Personaje: Albert



Relato procedente: "Viviendo el Pasado" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Hay personas que viven en el pasado, a veces, no lo hacen aposta, simplemente prefieren aquello que vivieron anteriormente que lo que están viviendo ahora, nos puede pasar a nosotros, al igual que le pasó a Albert. Éste vivía un matrimonio sin amor desde hacía unos quince años, casi ni hablaba con su mujer y decidió no seguir más con esta misma situación, por lo que, le propuso que se divorciaran de inmediato, a lo que ella aceptó. Empezó a volver a su pasado sin pensarlo, con fuertes dolores de cabeza, pero volvía a revivir aquello que tuvo hacía tantos años con Agatha; finalmente decidió seguir viviendo en el pasado y dejar su presente atrás, morir fue el precio que tuvo que pagar.

Nombre completo: Albert Glovin Sun.                              Edad: 45 años.

Ciudad natal: San Francisco.                                               Profesión: Fotógrafo.


Descripción física:


Mi pelo negro no gana al terreno de las canas, éstas acaban poseyendo el resto de mi cabeza como si de una plaga se tratase, se ha convertido en el pelo negro y con raíces fuertes que tuve antaño, es decir, cuando era joven, ya que, todo cambió cuando crucé esa puerta que me llevó a mi pasado y mis canas desaparecieron; mis ojos siguen siendo de un tono castaño oscuro, realmente impactantes según me dijo Agatha en la Feria de Invierno en el Instituto, también eran profundos y emitían una clara confianza; a mis labios finos siempre les ha encantado ser besados, sobre todo, por unos labios tan carnosos como los de Agatha, y siempre le han gustado las sonrisas, para mostrar los perfectos dientes que tan bien me he cuidado durante tantos años, de hecho, me prohibí tajantemente tomar café; mi esbelto cuerpo pasó de empezar a estar cansado, agotado, con fuertes dolores de espalda y ser realmente torpe, a convertirme otra vez en aquel joven habilidoso que fue a la Universidad de cabeza a estudiar fotografía, pero con la mentalidad de un hombre de cuarenta y cinco años, ya lo sabía todo de mi profesión, así que, he dado un empujoncito más a mi carrera y he intentado salir con mejores notas.

Descripción de la personalidad:

Siempre me he considerado una persona muy protectora, sobre todo con Agatha; me encantaba llevarla a casa para saber que se iría sana y salva a la cama, ya que, no quería que ningún depravado pudiese violarla mientras abría la puerta de su casa, mientras andaba dos calles más abajo antes de llegar a la misma o cualquier otra cosa, realmente me perturbaba que se fuera sola y además, de noche; con mis hijos también fui muy protector, sobre todo con Janice, ya que, siempre ha sido una joven un tanto inocente y me preocupaba realmente que acabaran tomándole el pelo. Durante años, he tenido una chispa en mi interior que me ha dado fuerzas para seguir día tras día, para levantarme por la mañana y servirme un vaso de té, siempre me he sentido como conectado con algo, nunca he sabido explicármelo, pensé que esa chispa era Agatha, pero ahora no estoy totalmente seguro. He querido parar el mundo, formar recuerdos inolvidables, ver increíbles paisajes y poder rememorarlos, todo ésto lo consigo con mis fotografías, ya que, siempre he visto el mundo de diferente manera, quizá más colorido, más vistoso, quizá enamoradizo... he querido parar todo eso en una sola toma, captando el momento perfecto, pudiendo observar a través con toda esa emoción fluir de la fotografía... es algo que no se puede comparar con ninguna otra cosa.

Una familia creativa:

Mi familia era muy humilde, todo lo que teníamos se lo debíamos al trabajo duro de mis padres durante tantos años trabajando e intentando que sus dos hijos varones no pasaran hambre. Mi padre se fue primero al extranjero a trabajar durante unos cinco años, mientras mi madre cuidaba de nosotros, ya que, todavía éramos demasiado pequeños como para dejarnos solos en casa; más tarde, cuando mi padre volvió, se fue mi madre y estuvo cinco años más, quedándose mi padre con nosotros. Hicieron ésto dos veces más hasta que ahorraron lo suficiente para poder subsistir en una casa de madera a las afueras de San Francisco con una granja en la que mi hermano y yo podíamos cuidar de los conejos, patos, gallinas, vacas, perros... teníamos de todo, siempre nos encantaron los animales. Por fin, pudimos estar todos juntos en casa, por fin podíamos dejar de echarnos de menos continuamente y poder estabilizarnos en un lugar sin faltarnos de nada, así es como empezamos con nuestra creatividad, aquello que ha hecho que continuáramos siendo una familia de lo más trabajadora y una familia que veía las cosas desde otra perspectiva.

