Personaje: Arlene




Relato procedente: En Busca de la Libertad (Huellas del Tiempo).

Resumen: Arlene buscaba la libertad allá donde iba, no soportaba estar anclada a huir siempre de aquellos que la seguían por ser camello y darles toda la droga que querían a cambio de un precio, al no poder ser así, decidieron buscarla para matarla y vengarse de ella sin ningún tipo de remordimiento los compañeros del que ahora era su protector: James, el que velaba por ella cada día y le proporcionaba seguridad. Tan solo se aferraba a la idea de ser feliz y aferrarse a la libertad lo más fuerte que pudiera para seguir adelante.

Nombre completo: Arlene Jackson Orlans.                             Edad: 20 años.

Ciudad natal: Nueva Zelanda.                                                Ciudad actual: Alemania.


Descripción física:

Mi pelo castaño es liso, el cual, juguetea con el viento produciéndome una sensación de frescura y libertad supremas. Mis ojos del mismo color que mi cabello, miran hacia adelante con una brillantez fuera de lo habitual, esperanzados, esperando que algo nuevo ocurra y que el pasado siga siendo fruto de unas experiencias desagradables que debían ocurrir aunque yo no quisiera. Mis labios finos prefieren pronunciar palabras dulces y sentidas, en vez de ser desagradable y quejica, no me suele gustar expresar lo que siento con palabras, así que, suelo hacerlo con acciones para hacer sentir al otro parte de mi vida también. Mi cuerpo esbelto y tostado por el sol, forma parte de un mundo de huida continua, de desasosiego y de falta de cariño, lo cual, espero que cambie al lado de James a lo largo de los próximos años donde podremos permanecer juntos. 

Descripción de la personalidad:

Como podéis haber podido comprobar, soy una persona a la que le gusta ser libre para hacer lo que quiera, no permanecer atada a ninguna circunstancia que incapacite ese deseo y me gusta poder compartir cosas con los demás, lo cual, no he podido hacer durante todo este tiempo por haber estado huyendo constantemente junto con James. Suelo ser alguien tranquila, ya que, no suelo ponerme nerviosa por ninguna circunstancia que está fuera de lo que yo conozco, soy como un camaleón que se adapta a la situación sin perder un minuto pensando si podrá afrontarlo o no, simplemente me lanzo. Siempre he sido una persona bastante pobre, por ello, tuve que dedicarme a la venta de drogas para gente adicta, viendo todo ello desde una perspectiva fuera de mí y aprendiendo que jamás debía ser como ellos: totalmente perdidos y fuera de sí mismos. Soy muy emocional, a veces, me dejo llevar por mis sentimientos y me preocupo más de los demás que de mí misma, me gusta compartir y tener todo aquello que anhelo al alcance de mi mano.

Unos padres conflictivos:

Esperaréis que os hable de una infancia acogedora y adorable, llena de amor y ternura, pero no fue así para nada. Mi madre era una mujer fuerte y decidida que pensó que la vida se derrumbaba cuando mi hermano mayor murió de una sobredosis de heroína, dejándose llevar por una abrumadora depresión y cayendo en los temibles brazos del alcohol; se pasaba el día riéndose sin motivo aparente, todo le parecía un chiste y dejó de ocuparse de los quehaceres de nuestra casa, de la hija que le quedaba y de su marido que estaba a punto de tener un ataque de ira, el cual, acabó siendo lo que hizo que yo acabara viviendo en las calles desolada y sin ningún lugar al que ir. 

Mis padres discutían constantemente, amaban a Lucas como si fuera lo único que les dio luz en su vida y cuando murió, se quedaron totalmente colapsados por el dolor y la agonía. Me dejaron apartada durante un tiempo, e incluso, me ignoraban; yo era la que preparaba mi propia comida, me iba a estudiar y terminaba estudiando en mi casa mientras soportaba los gritos que se echaban a altas horas de la madrugada sin dejarme dormir ni concentrarme en mis estudios. La última vez que les vi, mi padre nos metió una paliza a mi madre y a mí por no obedecerle, por no salir de casa cuando él nos lo pidió porque sabía que no teníamos el dinero suficiente para sobrevivir por las calles; a él no le importó en absoluto nuestra situación y prefirió mandar a mi madre al hospital dejándola inconsciente y echarme a patadas de casa como si hubiera sido la plaga más grande que habían tenido en sus vidas. Terminé pensado que quizá eso, fue lo mejor que pudo ocurrir en mi vida para terminar con aquella desgraciada y complicada relación que acabé teniendo con ellos, terminaron los gritos y las palizas, aunque vino el hambre y me pasaba las noches buscando un lugar lo suficientemente cálido para dormir y, a veces, sin tener el menor éxito.

