Personaje: Eloneris



Relato procedente: "En Algún Otro Lugar" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Lise llegó a un lugar que no conocía, a un mundo fantástico que le creaba curiosidad, que la hacía sentir segura y en el que quería permanecer para no volver a recordar la muerte de sus padres, ya que, cada vez que lo hacía se desmayaba. Eloneris es un elfo que pertenecía a aquel lugar, alguien que en el pasado fue un humano y que se había convertido en algo que no esperaba, alguien que quería que la decisión de Lise hubiera sido distinta. Ésta decidió quedarse y se transformó en mujer lobo con una total fiereza y un pelaje castaño precioso.

Nombre completo: Eloneris                                          Edad: 37 años

Planeta nativo: Tierra                                                   Planeta actual: Fire Lane



Descripción física:


Mis cabellos castaños son lacios y lisos, aunque anteriormente eran negros, cortos y rizados. Mis ojos siempre han sido grisáceos, penetrantes y sinceros, no porque lo diga yo, sino porque mi mujer lo sentía siempre que la miraba. Mis labios carnosos se convirtieron en finos, no me afecta en absoluto pero me gustaba mi anterior aspecto, el de ahora me ha sido impuesto. Mi cuerpo esbelto siempre va indumentado con un traje verdoso con tonos dorados y siempre me gusta llevarme el arco que me entregó nuestro fundador Kerrigan la primera vez que vio que por fin tenía destreza en el mismo, también con un intenso color verdoso; me siento mucho más seguro si salgo con él. Anteriormente, también era delgado pero solía llevar unos vaqueros y unas camisetas básicas, no me gustaba ir muy elegante como me siento ahora, iba más informal; parece que todo lo que era se ha desvanecido...

Descripción de la personalidad:

Lo único que no ha desaparecido ha sido mi personalidad, el ansia de ser una buena persona ante todo, el ser un cazador con carácter, el aguardarme de los lobos con una mayor perspicacia... Suelo ir solo a todos lados, ya que, no me gusta tener que proteger a otros porque me retrasan; suelo acompañar a las doncellas a ver a los enanos para comprar en sus mercados, pero no llevo a nadie más conmigo. Me gusta ir a los lugares con el caballo que me dieron cuando llegué aquí, en cierta manera, me apetece hablar con los Guardianes de los Dragones cuando tengo ocasión, al menos hasta que aparezca uno de sus dragones a matarme por haber insultado a su perfecto dueño. Me encanta pasarlo bien por estos lares aunque no sea sencillo, aunque me cueste levantarme cada mañana sabiendo que ya no volveré a ver a mi mujer y a mi pequeño de seis años.

Una infancia divertida:

Supongo que fue tan divertida como la de cualquier otro niño del planeta, ya que, lo único que les gusta es jugar y pasarlo bien con sus amigos, gritar por la calle, e incluso, decir que la niña que se sienta contigo en clase es tu novia. A mis padres les encantaba verme jugar con la pelota en el jardín de nuestra casa, saltando en la colchoneta que mi padre me montaba en el mismo para poder divertirme; realmente, me pasaba el día fuera de casa jugando solo o con los amigos con los que iba al colegio, y nadie se preocupaba de dónde estaba, ya que, mis padres sabían que podía cuidarme solo.

Mi madre era abogada y mi padre médico, solían estar muy ocupados pero seguían compartiendo las tareas de casa, lo que tuviera que ver con mi cuidado e ir de compras, todo se partía para tener una buena relación en nuestra casa. Nunca fueron personas restrictivas o que me obligaban a hacer lo que ellos quisieran, eran más bien liberales en general, ya que, no les gustaba que las personas que tuvieran alrededor pudieran verse agobiados o que no estuviesen bien con ellos de alguna manera por este hecho. Siempre me educaron con rectitud, fuerza y pensando siempre en mis intereses, no en los demás y también me enseñaron a ser libre, por ello, me desenvuelvo tan bien en los bosques, además de saber cuidarme por mí mismo en cualquier ámbito. Supongo que ya no saben dónde estoy y jamás podrán localizarme, les echo de menos pero no sé qué podría hacer, supongo que pensarán que después de todo lo que hicieron por mí, les he abandonado y me duele muchísimo que piensen algo semejante...

