                  Aficionado: Pintura.


Descripción física:

Mi cabello negro y liso descansaba sobre mis hombros, me encantaba tenerlo de aquella manera, ya que, resaltaba mis ojos del mismo color que el cabello, los cuales, también son penetrantes e imponentes, te hacen creer que va a ocurrir algo mágico al mirarlos, algo que puede o no ocurrir. Mis labios finos suelen mostrar alguna que otra sonrisa enigmática mostrando mis dientes blanquecinos, ésto puede entenderse como una risa incómoda debido a la cantidad de gente que hay o a las miradas de extrañeza al admirar mi aspecto diferente al de los demás, quizá con una piel mucho más pálida y una voz increíblemente más dulce y sensual al intentar obligar a alguien a hacer lo que yo le digo. Mi cuerpo esbelto y arropado con una túnica larga y negra, está vacío por dentro y mi corazón está parado totalmente, dado que soy un vampiro bastante sabio y antiguo.

Descripción de la personalidad:

Suelo ser alguien muy atento y que me gusta contar historias antiguas que yo mismo he pasado, agradezco que me escuchen y soy amable con quién realmente se lo merece. Lo que me hace sentir vivo es la forma de dibujar de Jason con esos trazos y esos puntos tan perfectos que me hacen crecer dentro de mí y sonreír maravillado como si no hubiera un mañana. El control en mi vida es fundamental, dado que intento no matar a nadie para apropiarme de su sangre y pase a mis venas, sintiéndola dentro de mí como la mejor sensación nunca vista, como si estuviera esperando a ser poseída por mí. Siento debilidad por los animales, dicen que los vampiros nos los comemos sin ningún tipo de remordimiento pero eso no es verdad, les adoro, e incluso, les dejo comida fuera de la iglesia todas las noches para que tengan algo en sus pequeños estómagos peludos. 

Una vida humana solitaria:

Pensaréis que me siento desdichado de ser vampiro porque mi vida humana fue una delicia, pero estáis francamente equivocados. Tuve una niñez muy solitaria dado que no conocí a mis verdaderos padres y me dieron a unos padres de acogida bastante difíciles, ya que, pensaban en sus propios intereses y se notaba que jamás quisieron tener hijos, lo hicieron para demostrar a la sociedad que ellos también podían tener uno, es decir, para aparentar frente a las demás personas. Nunca hablaban ni jugaban conmigo como otros niños con sus padres, nunca me mimaron de forma cariñosa o me cargaron, tuve una niñez triste y pesada porque estaba siempre solo.

Mi adolescencia fue de la misma forma, mis padres adoptivos siempre estaban de viaje y me quedaba yo en su mansión jugando a videojuegos y saliendo a pasear de vez en cuando para airearme. No era la vida que quería para nada y tan solo esperaba tener dieciocho años para largarme de aquel lugar infernal que no me había provocado más que soledad y sufrimiento. Conforme fui creciendo, me fui dando cuenta de lo cruel que es la gente, de lo lejos que estaba de ser alguien como ellos, de ser poderoso, e incluso fuerte, en algo me equivocaba, ¿verdad? 

Transición a vampiro:

Cuando tuve los ahorros necesarios del trabajo de comida basura en el que me encontraba, me fui de casa sin rumbo alguno y totalmente solo, como era de esperar dado que no tenía amigos en la ciudad. Mientras caminaba, me topé con una propaganda que estaba pegada a la pared, más bien estaba por toda Nueva Orleans sobre Transilvania, un lugar que acoge a aquellos que quieren cambiar de vida, hacer cosas nuevas y ser libres de lo que les ata en esa ciudad. Pensaréis que es de locos, pero en ese momento me pareció lo que necesitaba en mi vida, era real y sonaba a no sentirme solo, así que, me fui directo a Transilvania sin pensármelo dos veces.

Como imaginaréis, el viajecito no era lo que esperaba. Las calles eran preciosas, la oscuridad en los bosques resultaba excitante y las casas eran increíbles y acogedoras, pero lo que no sabía era que había toque de queda, no podías salir de tu casa si eran más de las diez de las noche y era un rollazo porque me encantaba pasear por el bosque más tarde de esas horas. Así que, un día me arriesgué y salí a dar una vuelta, llevaba demasiadas horas delante de unos libros que ya me aburrían y me topé con un hombre alto y oscuro, con ojos penetrantes y una sonrisa que daba qué desear.

Cuando me di cuenta, después de la visita al bosque de aquel hombre siniestro, no podía salir de casa porque el sol permanecía fuera, tenía un hambre que no era ni por asomo controlable y sentía todo mi cuerpo arder por la sangre fresca. Me vi saliendo todas las noches a cazar, me daba miedo matar a una persona, así que, me quedé unos cinco días sin comer, intentando ignorar en quién me había convertido y quién era yo realmente. Mi transición fue complicada, porque a cada víctima que escogía, siempre me sentía culpable y me tiraba la noche llorando desconsolado, otras vomitaba la sangre que había disfrutado tanto mientras la bebía. Al devolver la mayoría de lo que comía, me iba disecando, por lo que, el hombre que me convirtió en vampiro decidió que era el momento de aprender a cómo ser uno de ellos de verdad y sin resentimientos.