Presa del hambre y la agonía:

Después de salir de aquel lugar totalmente incontrolado, me tocó buscarme la vida como podía pidiendo limosna por la calle, intentando por todos los medios conseguir algunas monedas para poder comprarme algo de comida aunque fuera una barra de pan en algún supermercado cercano, ya que, no tenía nada de dinero ahorrado y mi padre ni siquiera me dejó llevarme nada de mi casa para poder sobrevivir al frío. Estuve durante un largo año siendo presa de un hambre que no cesaba, de un frío que congelaba mis ya tersas mejillas y me encontraba en un estado físico totalmente penoso, llevaba toda mi ropa algo desfilachada y mi cabello deshecho, no tenía ni un peine para cepillármelo y dar una buena impresión, tenía una cara horrible.

Después de todo ese tiempo, vi en una esquina a algunos chavales vendiendo droga y vi que les pagaban bien. No era seguro para nada y menos para una mujer como yo, pero el hambre me llamaba cada vez que despertaba en la pequeña cama de cartón casi rota que solía llevarme de un lugar a otro para poder dormir aunque fuera un poco; pensé que algo era algo y que al menos, debía arriesgarme si quería tener éxito, como los empresarios que empezaban sin nada y terminaban siendo millonarios. Así es como empecé a progresar económicamente y así fue como conocí a James.

Una mejor economía:

Quizá penséis que no es nada digno trabajar para un capullo que te controla las veinticuatro horas mientras trabajas en una de sus esquinas para vender su mierda, pero era lo que me daba dinero y podía pagar el pequeño estudio que había alquilado a las afueras de la ciudad. Con todo ésto, pude tener comida en la nevera, una cama calentita en la que poder dormir cada noche y dinero para comprarme ropa medianamente decente en alguna tienda de "low cost", lo único que tenía que hacer a cambio era trabajar más horas que un esclavo (eso era lo que empecé a ser para ellos, otro peón de su castillo), intercambiar fluidos con la mano derecha del jefe, ya que, si no lo hacía me retiraba mis pagas mensuales y bailar en uno de los bares que tenía el tipo para ganar algunas extras.

Muchas veces, llegué a odiar mi vida. Algunas de ellas, llegué a pensar que lo que estaba haciendo no era lo correcto, me sentía como una prostituta entregándose a cualquiera a cambio de un dinero fácil, sentía que algún día estas circunstancias me iban a reventar en la cara y, no me equivoqué demasiado. Todo empezó a cambiar cuando unos militares empezaron a comprarme éxtasis líquido, cocaína y ese tipo de drogas, venían cada sábado por la noche para pillar y conseguir que desvaneciera el vicio, e incluso, llegaron a pedirme que me acostara con ellos por algo de dinero, por suerte mi jefe estaba allí y les dijo que yo no era prostituta sino su esclava (qué tipo más romántico, ¿verdad?). A partir de aquí, todo empezó a complicarse...

Complicaciones que llegaron al límite:

Como he dicho antes, estos tipos venían cada semana un par de veces para comprarme drogas, siempre a mí, ya que, a esas horas era yo la única que estaba en esa esquina. Al principio, me pagaban muy bien, e incluso, me daban propinas por mis preciosos ojos castaños, como bien dijo el tipo gordo que siempre venía de copiloto en uno de los BMW que traían; aunque llegó el día que no me pagaron y me negué de lleno a darles lo que querían, era obvio, ¿no? Si no compras lo que consumes yo no puedo dártelo, así que, vinieron varios de ellos a darme una paliza por no darles lo que querían, lo cual, hizo que James se acercara desde las sombras donde estaba observando lo que hacía la banda y los apartara de mí de una forma que no había visto nunca, parecía un ninja, ni siquiera sé cómo hizo todo eso en unos segundos. 

En cuanto me di cuenta, me estaba yendo con aquel joven que había desertado en el mismo instante en que vio a sus compañeros agredirme y, en cuanto paramos en un bar a unos kilómetros de donde había ocurrido todo se presentó y me dijo que tenía una nueva misión en su vida y era protegerme; seguidamente a ésto, empezó a explicarme una serie de cosas que debía hacer para que no me pillaran, así es como empezamos a huir sin pensarlo dos veces y, la verdad, me sorprendió su reacción.

