Personaje: Alison



Relato procedente: "Brote de Sentimientos" (Huellas del Tiempo).

Resumen: El hermano de la protagonista logró encontrarla después de años de incansable búsqueda, después de estar intentando llegar a ella viajando a todos los países donde Alison estuvo, ya que, sus padres la abandonaron en cuanto pudieron, ya que, jamás la quisieron porque tenía una grave falta de sentimientos debido a que su hermano Roger los absorbió al nacer ambos, algo que pudo devolverle una noche en cuanto la abrazó.

Nombre completo: Alison Greather Nelson.                         Edad: 30 años.

Ciudad natal: Virginia.                                                       Estudios: Psicología.


Descripción física:

Mi cabello negro es largo y liso, demasiado cuidado para una persona que no tenía sentimientos, pero extrañamente, siempre me importó la salud de mi pelo, he odiado con todas mis fuerzas la caída incesante de cabello, las canas debido al estrés y lo estropeado que te dejan el pelo los tintes; mis ojos castaños siempre mostraron frialdad, aunque por todos los medios intentaba mostrar algún tipo de sentimiento que me importara lo suficiente como para fingirlo de una forma más adecuada y creíble, a veces, eran mis ojos los que me delataban; mis labios finos como los de mi hermano Roger, simbolizaban mi descontento hacia otros que tuvieran sentimientos, no entendía las estúpidas tradiciones y con mis labios tersos solía demostrarlo; mis dientes blanquecinos rara vez salían de paseo, pero cuando lo hacían, tan solo eran sonrisas fingidas; mi cuerpo esbelto, siempre lo he tenido bien cuidado y saludable, no tendría sentimientos, pero sabía exactamente qué comer para estar en forma, es una de las cosas que siempre me han gustado de mí: la Disciplina.

Descripción de la personalidad:

Siempre me ha gustado el control, tenerlo todo exactamente como lo había planeado y no pasarme de la raya, era increíble el cabreo que podía pillar si no ocurría a la perfección aquello que había imaginado. Me gustaba todo lo que fuera saludable y algo que conlleva ésto es la disciplina a la hora de comer, ir a correr habitualmente y estar siempre en forma, tener claros los objetivos del día. Nunca me he conformado con nada, he sido consecuente con lo que he pensado y nadie ha oído una sola queja salir de mi boca, tan solo me importaba fingir. Pensaréis que es divertido actuar como si fueras otra persona con sentimientos y todo tipo de remordimientos, felicidad y tristezas, pero no lo es, francamente, he creído que mis actuaciones eran dignas del premio nobel, me he esforzado al máximo para que los demás pudiesen ver aquello que yo quería que vieran ante sus ojos.

Sin sentimientos al nacer:

Como bien habré comentado, mi hermano Roger fue quién absorbió mis poderes al nacer ambos. Él salió antes y después me tocó el turno, así que, nos pusieron juntos en una pequeña cama y mi hermano mayor al tocarme con sus pequeñas y suaves manos, tan solo absorbió lo más valioso de los seres humanos, lo más importante del mundo: Los sentimientos. Al principio, no me daba cuenta, tan solo hacía las cosas sin el mayor miramiento por nadie; lo mismo me apetecía jugar con una muñeca que tenía otra niña y se la arrancaba de las manos sin previo aviso, sin estar enfadada o aliviada por haberlo conseguido y, mucho menos, sintiendo culpabilidad por ello. Mis padres lo supieron en cuanto pegué a una compañera de clase en el colegio en cuanto cumplí los diez años, empezó a insultarme y tan solo le di una bofetada en la cara para que se callase, me molestaba mucho esa voz de pito que salía de su boca constantemente, parecía un gallo al que le estuvieran partiendo el cuello, así que, lo hice, me giré y me fui sin más. Ellos me preguntaban cómo me sentía pero yo siempre contestaba que nada en absoluto, los psicólogos me hicieron varios test y confirmaron sus peores temores: Estaba completamente vacía por dentro.

Desde ese mismo momento en el que supieron lo que me ocurría, ya no quisieron acercarse a mí, ni siquiera que mi hermano viniera a jugar conmigo a las cartas, no querían que le hiciera daño. Cada día era mucho peor, casi ni me hablaban, si me miraban era para recordarme que era un bicho raro, no me importaba pero llegó a molestarme que siempre estuvieran vigilándome, ya que, hacían turnos en el colegio para que no pegara a nadie y no dejara que mi autocontrol, el que me enseñaron poco a poco a tener, se fuera por si solo. Aunque sabía muy bien lo que les ocurría, lo veía en sus ojos y no podían escondérmelo: Estaban aterrados por mi sola presencia, les daba un miedo inconmensurable por lo que pudiera hacerles, pero tuvieron que esperar a la mayoría de edad para poder abandonarme.