El aprendizaje:

Leenor era un hombre de honor y tenía quinientos años, había vivido innumerables guerras y sabía cómo transmitir un mensaje. Sabía que yo era la persona indicada a la que transmitir esos conocimientos desde que me vio en el bosque dado que le hice sentir una chispa en sus adentros donde podía ver a través mi pureza interior, era algo que no había visto en ninguna otra persona, por lo que, no quería permitir que muriera disecado por falta de sangre en mis venas. Me reclutó con los demás de su raza en uno de los castillos más asombrosos de Transilvania, me atrevería a decir que era como el de Drácula, y empezó a darme una serie de directrices en las que, primeramente, tenía que sentirme libre de culpa. Éramos depredadores, hacemos lo que hace un depredador con su presa: Cazarla y alimentarse de ella. No es necesario matar a nadie, tan solo puedes darle pequeños sorbos y hacer que se olvide de ti para siempre convenciéndola de que jamás te ha visto o hablado.

Todo ésto me resultó muy difícil de digerir dado que al principio me parecía una aberración robar a las personas su sangre pero empecé a comprender lo que Leenor me intentaba explicar. Unos meses más tarde, sus historias me resultaron interesantes y la sangre ya no me sentaba mal en mi organismo, la digería de una forma agradable y aprendí a disfrutar de ella, a saber cómo saborearla en mis adentros, poder ser quién era sin necesidad de matar a nadie. 

Pérdidas constantes de control:

Todo empezaba a ir bien y me sentía muy bien acogido entre los vampiros de Transilvania que me habían acogido tan amablemente entre ellos. Pero algo dentro de mí se torció sin darme la menor cuenta, algo dentro de mí necesitó más de lo que el control podía parar constantemente, algo que no esperaba que pasara... la pérdida del control. Empecé a buscar víctimas que nadie pudiera echar de menos, de hecho, me pasaba día entero observándolas y analizando cada movimiento que hacían, cuando tenía esta parte realizada, me lanzaba por la noche a su yugular como si de vida o muerte se tratara para succionarle toda la sangre de sus venas con total placer y sin pensar en que en algún momento tenía que parar porque yo ni siquiera quería hacerlo.

Leenor se dio cuenta de lo que estaba tramando y me echó una reprimenda que lo escuchó medio bosque entero. Todo quedó en que había sido tremendamente imprudente, no debería repetir aquella actitud tan poco controlada y falta de conocimiento dado que llevaba al menos tres meses haciéndolo sin parar y era de lo más excitante. Me dejó claro que no podía seguir haciéndolo porque los ciudadanos no podían enterarse de tales muertes consecutivas provocaría una ola de desesperación y agonía entre ellos, a parte de que la policía empezaría a buscar al culpable de todos aquellos asesinatos sin explicación, ya que, lo único que tenían en común es que eran vagabundos que no tenían a nadie más que a ellos mismos.

Vuelta a Nueva Orleans:

Me costó mantener mi autocontrol unos ciento cincuenta años, es fácil de decir, pero no es nada sencillo de practicar. Me di cuenta de que necesitaba airearme de aquel lugar, tenía que salir de Transilvania y volver a un ambiente más hogareño como era mi amor por mi ciudad natal, el lugar donde nací, crecí y tuve ganas de desaparecer de la faz de la tierra. Leenor consideró necesario que entrara en un régimen importante de sangre, es decir, tendría que tomar un vaso de sangre diario pero sin pasarse de eso, era una forma de seguir con el autocontrol, era necesario y me haría sentir mejor conmigo mismo. Me dijo dónde habían alijos secretos donde los vampiros iban a recoger sangre diariamente en Nueva Orleans y decidí hacer yo también lo mismo dado mi estado de ansia y ansiedad constantes por llevarme algo fresco a la boca.

Me costó bastante volverme a acoplar a la vida allí, era un cambio grande para mí dado que las dos ciudades eran bastante distintas. Al principio, me aburría y empecé a ir a pubs donde ponían buena música, además era bueno para controlar mis impulsos al haber tanta gente a mi alrededor. Era difícil no pensar o imaginarme que les mordía la yugular en cuanto movían la cabeza, pero permanecía sentado cogiendo mi vaso de cerveza lo suficientemente fuerte para tranquilizarme pero no para romper el vaso con mi fuerza extra de vampiro. Era todavía más complicado sin las enseñanzas de Leenor, me encantaba su forma de animarme y sus continuas historias. 