Mi madre siempre tocaba el piano y llegó a hacer múltiples actuaciones en uno de los teatros más importantes de San Francisco, realizaba sus propias melodías y la veías disfrutar con cada tecla que pulsaba, era como sentir cada nota en todas las fibras de su cuerpo. MI padre, en cambio, se interesó más por el ámbito de la escritura, le encantaba quedarse hasta altas horas de la madrugada terminando un capítulo de verdadero suspense que ni él podía creer que lo estuviese escribiendo; no es que fuera alguien con fama mundial ni nada por el estilo, sino que, le encantaba expresar emociones, sentimientos, quería mostrar al mundo de lo que era capaz. Mi hermano mayor fue el que me enroló en el mundo de la fotografía, ya que, para mi décimo cumpleaños me compró una cámara de fotos realmente moderna para la época y empecé a ver las cosas de distinta forma, empecé a ver crecer cosas que todavía no lo habían hecho, empecé a sentir aquellos amaneceres que podría recordar cada vez que quisiera gracias a las fotografías y, lo más importante, podía darles diferentes texturas.

El mundo de la fotografía:

Como he dicho antes, mi pasión por la fotografía empezó cuando tenía diez años. Mi hermano Joss me hizo el mejor regalo que le podrían hacer a un niño: una cámara de fotos. Nada más la cogí, sentí como una vibración en todo mi cuerpo, unas ganas increíbles de encenderla y empezar a dejar que mi creatividad fluyera como las palabras al ser transmitidas; realmente, me hacía mucha ilusión empezar a conocer todo aquel mundo hasta ese momento desconocido para mí. Empecé a leer las instrucciones de la cámara, o más bien, a estudiarlas para poder darle todo el potencial que se merecía, de hecho, hacía unas fotografías fascinantes, con una combinación y claridad de imagen impresionante, era como coger una panorámica y poder hacer que esté al alcance de tu mano para siempre, podrías estar viéndola durante horas, días e incluso, recordar ese momento durante años.

La fotografía era como entrar en otro mundo, como en ser parte de algo distinto, como intentar formar parte de la sociedad que me rodeaba, de las cosas bellas que existen en la Tierra. No me di cuenta de lo preciosas que eran las flores hasta que empecé a fotografiarlas, tenían un tono tan fuerte y con aquella textura llena de colores vivos alrededor que no podía creerme que mis ojos pudieran ver algo así, al revelarlas, me llenaba de orgullo al ver que había hecho un buen trabajo. Desde el momento que tuve la cámara, no paré de esforzarme cada vez más para conseguir efectos diferentes, posicionamientos que me permitieran hacer fotos cada vez más perfectas, quería conseguir cosas que ningún otro fotógrafo pudiese conseguir y siempre llegaba a casa con algo nuevo. Debido a que mi casa estaba cerca de unos preciosos prados a unos quince minutos de allí, tenía unas perspectivas que no podía perderme y me pasaba horas fuera de casa, esperando a que hubiera alguna puesta de sol, a descubrir alguna preciosa amapola con un color amarillo chillón o cualquier animal al que pudiera captar.

Mi familia estaba gratamente sorprendida por toda aquella pasión y toda la dedicación a la fotografía, se quedaban impresionados por todas aquellas preciosas fotos que conseguía después de estar varias horas esperando a que sucediera algo maravilloso para fotografiarlo y empezaron a pensar que llevaba toda esa creatividad dentro, en la sangre y que empezó a fluir nada más toqué la cámara que me regaló mi hermano Joss. Éste siempre será alguien al que le dé las gracias y le deba toda mi carrera, ya que, digamos que fue el que creó todo eso dentro de mí, tan solo por crearme la curiosidad de descubrir qué era lo que sería capaz de hacer aquella cámara; apreciaba que Joss hubiese sido capaz de ver algo en mí que quizá nadie hubiera visto con anterioridad, vio a alguien que podría dar mucho más de sí mismo de lo que cree y deseó que yo también tuviese algo que dar al mundo, por lo que, pensó que ese sería el regalo perfecto y no lo dudé en ningún momento.

Agatha:

Como bien sabréis, la conocí a mis dieciséis años, a los que ella tenía uno menos. La primera vez que la vi fue un par de años antes, ya que, ella siempre cogía ese tren para ir al instituto, a lo que, más tarde me enteré que era el mismo al que iba yo todas las mañanas, pero al que nunca llegamos a coincidir hasta que empezamos a salir realmente como pareja. En el momento en que la vi, una ráfaga de curiosidad me invadió: ese pelo castaño sobre sus hombros desnudos (debido a que llevaba una camiseta sin mangas) con aquel brillo y aquel olor de rosas que desprendía cada vez que pasabas por su lado, aquellos ojos castaños que eran tan tranquilos como el mar y tan amables como su sonrisa de labios carnosos y su esbelto cuerpo cuidado e increíblemente sensual, toda ella era pura belleza y era incapaz de dejar de mirarla, aunque a veces, tenía que disimular.