El fatídico abandono: 

Cuando cumplí los veintiún años y sin siquiera una bonita tarta para celebrarlo, mis padres decidieron dejarme en la casa en la que crecí totalmente abandonada, sin una sola alma rondando por allí. Esa mañana me desperté, una mañana como cualquier otra salvo que, como he dicho era mi cumpleaños, bajé las escaleras y me dirigí a la cocina para desayunar pero no encontré a nadie por ningún lado de la casa, de hecho, se habían llevado los muebles, la cubertería, los cuadros, las camas... tan solo estaba el mobiliario de mi habitación y nada más, no dejaron absolutamente ni rastro de ellos allí, como si jamás hubieran vivido en aquella casa, e incluso, se llevaron a mi hermano para que no pudiese hacerle daño. Ésto me enseñó a que no debía confiar en nadie, ni aunque fuera mi propia familia.

Como podréis saber, no sentí nada ni siquiera tristeza, en vez de eso, supe que algo así ocurriría tarde o temprano, no tenía sentimientos pero tampoco era idiota. A partir de ese momento, me las tuve que ir apañando y terminé yendo de país en país reencontrándome a mí misma porque todavía no sabía exactamente lo que me ocurriría con aquello que todo el mundo tenía y que yo no, no cabía en mi mente el hecho de por qué la vida era tan injusta conmigo. Esos viajes no sirvieron de mucho, terminé volviendo a Virginia para empezar una nueva vida fingiendo ser quién no era: Una joven ilusionada por ser psicóloga.

La apasionante carrera de Psicología:

Al volver a Virginia seguía intentando con todas mis fuerzas saber quién era yo realmente, por qué había nacido sin tener un solo sentimiento en mi interior y por qué mis padres me habían abandonado de aquella manera, jamás obtuve respuesta hasta que apareció Roger pero de eso hablaré más tarde. Me di cuenta de que no debía reencontrarme a mí misma, sino ser alguien nuevo, alguien que todo el mundo recordara, debía ser quién no había sido nunca, alguien que gustara a los demás y que mostraba cómo se divertía, me di cuenta de que debía fingir ser otra persona, así es exactamente como lograría sobrevivir a aquella vida que me había tocado vivir.

Para convertirme en otra persona, debía comportarme como tal, así que, primero que todo, debía vivir en el lugar donde no me faltaría vida social en absoluto, un lugar donde habría estudiantes por doquier y podría aprender a cómo actuar con los demás, ya que, la Universidad fue desde los inicios un lugar de entrenamiento y trabajo duro para que no descubrieran quién era yo realmente, así que, me puse manos a la obra. Recordé que jamás había entendido el significado de los sentimientos y me era muy difícil actuar en consecuencia a lo que me dijeran o hicieran otros, así que, decidí adentrarme en el mundo de la Psicología, donde terminaría descubriendo incluso el significado de los sentimientos y fue lo que realmente me ayudó a ocultar quién era realmente a mis veinticinco años recién cumplidos.

Amantes por doquier:

No me importaban en absoluto los sentimientos de los demás, si les hacía daño o les resultaba molesto tenerme a su lado, así que, los hombres formaron parte de mi retorcido mundo de fantasía sexual, donde tan solo les utilizaba para satisfacerme en la cama, les prometía que les llamaría al día siguiente y al salir de sus casas, rompía en pedacitos el papel donde venían sus números de teléfono. Eran verdaderamente ridículos, con aquellas voces con las que intentaban hipnotizarte para llevarte a la cama, aquellas palabras increíbles donde te hacían creer que eras la única mujer del mundo para ellos y te expresaban la absurda idea de que no había nadie más sensual que tú en el mundo, era verdaderamente patético. 

No me importaba si se sentían heridos por no llamarles, de hecho, jamás lo hacía con el mismo tío dos veces, prefería que ni me reconocieran. Solía ir cada día a un bar distinto para poder camelarme a un tío de distinta cultura, tradición o con cualquier cosa que le diera significado a esos caretos de niños mimados que no sabían ni freír un huevo, tan solo quería mi momento de aventura y a otra cosa, jamás me importó la vida amorosa y nunca la he tenido, aunque bien pensado, tampoco la he necesitado.