James: Un desertor nato

James era militar como he dicho anteriormente y desertar es motivo de encarcelamiento, no pueden hacerlo bajo ningún concepto, deben servir a su país pase lo que pase y no retirarse cuando a uno se le antoje. Siempre ha sido un joven musculoso debido al ejercicio continuo que practicaba cuando estaba en la base, con unos ojos castaños penetrantes y su cabello corto y del mismo color brillante y perfecto que sus ojos, de alguna manera me atraía su físico y su personalidad, aunque durante todos los meses en los que empezamos a huir hice lo posible para que no se diera cuenta de ello, tenía demasiada vergüenza para expresar aquello con total normalidad al que era mi protector.

Después de que James estuviese protegiéndome de mi jefe en las esquinas y de los militares que me seguían, me sentía como una persona lo suficientemente egoísta como para joder la vida de un hombre que podría seguir sirviendo a su país sin ningún tipo de duda, con total dedicación y sin ningún tipo de circunstancia que destrozara aquello en lo que había creído durante tanto tiempo. Lo que hice fue desaparecer de su vida, huir por mi propia cuenta robando un coche, pero no salió como yo esperaba debido al hecho de que los militares me encontraron e intentaron secuestrarme, menos mal que apareció James y me los quitó de encima en el último momento. Tuve que prometerle que no volvería a hacerle algo así nunca más.

Llegada a Alemania:

Era una ciudad diferente a todo aquello que conocía con anterioridad, incluso las cosas y el lugar en el que decidimos instalarnos, no era gran cosa pero lo suficientemente bueno para desaparecer del radar durante un largo tiempo. Lo que me dio este país fue un lugar donde esconderme y dejar de huir, un lugar donde vivir aún con miedo, pero con la ayuda de James podía sentirme algo más segura, también logré tener algunos momentos para mí cuando James salía a aquel trabajo a media jornada que había conseguido en una tienda de submarinismo y con mi trabajo de jornada completa en una tienda de fotografía, podíamos hacer cuentas para llegar a fin de mes. 

No todo era como yo lo imaginaba, ya que, la desventaja era estar mirando siempre por encima del hombro, con temor a que uno de esos hombres consiguiera la dirección del lugar donde vivíamos y que pudieran provocar una masacre o algo mucho peor. Además, no podía ir por lugares donde pudieran verme a simple vista como calles anchas, ya que, cualquiera de ellos podía camuflarse entre la gente y conseguir llegar hasta mí, debía ir por callejuelas diferentes cada día y alejarme de lugares que tuvieran cámaras para que nadie pudiera espiarnos desde ahí, James vigilaba cada noche hasta llegar la medianoche hasta que estaba lo suficientemente tranquilo como para acostarse a mi lado y dejar de pensar en el peligro. Como he dicho, no todo es color de rosa pero puedo sentir cierta libertad en la vida que ahora mismo nos hemos creado aunque hayan dificultades a nuestro alrededor que puede que entorpezcan a veces nuestra felicidad y acabemos discutiendo por cosas sin sentido.

Un futuro escondido:

No sé si algún día podremos dejar de escondernos o formar parte de algo más grande que nosotros mismos por el hecho de que pudieran descubrirnos y conseguir aquello que tanto tiempo habían querido. Una de las opciones para no dejar que ésto pasara es ir a por ellos y matarles para que dejen de perseguirnos y poder salir a la luz del día sin preocupaciones pero no creo que eso sea sensato, no es algo bueno asesinar a alguien, supongo que se quedará dentro de ti y no te dejará en paz, según James es algo que te persigue toda la vida y no quiere que me pase a mí también, así que, decidimos seguir como estamos, al menos, durante un tiempo.

Es un futuro escondido, totalmente incierto como todos los futuros de la gente, intentando conseguir aquello que queremos hacer sin importar cómo conseguirlo aunque tenemos limitaciones importantes que a veces me desesperan y me decepcionan porque veo que las cosas son difíciles de cambiar, e incluso, a veces pienso que sería mejor matarles para poder librarnos de ellos, pero James calma mis ansias con sus musculosos brazos rodeando mi cuerpo hasta el amanecer sin importar ninguna otra cosa, sin pensar que quizá lo que hacemos no es lo correcto o que quiero dejar de huir y perderme en su cuerpo como si fuera la última vez que estuviéramos juntos. Lo único que he pedido es la libertad, es lo único que no me quitarán jamás, ya que, aunque tenga que huir, en mi interior siempre prevalecerá.

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