Momentos diversos: 

Mi adolescencia y mi etapa adulta fue bastante tranquila, e incluso, me casé con una mujer preciosa, con unos ojos grandes y castaños que me transmitían una completa calma, una sensación de cariño que no tendría de ninguna otra, con aquella comprensión con la que me hablaba y con aquella tolerancia que desprendía después de una desagradable discusión. Fueron épocas que me dieron fuerzas para seguir adelante, para pensar en aquello que quería hacer y con quién quería compartir mi vida, empezaron a ser los pilares que aguantaban el peso de todo mi mundo, que en aquellos momentos era casi perfecto, digamos que mi realidad me encantaba.

Otro de los momentos más felices de mi vida, fue cuando nació Steve con aquellos pequeños ojitos que ahora son de un color grisáceo como los míos, con el cabello castaño como el de su madre y aquel cuerpecito diminuto y manejable. Realmente fueron épocas que jamás olvidaré y que nunca me perdonaré por haberles abandonado, por haberles dejado atrás aunque hubiera sido sin querer, siempre me pregunto qué estarán haciendo en este preciso momento pero nunca obtengo una respuesta clara y sincera...

La mujer perfecta:

Como he dicho anteriormente, Annais fue la mujer más importante de mi vida y tan solo tenía ojos para ella, su sonrisa era tan especial como un amanecer y su mirada de completa calma me relajaba tanto que tan solo quería pasar otro día más con ella, levantarme y sentirla a mi lado. Nos conocimos en una pequeña reunión de amigos en una casa algo alejada de la ciudad en la que nos reunimos y nosotros éramos los únicos que no nos conocíamos, así que, le pusimos remedio a la situación. Lo primero que me llamó la atención fue su voz tierna y suave, con una textura de puro amor y cariño, de nostalgia y, a la vez, de felicidad con aquel aliento que olía a fresas y aquellos labios que sabían a caramelo.

Estuvimos saliendo juntos durante diez años y no podía ser más feliz, teníamos nuestros más y nuestros menos pero nos queríamos que era lo importante. Compartimos muchos recuerdos y muchas circunstancias que nos hicieron daño, muchas cosas que nos unieron cada día más, hasta que decidimos casarnos, así sin más; fue una boda preciosa, en la arena, cerca de la orilla del mar, vestidos de blanco y soñando en el mañana, en tener hijos y disfrutar de los futuros viajes que teníamos planeados. Resultó que todo ésto vino más pronto de lo que pensaba, ya que, al cabo de unos dos años Annais se quedó embarazada de Steve y no había nada que me hiciera tan feliz como eso.

Una ternura sin igual:

En lo referente a mi pequeño Steve, cariñoso, tierno y con aquellos ojos redondos y grisáceos como los míos, aquel cabello castaño del mismo color que el mío y aquel cuerpecito pequeño y redondo, tan manejable y, a la vez, tan llorón. Todo lo que me daba esta bolita humana fue amor, era tan puro, algo tan fuerte y sincero... que era difícil de expresar en palabras.

Intentaba conciliar mi vida familiar con la laboral, aunque el trabajo que tenía en los juzgados era realmente difícil, ya que, siempre estaba ocupado arriba y abajo ahogado en un montón de papeles. Me dolía no poder estar todo lo que quería con Steve, ya que, a parte de mi mujer, él también era muy importante para mí; pude aprender la gran responsabilidad de ser padre y como ser bueno haciéndolo. Era difícil estar en varios lugares a la vez, compaginar mi vida con la de mi pareja y partir horarios para poder hacer todo lo que nos proponíamos con tiempo, a parte de llevar a nuestro hijo al parque para que se divierta, y todo ésto, sin parar durante todo el día.

Una transformación inesperada:

En un momento inesperado, empecé a soñar cosas que eran tan reales como la vida misma sin darme cuenta de que ese lugar estaba absorbiendo mi vida real, sin percatarme de que las personas más importantes de mi vida iban a desaparecer y yo iba a hacerles lo mismo a ellos. Me divertía tantísimo en este lugar que ni siquiera me di cuenta de que dejaba de existir en la Tierra, ni me enteré de que mis orejas empezaban a volverse puntiagudas, mi cuerpo se erguía mucho más, mis ojos se volvían algo más grisáceos y empezaba a tener una visión más ampliada de mi entorno. Era algo alucinante, vivía muchísimo esta pequeña época de mi vida normal y formaba parte de mi buen dormir, mi respiración era profunda en ese momento y me sentía realmente libre desconectando de mi vida real durante varias horas que me parecían el cielo y la tranquilidad absoluta.