Un encuentro con la humanidad:

Pensaréis que para un vampiro ya es tarde y casi imposible, pero esa no es la realidad. Encontré la humanidad cien años después a todo ésto, después de haber estado solo durante tanto tiempo y mi corazón haberse resquebrajado una y otra vez sin motivo aparente y debido a la desesperación y ansia que sentía en mis más profundos adentros. Una noche volvía arrastrándome literalmente por los suelos, debido al intento de evitar matar a nadie sufriendo el ansia tan grande que tenía, ya había caído otras veces durante todo ese periodo de tiempo y tuve que enterrarles, las familias buscaban y la policía también, así que, no podía aguantar más. En la puerta de la iglesia abandonada donde unos años atrás decidí vivir porque estaba apartada de la civilización y evitaba hacerles daño, estaba un joven apuesto, parecía sincero y realmente preocupado por lo que me ocurría. Esa misma noche conoció mi naturaleza, la razón por la que estaba vivo y qué me estaba ocurriendo en mis adentros, nadie podría haberlo aceptado mejor, de hecho, decidió ayudarme. Daba la casualidad de que él también estaba totalmente solo, es decir, sin familia o amigos con los que contar, así que, ¿qué mejor que contar con alguien como yo para entretenerse y ayudar?

Jason me ayudó a conectar con mi parte humana, la que no quería hacer daño a nadie y la que se sentía viva cada vez que él dibujaba para mí, cada vez que veía esas pinturas increíbles que utilizaba para hacerme sonreír en noches donde estar sediento era lo que me volvía totalmente loco. Él consiguió hacerme sentir mejor cada día, de hecho, prefería que bebiera su sangre que arriesgarnos a que dejara seca a cualquier persona, terminó siendo algo que nos unía profundamente, era algo que nos hizo una sola persona tan solo hablando, riendo y compartiendo momentos que no pensábamos que fuéramos a compartir con nadie más. Así es exactamente como el régimen de sangre surtió efecto, cómo pude llegar a controlar mis impulsos una última vez.

Emboscada de los hombres lobo:

Una noche recibí una llamada de Leenor, parecía angustiado y necesitaba urgentemente que les visitara, aunque más específicamente que les ayudara a combatir a los hombres lobo que planeaban tenderles una emboscada. No pensaban irse del lugar donde se criaron como verdaderas personas, fue el lugar donde pudieron construirse a sí mismos y mejorar, entender lo que era ser un depredador y alimentarse sin descontrol, supieron cómo sentir las cosas más magnificadas y saborear con mayor elegancia el sabor a sangre, intenso y fuerte, tan solo delicioso... ellos jamás se irían de allí, era su hogar y el mío también.

Tenía una difícil decisión que tomar dado que Jason ahora era lo más preciado que tenía y no quería abandonarle de ninguna manera, le destrozaría esa alma tan preciosa y delicada que él mismo había construido. Pero entonces recordé lo que hicieron Leenor y los demás por mí, todo lo que compartimos juntos y por la transición por la que me ayudaron a pasar, así que, me fui de improviso sin maletas, ni sangre ni nada, tan solo yo de viaje al lugar donde volví a nacer para poder hacer frente a nuestros enemigos más temidos.

Cinco años de guerra, desesperación y reencuentros:

Pensaríais que estuve en Transilvania lo que duró la guerra contra nuestra raza más opuesta, pero no, permanecí junto a ellos para cuidar de los heridos, enterrar a los muertos y darles los homenajes pertinentes por ser tan valientes y quedarse con sus nuevas familias. Compadecí a todo aquel que había perdido a alguien, a los que no tenían palabras para expresar el daño que sentían, e incluso, yo tampoco permanecía intacto dado que casi recibo varios mordiscos, la verdad, estaba extasiado. No podía volver hasta que me recuperara de esta caída y de las pérdidas que supuso luchar contra los hombres lobo, necesitaba estar al lado de aquellos que me ayudaron a ser quién soy.

Después de todo este periodo de nueva transición, donde todos los vampiros de Transilvania fuimos recuperados y nos levantamos de una buena tunda, volví a Nueva Orleans esperando reencontrarme con Jason, por lo que, obligué a la directora y a varios profesores en que me metieran como profesor sustituto de Arte y Diseño en la Universidad de Bellas Artes, tan solo para ver su cara y recordar todo lo que compartimos. Al volver a verle, todos los sentimientos aparecieron de repente, todo fluyó con más fuerza que nunca y su abrazo me hizo volver a sentirme yo mismo. Pero no todo terminó como esperaba dado que necesitaba sangre fresca y se me habían terminado los suministros, mi sed de sangre fue la desencadenante de la muerte de varios de mis mejores estudiantes y de que me encerraran en la cárcel no durante mucho tiempo.

Un futuro de vuelta al lugar donde pertenezco:

Escapé de prisión y le ordené a Jason que se fuera, que recordara todos nuestros momentos aunque no pudiéramos volvernos a ver. Fue un sentimiento horrible, no poder ver aquellos ojos castaños que me miraban como si el mundo se desvaneciera a nuestro alrededor, aquel cabello negro y corto que se cuidaba como si le fuera la vida en ello, esos labios gruesos que esbozaban sonrisas a diario... no podía creer lo que estaba obligándole a hacer porque a mí también me dolía en lo más profundo, como si me cortaran en pedazos.

Jason no podía buscarme porque la policía le tenía vigilado y yo no podía volver por lo evidente. Nuestra relación de profunda amistad se terminaría en aquellos duros momentos pero jamás en nuestros corazones. Jamás olvidaría lo que hizo Jason por mí durante todo este tiempo y le estaría agradecido toda la eternidad, e incluso, orgulloso como nadie...

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