Mi desaparecido hermano Roger:

Como bien sabréis, Roger apareció en mi vida de la nada. Estaba tomándome el té de todas las mañanas para relajar mi tensión en una cafetería cercana a mi pisito situado en el centro y me preguntó si podía sentarse a mi lado con un secreto que no llegué a comprender hasta que vi en el registro del Ayuntamiento quién era su familia, no me lo podía creer pero el chico desconocido al que tenía que ayudar a encontrar a su hermana, era mi propio hermano, dada la redundancia. La noche anterior me dio el abrazo que me devolvió mis sentimientos, aquellos que absorbió de mí al nacer por un tipo de magia albergada en su interior, de hecho, puede absorber las cualidades que desee de cualquier persona del mundo, lo cual, deja a la otra persona sin ellas, pero intenta no hacerlo llevando unos guantes de cuero constantemente para no tener que absorber nada de nadie sin quererlo.

Después de devolverme mis sentimientos, tuve un brote enorme de ellos que parecía que no fuera capaz de controlar en absoluto, sabía ponerle nombre a cada uno pero en aquellos momentos, era muy difícil decidir si sentirme aliviada por volver a tener a mi hermano, preocupada por intentar controlar aquello que no tenía ni idea de qué era y que fluía muy rápido en mi interior, enfadada porque Roger me había mentido en mi cara varias veces o realmente feliz por volver a contar con alguien que me ayudaría y me haría sentir algo realmente verdadero en mi interior.

El miedo que me atormentaba:

Como he dicho anteriormente, no me importaba nada y, de repente, todos los sentimientos fluyeron dentro de mí como una explosión descontrolada. Tenía un miedo increíble que no sabía como sobrellevar, Roger me decía que todo era normal y que no me preocupase por aquello, que siempre estaría a mi lado para ayudarme a superarlo pero no sabía qué sentimiento era el peor de todos: La tristeza por el abandono de mis padres, la alegría por no estar sola en todo aquel embrollo, alivio por volver a reencontrarme con mi hermano, miedo por sentir, desconfianza porque ya no sabía qué esperar de la vida y, lo peor de todo, es no saber quién soy ni cómo soy en realidad, ese vacío me quebró tanto que he sido casi incapaz de reencontrarme a mí misma.

Tenía verdadera vergüenza por haber pensado en mi hermano como lo hice, como un tío más al que llevarme a la cama, dios... era asqueroso, pero no pensaba contárselo jamás, se quedará entre vosotros y yo para siempre. La verdad, tampoco quería sentir culpa, no quería sentir simplemente, y era algo que me atormentaba y no me dejaba dormir, no entendía cómo las personas podían estar tan bien con algo así, cómo el remordimiento o la tristeza no les deshacía cada parte de su ser en pedacitos cada vez más pequeños y dolientes. Jamás me había sentido tan pequeña en el mundo, al menos, cuando no tenía sentimientos no me importaba verme como el alienígena más impactante de todos los tiempos... ahora no me sentía nada especial, era otra cualquiera.

Un futuro lleno de dolor y más sentimientos:

Siempre le agradeceré a Roger que me devolviera aquello que me pertenecía, pero ahora no podía sentirme más miserable. Infravaloré los sentimientos, he estado sin ellos durante treinta años y jamás me han hecho falta, lo único que veo de aquí en adelante es tristeza, constante dolor, el sentimiento de traición, de culpa, de recuerdos tristes que es preferible olvidar y de desconfianza con los demás, ahora fingiendo que soy capaz de no sentir nada otra vez, intentando que Roger no se enterara de eso, se sentiría muy mal por ello y no iba a permitirlo, ya que me lo había dado, al menos, fingiría un poco que me alegro por recuperarlos.

Me seguiré sintiendo más humana cada día que pase, tendré el corazón lleno de trozos deshechos de aquellos desamores que habré dejado atrás, aquellas traiciones de amantes descontentos, e incluso, el alma destrozada al descubrir que el ser distinto siempre hará que los demás te rechacen y que prefieran abandonarte en una casa vacía que terminó dejando anulada la de una joven de veintiún años que tuvo que dejarlo todo para encontrarse a sí misma, algo que nadie fue capaz de darle o de ayudarla a hacerlo, triste de que esas personas la hubieran dejado sin mirar atrás siendo que era su propia hija y alejando a su hermano para que no le hiciera daño, trantándola como un marciano traído de otro mundo. Por un lado, deseaba verlos, e incluso, Roger me lo ofreció pero al final no he querido recordar sus caras, sus voces o las mentiras que intentarían contarme para que no me sentara mal lo que hicieron. En el futuro tan solo veo miseria y un mar de sentimientos que jamás había pedido tener, algo que me dieron a la fuerza sin preguntar y algo que detesto desde lo más profundo de mi alma... gracias, vida cruel.
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