Personaje: Seth




Relato procedente: "En las Profundidades de la Mente" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Kate lo había estado pasando mal después de seis meses de haber visto ante sus ojos morir a su mejor amiga Alisha a manos de un hombre salvaje, despiadado y sin ningún tipo de sentimiento o emoción en su expresión. Todo ésto, a pesar de los constantes cuidados de Seth, empezó a ser un gran trauma para ella, le costaba dormir, se levantaba gritando, acababa durmiendo en el baño y, a veces, estaba como un poco ida recordando aquella terrorífica situación que tuvo que vivir. Su mente volvió a recordar, pero esta vez se volvió tan fuerte que la dejó sin respiración y tuvieron que reanimarla, pasando a tener que tomar la decisión de llevarla a un psiquiátrico porque no estaba bien y Seth no podía estar siempre con ella, ya que, tenía otras obligaciones con su familia y su trabajo.

Nombre completo: Seth Ovlins Caser.                          Edad actual: 34 años.

Ciudad natal: Portland.                                                   Estado Civil: Soltero.


Descripción física:

Mi cabello negro es corto y me lo suelo peinar con las puntas hacia arriba, no tengo ningún tipo de cresta ni nada, ni me hago las puntas tan hacia arriba, pero así es como le gustaba a Kate; mis ojos azules siempre tienen una especie de chispa que me hace parecer divertido, sobretodo cuando sonrío; mis labios algo gruesos, suelen permanecer tristes, apagados, cerrados ante cualquier emoción, ya no tengo ganas de sonreír, supongo; mi cuerpo esbelto y algo atlético debido a las horas que paso en el gimnasio para no tener que pensar ni recordar, ha ido adelgazando poco a poco por todo lo que he ido pasando hasta este preciso momento, me siento bastante solo desde que Kate no está en casa y después de mi dura decisión de no ir más a verla hasta que me llamaran para recogerla, me siento bastante culpable e inútil, ¿qué estará pensando ella? Es lo que siempre me pregunto.

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido una persona increíblemente activa, me gusta hacer deporte y procuro pasar todo el día en el gimnasio para ayudarme a sobrellevar las cosas de una mejor manera. Siempre he sido alguien alegre y me ha gustado ayudar a los demás, me he sentido muy útil y soy capaz de hacer muchas cosas a la vez, por ello, creo que no me molestaba en absoluto cuidar de Kate, aunque creo que le fallé en el último momento. He sido sincero, costara lo que costase, nunca he mentido a aquellos a los que quiero porque no lo veo justo, de hecho, me sentiría tan culpable que lo confesaría todo al minuto. Cuando estoy pasando por un momento difícil, tiendo a adelgazar, de hecho, parezco un palillo, como si no hubiera comido en cuatro años absolutamente nada. He sido muy comilón, me ha gustado toda clase de comida y no le he hecho ascos a nada, es más, me encanta probar cosas nuevas y hacer todo tipo de postres, creo que acabó siendo mi especialidad porque en la cocina como tal soy un desastre.

Unos padres sinceros:

En mi casa, mis padres siempre fomentaron la sinceridad, no nos gustaba ser mentirosos como aquellos políticos que salían cada mañana hablando de crisis o de crecimiento económico o payasadas así, ellos querían, es más, revindicaban que fueran sinceros de una vez con la gente. Mi madre trabajó vendiendo coches en una empresa muy importante y mi padre ha formado parte del Ejército, siempre nos llevaba a todos de cabeza, preocupándonos por si algún día no volvía a casa y su hijo se quedaba huérfano de padre.