Cuando me di cuenta, ya no podía volver. Grité hasta quedarme afónico, hasta no poder respirar y hasta sentirme tan desdichado como no me había sentido antes, me dolió terriblemente dejar a mi hermosa familia atrás tan solo por obligación, debieron pensar que me levanté una mañana y les abandoné por voluntad propia, algo que hasta hoy me ha ido reconcomiendo por dentro sin poder pararlo, como cenizas que captaban mi alma y no dejaban que se purificara. Mi cuerpo en aquel mundo de criaturas fantásticas se había transformado y empecé a buscar un lugar en el que vivir, estuve varios días durmiendo en el bosque hasta que me encontré a Kerrigan en el mismo ofreciéndome un poco de agua y algo de comer para evitar la deshidratación de haber estado varios días totalmente desamparado. Al comentarle lo ocurrido, él y toda la familia en la que en ese momento no me percaté de lo grande que era, me trataron realmente bien, consolándome en todo momento y permaneciendo atentos a mí para que no me derrumbara. Desde ese día vivo en el castillo del organizador de todo, del creador de estos bosques, del hombre que me demostró que este lugar no es tan malo como yo lo pintaba y me enseñó a cuidar de mí mismo.

Lise: Una nueva terrana

Cuando llegó Lise a nuestro pequeño mundo repleto de criaturas diferentes y algunas de ellas aterradoras, el pánico se apoderó de todo mi cuerpo viendo mi pasado en sus ojos, el abandono de mi familia en todo su cuerpo, en toda su mente... me desesperé tantísimo que tan solo quería salir de allí, evitando el hecho de que necesitaba mi ayuda ante todo, que estaba desesperada y parecía que no podía respirar. Le ayudé todo lo que pude, de verdad, pero ella finalmente no quiso seguir con su vida en la Tierra, parecía que había perdido a sus padres en un accidente de tráfico y algo así la impactó tanto que cada vez que recordaba esa situación se desmayaba, era algo inexplicable. 

Intenté que decidiera volver al lugar de donde provenía, que no abandonara a sus seres queridos como hice yo sin quererlo, que pensara en aquellas cosas que podría mejorar en su vida y aceptar con la muerte de sus padres, pero ella se negaba en rotundo a volver, a volver a sentir la brisa marina en su tez pálida, en sus ojos negros y en sus labios carnosos, en su cuerpo esbelto acompañado de aquel vestido rosado donde predominaba aquel lazo rojo posado en su cintura. Para mí era algo que no entendía, pero para ella tenía todo el sentido y no quería aceptarlo, quería seguir adelante a su manera, así que, dejé de interponerme y le di vía libre para que continuara con su futuro como quisiera, no sé si fue un error... o quizá fue lo mejor que debió pasarle en su vida.

Un futuro de remordimiento y compañía:

Durante todo este tiempo he sentido remordimientos por no darme cuenta de lo que me estaba ocurriendo en cuanto a abandonar a mi familia, en cuanto a aquello que me apasionaba, aquello que me hacía feliz... todo desvanecido. Pensé que sería positivo, ya que, no conocía a ninguna otra persona que hubiera pasado por algo semejante a lo que me sucedió a mí, así que, de cierta manera era una gran terapia para seguir adelante y ver que no estaba solo en aquel mundo de locos, no era el único que se había dormido y había desaparecido en el otro lado de la realidad.


Voy a tener bastante compañía en la pequeña burbuja de mi mundo elfo, no es que siempre esté solo pero suelo aislarme mucho para que nadie entre en mi cabeza y logre ver lo realmente triste y solo que me siento. Suelo esconderme para hablar con Lise para que los de mi raza no se pregunten si me he unido a una de mis razas enemigas y ella debe hacer lo mismo por la misma razón, pero mientras no sepan nada, nosotros tan amigos. Supongo que las cosas nunca son a gusto de todos, como nosotros las teníamos planeadas o como sospechábamos que iban a salir, siempre son mucho más duras, locas y fuera de lugar totalmente, de forma radical dándote en plena cara. Sí, todo muy lógico y contundente... ¿verdad? A veces yo tampoco lo entiendo, no os preocupéis.

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