Personaje: Mike



Relato procedente: "Ausente" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Mike es hijo de una mujer alcohólica y es informado por una detective muy cualificada y joven de que ésta fue la que mató a su padre en mitad de la carretera. El joven habló con ella para averiguar si todo aquello era cierto y no hubo ninguna duda cuando su madre le confesó que atropelló a su padre aquella noche por haber bebido tantísimo. Finalmente, la procesaron por asesinato y por beber mientras conducía. Mike se empezaba a sentir libre pero no sabía cuál iba a ser su camino a partir de ahora que no había nadie más en su casa que él mismo.

Nombre completo: Mike Solvers Grower.                   Edad: 22 años.

Ciudad natal: California                                            Ocupación: Barman.


Descripción física:

Mi cabello castaño es corto y no muy visible, ya que, siempre voy con una capucha negra que cubre mi cabeza, nunca me ha gustado mucho mostrar mi cara, soy demasiado introvertido para ello. Mis ojos son del mismo color que mi cabello, vislumbran la tristeza que me atrapa y el dolor que llego a soportar a diario. Mis labios finos muestran mi desaprobación en cuanto a la vida misma, a la sociedad y al hecho de que mi madre sea una alcohólica en potencia y que no lo pueda evitar. No suelo mostrar ninguna sonrisa, no veo motivo alguno para hacerlo y no es algo que necesite u otros merezcan. Mi cuerpo esbelto es escondido por una sudadera con una capucha negra para que nadie pueda ver a través, para pasar totalmente desapercibido y formar un muro enorme a mi alrededor.

Descripción de la personalidad:

Como he dicho anteriormente, soy muy introvertido y no suelo hablar con alguien a no ser que sea tremendamente necesario. Soy la persona ideal a quién le contarías un secreto porque siempre estoy serio, callado y soy incapaz de mencionar palabra, digamos que me he convertido en una tumba andante. No soy egoísta o ingenuo, sé de qué va la vida exactamente y no es que me guste el resultado de ésto especialmente, pero digamos que he terminado aceptándola mientras la detesto cada día más sin seguir encontrándole el sentido. Digamos que tampoco soy amable, tan solo solitario, vivo en un mundo donde lo único que importa es el físico, vestir bien y estar a la altura de lo que los demás te piden, así que, no estoy especialmente contento.

Una infancia solitaria:

Tuve una infancia solitaria, dado que mi padre había muerto en un atropello por mi madre como hace algunos días me enteré. Así que, digamos que lo que necesité de mi padre o tan siquiera conocerle, no lo tuve, tan solo era testigo de una madre que constantemente bebía sin piedad hacia su hígado, sin ningún remordimiento por qué pensaría yo unos años más adelante cuando la viera constantemente delante de la televisión poniéndose hasta el culo de alcohol y pastillas para dormir, como una auténtica pirada. 

Cuando estaba acostado en la cama, siempre deseaba que mi madre se acercara a mi cuarto y se sentara a mi lado a leerme un cuento para dormir, pero mis deseos siempre fueron eso, sin nada más que esperar de ella. Había noches que me costaba dormir, dado que ella solía hablar mientras dormía, a veces, incluso gritaba y no encontraba la forma de salir del infierno que ella misma se había creado. Con tan solo dos años, jugaba totalmente solo en el jardín, sin nadie que me consolara y nadie que pudiera darme una explicación de por qué tan solo tenía una madre, la cual, se calló durante años el acontecimiento más importante de todos los tiempos para mí.

Ingenuidad:

Durante gran parte de mi adolescencia, mi madre me repetía contínuamente que pararía de beber, que lo haría por mí y que yo era la única persona que la hacía fuerte para dejarlo por completo. Dentro de mí era algo que quería creer y lo hice, ya que, me decepcionaba constantemente ver cómo se hacía daño a sí misma y descubrir que alguna mañana al despertar vería a mi madre delante del sofá totalmente innerte, muerta tanto por dentro como por fuera, esa parte de mí no quería llegar a eso, así que, decidí ayudarla. 

Era una tarea muy difícil porque tenía que estar la veinticuatro horas con ella, vigilando cada movimiento, estando a su lado en cada convulsión, en cada momento de ansiedad y desesperación, tenía que cogerla de la mano y decirle que todo iría bien. Pero nada de eso importó la mañana en la que descubrí que todo era fingido, incluso las ansias y las convulsiones, tenía un alijo secreto en el armario de su habitación en el que le daba pequeños sorbitos al vodka o al ron que tenía allí dentro mientras yo esperaba fuera a que se cambiara de ropa. Fue la primera vez que me sentí traicionado, abandonado por mi madre a mi suerte, dejado de lado por un deseo más grande que ella misma que la embaucaba de tal manera que no tenía ni idea de cómo deshacerse de ello, era demasiado y yo ya no estaba dispuesto a seguir siendo tan ingenuo.