Supongo que mi infancia fue bastante normal, al igual que mi adolescencia. No todo para mí era color de rosa, ya que, tenía que esforzarme con mis estudios y estaba entusiasmado por ir a la Universidad, exactamente como querían mis padres. Me enseñaron que cuando amabas a una mujer, era de verdad, no se te debería pasar por la cabeza pegarla o maltratarla de ninguna de las maneras, sino cuidarla y quererla como nadie lo ha hecho, y ésto es lo que hice con Kate durante esos seis meses. Ahora mis padres no están muy bien, ya que, son mayores y ya tienen mayor dificultad a la hora de hacer las cosas, así que, he de ir a su casa a llevarles la comida, las pastillas, llevarles a dar un paseo, llevarles al médico... en fin, todo lo que pueda hacer un hijo por sus padres, realmente les cuido como ellos me cuidaron a mí cuando yo era un niño; en verdad, ellos lo son ahora, con esas manías, con esos cambios de humor, esas cosas que no entienden y con esas rabietas de niños que a veces suelen tener entre ellos, a lo que, yo me suelo reír y no dejo de tomármelo con humor para que ellos también lo hagan. Me gusta ayudarles, no son ninguna carga para mí, al igual que tampoco lo era Kate, por mucho que ella sintiera que sí, estaba totalmente equivocada porque yo lo hacía todo a gusto, no me molestaba en absoluto hacer lo que me pidiera o ayudarla a levantarse del suelo, lo hacía sin pensarlo porque la quería y siempre lo haré.

La apasionada Kate:

Conocí a Kate en el instituto. Al principio, no nos veíamos mucho porque teníamos clases distintas y solo coincidíamos en una, por lo que, cada uno vivía en su mundo y con sus cosas, pero llegó el año en el que tuvimos que estar en la misma clase, y no es que me pareciera mal, realmente me empezó a gustar su pelo liso y largo de color castaño, sus ojos profundos del mismo color que te miraban con tanto cariño que daban ganas de abrazarla, sus labios esbozaban amplias sonrisas por doquier y le encantaba que la hiciera reír, sus delicadas manos las tenía muy bien cuidadas porque no le gustaba que alguien la cogiera de la mano y notara sus manos secas, su esbelto cuerpo siempre iba adornado con algún vestido playero, con unos pantalones cortos o con una ropa poco llamativa, creo que eso es lo que me gustó de ella: sabía que era una chica interesante, pero no quería llamar la atención.

Muchas chicas han ido detrás de mí por mi físico o algo así y las he rechazado a todas, me daba la impresión de que no veían nada más interesante en mí que no fuera la superficialidad de mi cuerpo, pero Kate no era así. La primera vez que me fijé en ella de verdad, se reía con ganas de mis chistes malos y no porque yo fuera guapo o estuviera bueno, sino porque le parecía divertido y simpático, su sonrisa fue lo que más me llamó la atención, con esa risa delicada y sincera y con esos ojos risueños que solían cautivarme; no iba conmigo porque quisiera enrollarse o acabar en la cama gimiendo y terminando con un increíble orgasmo, sino que, le gustaba mi compañía, al igual que la forma que tenía de hablarle; lo curioso es que nadie me había dicho esas cosas nunca, y mucho menos, una chica madura como lo era ella a su edad. De aquí concluí que ella era real, que era la mujer con la que quería estar y que no podía perder la oportunidad, fue la primera vez que me puse nervioso a la hora de declararme a alguien, era la primera chica que me desconcertaba, era la primera que no sabía si diría que sí o que no.

Aceptó salir conmigo y me dio unas razones muy convincentes. Me dijo que no me aceptaba por la sensualidad de mi cuerpo, sino por cómo la miraba, por mi sonrisa, porque le gustaba mi compañía, por mi sensibilidad, porque me gustaba proteger y cuidar a los que quería, y que eso, era exactamente lo que buscaba en un chico. Todo ésto me dejó impresionado, las chicas de hoy en día tan solo querían que te callaras para comerte la boca con violencia, tan solo querían acostarse contigo para añadirte a su lista de "tíos buenos con los que me he acostado" y contárselo a todas sus amigas, pero ninguna de ellas valoró jamás a quién tenían ante sus ojos, a diferencia de Kate, que logró verlo con aquellos ojos brillantes y llenos de sensibilidad y cariño, desprendía una sensación de seguridad y sosiego a su lado, y por ello, es por lo que tuve ese sentimiento de protegerla en aquellos terroríficos seis meses de su vida, no podía dejar que la persona que más me ha valorado en mi vida, cayera en un abismo profundo de lágrimas y tristeza, quería ver aquella sonrisa, aquellos ojos risueños y aquellos comentarios picarones antes de hacer el amor; la verdad, me tenía perplejo, me tenía completamente impresionado, e incluso, me tenía increíblemente enamorado. La quise tanto que no sabría cómo explicarlo.

Vida universitaria:

Decidimos vivir juntos cuando fuimos a la Universidad, ya que, coincidíamos en que no queríamos vivir con personas desconocidas que no íbamos a saber quiénes eran realmente, cómo serían de limpios o aseados, si respetarían las noches de sueño o harían fiestas a altas horas de la madrugada, si nos dejarían estudiar o si estarían incordiando todo el día fumando porros y bebiendo cerveza como verdaderos vagos. Así que, aunque fuese más caro pagar un estudio cerca de la Universidad entre los dos, decidimos vivir juntos y no preocuparnos de que nadie nos molestara; nos aseguramos con ésto de que nos conocíamos lo suficiente como para saber qué nos molestaba uno del otro, lo que nos gustaba y lo que no soportábamos para no hacerlo, por lo que, podríamos tener una convivencia tranquila y sin ningún tipo de apuro o regañina.

Está claro que en toda convivencia con alguien hay problemas, y mucho más, si es tu pareja, ya sea por sus manías, por no haber limpiado a la hora, porque has tenido un mal día, porque estás muy cansado y no quieres que te molesten... en fin, por esas cosas pequeñas. Pero, en general, me encantó vivir con ella; me prestaba especial atención cuando estaba cansado o enfermo y me solía hacer un té antes de irme a la cama, se ponía el despertador y la responsabilidad se apoderaba de ella pero como yo me quedaba dormido, me despertaba con un ligero y cálido beso en la mejilla... se solía acurrucar a mi lado cada noche, darme un apasionado beso y desearme buenas noches por si ese, fuera el último beso que nos dábamos, siempre fue alguien muy especial. Ahora echo de menos todo ésto...

Llegué a hacer varios amigos en la Universidad, al igual que ella, solíamos salir algunas veces a cenar o a dar un paseo por la playa, nos gustaba jugar y acabar remojados de agua. Fueron nuestros tiempo felices, supongo. No nos preocupaba nada, nos encantaba estar juntos y con nuestros amigos y conseguimos unir a varias parejas en nuestro grupo, nunca se atrevían a decírselo entre ellos, así que, intervinimos para que fuesen capaces de estar juntos, al igual que nosotros pudimos estarlo.

Muerte de Alisha:

Bueno, como bien sabréis, acudimos a la fiesta organizada por Alisha en su casa. Ésta fue una de las mejores amigas de Kate, tenían tanta confianza que eran como hermanas, aunque a veces, a Kate no le gustaran las cosas que hacía Alisha, en especial, con el tema de los hombres, los devoraba como si no hubiera un mañana. Kate respetaba estas cosas, tampoco era nadie para meterse en su vida, pero empezó a afectarla en el momento en que su amada amiga aceptó ir a la casa de aquel tipo, según me contó Kate, lo siguió ciegamente y la arrastró con ella a una muerte asegurada. 

Kate vio morir a Alisha ante sus ojos y, cuando llegué al lugar donde ella me esperaba, tenía toda la ropa llena de sangre y de trozos de órganos, tragué saliva pensando en si habría hecho alguna tontería, pero la que hizo la mayor estupidez de su vida fue Alisha. Parece que el tipo las encerró en el sótano de su casa, fue torturando a Alisha y después la despedazó con la motosierra, dejando a Kate absolutamente petrificada y repleta de sangre; consiguió salir de allí, gracias al despiste de aquel tío y gracias a la persona que llamó en un momento tan oportuno. Cuando subió a mi coche no dejaba de temblar, tenía los ojos abiertos de par en par, no me dijo ni una palabra, tan solo: "vayámonos de aquí, mañana te lo contaré todo". Respeté que no quisiera hablar en aquellos momentos, la ayudé a quitarse la ropa, ya que, todos aquellos tembleques que tenía no la dejaban moverse con facilidad, jamás la había visto de aquella manera... de hecho, me acosté agarrado a ella para que sintiera mi calor y se sintiera, al menos, protegida, pero yo fui el que no pude dormir, ¿qué le habría pasado?, me preguntaba.