Una vida apartada:

Después de las promesas inestables de mi madre y sin cumplirse, decidí vivir una vida apartada totalmente de la suya con un "buenos días" al levantarme y desayunar y un "me voy" al salir de casa, sin más miramientos no se merecía que la tuviera en cuenta en mi vida porque estaba demasiado perdida en su burbuja personal. Cada uno tiene su propio infierno o su propio karma, mi madre era el mío junto a la muerte de mi padre, no era fácil dejar todo aquello atrás como si no ocurriera nada, era difícil apartarse del sueño de tener una vida normal de una vez por todas.

Tener una vida apartada también implica que te olvides de la otra persona durante el tiempo que no la ves, pero la veía cada mañana haciendo exactamente lo mismo sin cambios, sin ninguna meta o propósito. La verdad, no tenía miedo de seguir con mi vida y dejándola a ella atrás, ese no era el problema sino el hecho de que ella me necesitara tanto, el hecho de que tenía que trabajar duro cada tarde de la semana para traer dinero a casa, poder hacer la compra y adquirir una serie de caprichos que todo joven necesita en su vida. Mi madre me necesitaba, al menos, para alimentarse y por ello, tampoco podía apartarme del todo de ella, no podía dejarla en el sofá teniendo solo alcohol en sus venas, terminaría desnutrida. Era el único que podía ocuparse de todo, así que, adiós sueño de la libertad.

Madre entre rejas:

Durante un paseo de lo más silencioso y natural y un momento solitario en el banco del parque a unas cuatro manzanas de mi casa, una joven se sentó a mi lado pretendiendo que me creyera que estaba interesada en mí. Terminó siendo la detective Adersen de la Policía de California, alguien muy atractiva y muy joven para ese tipo de trabajo, pero pretendía salir conmigo para poder interrogar a mi madre sobre el atropello que ella misma le provocó a mi padre dado que mientras conducía iba totalmente borracha, era de esperar, ¿no? Lo que esperaba durante aquellos momentos en los que la detective Adersen me explicaba su caso, era que ese hubiera sido el motivo por el cual mi madre empezó a beber y que si ese fue el móvil habría esperanza para que volviera a ser una persona normal sin ese vicio que la estaba matando lentamente. 

Nada es tan fácil como parece, así que, mi madre me dijo durante el interrogatorio que mantuve en una grabación que más tarde le pasé a los detectives, que ella siempre había estado borracha, digamos que su vida entera había rondado al alcohol y a nada ni a nadie más, ni siquiera yo era más importante que él. Todo mi mundo se desplomó, era inútil tener esperanzas con una mujer que es incapaz de mirar hacia el frente y afrontar su problema, dejar que su hijo empiece a formar parte de su vida como una familia normal y corriente. Como también podréis suponer, ésto también era una estúpida ilusión metida en mi cabeza y nada más lejos de la realidad. La condenaron a veinte años de cárcel, así que, estaría en una celda mordiendo los palotes debido al mono porque nadie iba a darle lo que quería como hizo el ingenuo de su hijo cuando la veía tan ansiosa, ya no tendría más oportunidades en la vida y moriría allí vieja y sola.

Un futuro igual de solitario:

Aquella casa siempre había sido un lugar sombrío con ella y lo sería sin ella, al mismo tiempo. Era solitario, frío, tenebroso... ni siquiera se podían abrir las cortinas porque se podían romper. Ya no escuchaba a mi madre hablar por las noches, ni la televisión a altas horas de la madrugada mientras bebía y se tomaba unas pastillas para dormir para que le diera más el pelotazo, ya no había nadie allí... tan solo yo. Todo estaba igual que siempre, menos la carga que suponía pagar los gastos de otra persona en casa, lo que se refiere al dinero de comprar unas cinco botellas de vodka semanales que, parecerá mentira, pero es bastante dinero.

Todavía intento encontrar mi camino, ya que, mi vida jamás ha tenido sentido y dudo que lo tenga en un futuro. Terminaré viviendo en un lugar solitario en el que no cabe nadie más que yo, ni siquiera una joven atractiva como la detective Adersen que me pidió salir debido a las molestias ocasionadas pero tuve que renunciar a ello, ya que, no esperaba tener un futuro ni solo ni con nadie, no podía arrastrar a nadie a mi desastre y menos a alguien que tenía un futuro tan interesante en frente de sus narices. Aunque caminara cogeando, no tenía otra opción que seguir mi camino totalmente apartado del mundo, escondido en un lugar sombrío y sin futuro, abriendo los ojos y permaneciendo silencioso en la oscuridad y pensando que quizá estuvo bien ser necesario para alguien en el mundo.


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