Al día siguiente, después de llevarle el desayuno y darle tiempo para que se relajara, me contó absolutamente todo lo que había ocurrido en aquel lugar. La noche anterior, pensé que tardaban porque era difícil que a las tres de la mañana encontraran algún lugar abierto, de hecho, les dije que prefería llevarlas con mi coche, pero insistieron en irse solas, ya que, Kate me dijo que Alisha quería comentarle algo importante que le había ocurrido, supuestamente con un nuevo tío; nunca esperé que esa salida se tornara tan horrible y sádica como se volvió. Kate me lo contaba con pelos y señales, todo se quedó grabado en su mente, totalmente grabado, temblaba y lloraba como una niña pequeña; aproveché que era domingo para arroparla y acostarme a su lado para que se sintiera mejor, de hecho, necesitaba dormir.

Fuimos a la policía a la mañana siguiente a primera hora. A Kate le seguían temblando las piernas y se negaba a ir a denunciar el homicidio, pero le dije que era totalmente necesario y que Alisha se merecía que cogieran a ese tipo, pero nada de eso ocurrió. Los agentes fueron a inspeccionar la casa y no había absolutamente nada que pudieran utilizar como prueba, de hecho, parecía que allí no hubiera vivido nadie desde hacía años, parecía que el tipo lo tenía todo muy bien pensado. Con todo ello, la policía pensó que Kate se lo había imaginado todo, que sería necesario que empezara con un tratamiento en el psiquiátrico de Portland, pero ella frenó al policía y le dijo que nos íbamos inmediatamente, ya que, no se le ocurriría ni por un momento ir a un sitio tan tétrico como lo era ese. Lo que más me dolió fue que, al final, es ahí donde acabó hace cuatro años.

El trastorno de Kate:

Kate cambió radicalmente, ya no era la misma joven que conocí años atrás tan alegre y risueña como lo era, tan jovial y amable, mas bien, frágil y quebradiza. Kate había empezado a depender de mí totalmente, las primeras semanas no quería levantarse de la cama debido al terrible pánico que había sentido y a lo culpable que se sentía por no haber podido ayudar a su amiga a salvarse, salió por patas como una cobarde (como ella se dijo). Comprendí el estado en el que se encontraba y no me negué a ayudarla, es más, la apoyé mucho más de lo que lo hacía anteriormente en cualquier problema que tuvo, ya que, yo era lo único que tenía, sus padres murieron muchos años atrás y estaba sola, nadie podía cuidar de ella. 

Durante esos seis meses, yo era el que le hacía el desayuno, la comida y la cena, limpiaba toda la casa, trabajaba y estudiaba, aún así, tenía tiempo de ocuparme de ella y de mis padres cuando me necesitaban para que les llevara de comer o les acompañara al médico. La desventaja era que, sobre las diez de la noche estaba totalmente rendido, llegaba a casa y me tiraba directamente en la cama, ni cenaba. No niego que vivir así era agotador y había momentos en los que me encerraba en el baño de mi trabajo, agobiado de todo y me ponía a llorar como un niño pequeño, pero no podía dejar las cosas así, no podía dejar de pensar en ayudarles, en dejar de hacer lo que estaba haciendo. Me dolía ver el estado en el que se encontraba una de las personas más importantes de mi vida, me dolía verla derrumbarse poco a poco, verla caer en un abismo... no podía simplemente dejarla, como ella me comentaba varias veces.

El día que tuvo la crisis hace cuatro años, me tocaba trabajar y tuvimos una pequeña discusión, de la que, más tarde me sentí culpable, ya que, fui muy duro con ella y acabó en un psiquiátrico. Me dolió mucho dejarla ir, tan solo quería cuidarla y yo, hasta podría haberle administrado el tratamiento pero el psicólogo me dijo que era mejor que se quedara alejada de lo que conocía por algún tiempo antes de que todo empeorara más. La llevé a aquel lugar donde ella nunca había querido estar, a aquel lugar con paredes blancas que parecía que fueran a derrumbarse encima de ti de un momento a otro, no soportaba tener que dejarla allí como si estuviera loca o tuviera algún tipo de síndrome, tan solo sufrió un ataque... pero según el médico, ya no diferenciaba lo que era real de lo que era el pasado y necesitaba una dosis de increíble realidad y no había nada más que yo pudiera hacer.

Las dolorosas visitas semanales:

Antes de que los médicos se la llevaran dentro de aquel lugar que hasta por fuera parecía tenebroso, le prometí que jamás la olvidaría y que estaría siempre con ella, que iría a visitarla cada semana. Esa promesa resultó más difícil de cumplir de lo que yo esperaba, ya que, cuando me sentaba enfrente de ella en la sala de visitas, ella me reconocía y se ponía contenta claro, pero empezaba a murmurar cosas extrañas, cosas que no tenían que ver con la conversación, parecía que estuviera hablando con Alisha. Cada semana me tocaba ver ésto una y otra vez, ya que, estaba bien durante media hora y teníamos una conversación normal y de lo más animada, hasta que, empezaba a mirar a mi lado como si estuviese totalmente ida y susurraba cosas extrañas que ni yo lograba entender, terminaba de hacer todo eso durante un cuarto de hora y volvía en sí, volvía a tener una conversación conmigo como si no hubiera pasado nada, parecía que no se daba cuenta.

Verla de aquella manera empezó a afectarme demasiado, salía de allí disgustado, apenado y triste, aquello me estaba volviendo loco de verdad, no podía creer lo que aquel tipo le había hecho a una joven que anteriormente estaba llena de vida, con poderes para sonreír, con amor que compartir, sin ningún tipo de trauma ni visiones a las que hablar, con aquellos ojos tiernos y sin marcas de cansancio en ellos, con un cuerpo sensual y sin tener fragilidad en él, no tenía miedo de nada... ahora todo era como un puñetazo en el estómago. Siempre había admirado a Kate, pero verla así me empezó a costar muchísimo, así que, mis visitas semanales las fui alargando sin quererlo, quería mantenerme ocupado, trabajaba más y me ocupaba más de mis padres; de hecho, he dejado de verla en éstos cuatro años. Obviamente, han pasado todo este tiempo y no la he olvidado, solamente espero esa llamada del médico en la que me dice: "Kate ya está totalmente recuperada, ya puede venir a por ella", pero todavía no sé con seguridad si eso va a ocurrir o si el no ir a verla lo ha empeorado más.

Un futuro solitario:

Cuando dejé a Kate en el psiquiátrico y volví a casa apesadumbrado, con lágrimas en los ojos y totalmente adolorido por haberla apartado de mí, las paredes del estudio se me empezaban a caer encima. La presencia de Kate allí era importante, siempre limpiaba, bailaba con la música en el salón, nos encantaba ponerlos a jugar con la Play Station en el salón, y solía hacer unas tortitas que estaban de miedo. El que no estuviera, me dejó vacío, la casa la echaba de menos y yo la necesitaba mucho más que antes, había pasado de cuidar y de preocuparme por ella a no tener a nadie en casa, a vivir con un temible silencio y con unas risas vacías, con unos pensamientos dolorosos y unas palabras rotas que se evaporaban en el aire.

Estos cuatro años no han sido fáciles para mí, no ha sido fácil vivir en esta silenciosa casa, dormir solo, mirarme al espejo y ver que me falta Kate rodeándome con los brazos y haciéndome sentir querido, me falta sonreír cada mañana mientras la pillaba observándome con curiosidad mientras dormía, echo de menos esas maravillosas tortitas, esas horas muertas en las que contábamos chistes malos o esos momentos en los que nos quedábamos abrazados en el sofá mirando cualquier película mala que pusieran en la televisión hasta quedarnos dormidos toda la noche. Todo es diferente ahora y no logro acostumbrarme, algo está en tu vida y desaparece, te lo arrebatan como si fuera un objeto con el que solo has jugado un rato, es como si todo lo importante ya no lo fuera, como si haberla cuidado no hubiera servido para nada... 

Creo que lo mejor que he hecho en mi vida ha sido dar el primer paso y declararme aquel veintidos de marzo, aquel en el que ahora celebro solo con vino y con unas tortitas, llorando mientras veo nuestra película favorita y comiéndome un helado de chocolate, como solíamos hacer en todos nuestros aniversarios. Creo que ha sido maravilloso tener a alguien como Kate en mi vida, quedarme absorto en las profundidades de sus risas, perderme en la brillantez de sus ojos y acabar besando cada parte de su cuerpo sensual.
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