La primera vez que hable con ella fue con dieciséis años, como bien he dicho. Ella estaba sentada en el banco que había frente a la vía del tren y todos los demás sitios estaban ocupados menos ese, alguna vez he llegado a preguntarme si ésto fue pura casualidad o el destino. Me miró con total dulzura y con aquella mirada de repleta calma y me dijo que llevaba tiempo viéndome coger el mismo tren que ella; así es como empezó nuestra primera conversación y, a partir de ese momento, nos hicimos inseparables, no íbamos a ningún sitio si el otro no le acompañaba. Empezamos siendo amigos, pero nos mirábamos de cierta manera especial, una forma en la que no mirábamos a ninguna otra persona, solamente entre nosotros, como si fuera algo único y especial para ambos. Solíamos sentarnos juntos en el tren hablando sobre cosas que nos interesaban, simplemente no podíamos dejar de hablar, cada vez pasaba el tiempo más deprisa cuando estaba con ella; quedábamos para almorzar, para comer, después de clase, para estudiar y para volver a nuestras casas, incluso empecé a esperarme hasta su parada para acompañarla a casa y que no se fuera sola.

Todo ésto se transformó en un lazo casi innegable, lo que compartíamos era una amistad tan fuerte que llegamos a tener mucha confianza el uno en el otro. Nos cogíamos de la mano, nos abrazábamos, nos presentamos a nuestros padres... pero nunca nos habíamos besado, a pesar de comportarnos como una pareja, era algo extraño... era como si no quisiéramos estropear aquello que teníamos. Fui yo quien decidió lanzarse a besar aquellos labios carnosos, los cuales, me pasaba horas mirando en las fotos que nos hacíamos juntos, era como si faltara algo por hacer cada vez que las miraba; descubrí que ella había querido eso tanto como yo y nuestro beso se convirtió en un momento lleno de pasión, ternura y caricias, nunca pensé que sería tan feliz. A partir de ahí, empezamos nuestra historia, a partir de ahí empecé a anclarme a ella y a no querer soltarla jamás.

Experiencia universitaria:

Cuando cumplí los dieciocho años, tuve que tomar una seria decisión: ir a Nueva York a probar mi talento en una de las mejores Universidades de Fotografía del país y trabajar de ello para ganarme la vida o quedarme en San Francisco con Agatha. Era una decisión difícil, ya que, quería ambas cosas y no sabía cómo decírselo, ya que, nunca habíamos estado tan separados. La mirada de Agatha se tornó sombría cuando le planteé la situación, por lo que, se me ocurrió preguntarle si se vendría conmigo a Nueva York, podríamos vivir juntos y empezar una nueva vida, empezar a ser más creativos y compartir nuestra vida; era una petición interesante, pero no estaba del todo seguro si aceptaría, ya que, estaba muy unida a su padre desde que su madre murió de cáncer hacía unos tres años y se sentiría mal si le dejaba solo.

Estuvimos unos días sin hablar, ya que, quería que lo pensara detenidamente, no quería interferir en su decisión e incluso, quería que lo hablara con su padre para poder llegar a un acuerdo y que su hija se sintiese cómoda en todo momento, tanto si se iba como si se quedaba. Cuando estuvimos en aquel prado, después de saltarnos las clases de Historia y Geografía, me dijo que decidió venirse conmigo, le daba igual el lugar... yo me quedé totalmente paralizado, de hecho, estaba casi seguro de que iba a rechazar aquella petición, realmente fue un regalo magnífico para mí, así que, ambos nos fuimos a Nueva York para empezar algo que más tarde, consolidaría nuestra relación y daría lugar a nuestro increíble matrimonio.

La vida en la Universidad fue una de las experiencias más increíbles que he tenido el placer de experimentar. Te cambia como persona, como profesional, hace que veas las cosas desde otras perspectivas, que veas colores donde otros ni si quiera son capaces de verlos, te lleva al mundo de tu vocación, de aquello que quieres y deseas tanto hacer, te hace evolucionar en algo más grande que tú mismo. Conocí a mucha gente que compartía mi pasión por la fotografía, gente a la que le gustaba experimentar con texturas, con paisajes, con diferentes realidades... me hizo pensar que ese era mi momento de triunfar y, de hecho, lo hice terminando la Universidad con unas notas que ni yo creía y al lado de una mujer que consiguió que mis días oscuros se iluminaran y brillaran con sus ojos.

Dulce matrimonio y varias sorpresas:

Como he dicho, la consolidación de nuestra relación en Nueva York dio lugar a nuestro matrimonio, una ceremonia preciosa. Le pedí matrimonio unos cinco o seis años de conocernos e irnos a vivir juntos, me lo planteé al verla mirándome con aquellos ojos tranquilizadores cada mañana a mi lado, esbozando una cálida sonrisa y yéndose a preparar el desayuno con sus pantalones cortos y su camiseta de tirantes, incluso hasta acabada de levantar era hermosa y no cabían palabras para describir lo increíble que me parecía estar con ella cada día. Me arrodillé ante ella en uno de nuestros viajes a París, ya que, la Universidad había organizado algunos viajes para aquellos que estuvieran estudiando fotografía fueran a hacer fotos desde diversos ángulos, a que conocieran otro país y que trajeran increíbles fotografías para enseñarlas al mundo y dar más prestigio a la Universidad. Agatha decidió venir conmigo a ese viaje, así que, aproveché para pedírselo en medio de la calle, a la vez que a lo lejos se podía ver la puesta de sol; se quedó tan sorprendida que no podía articular palabra, a lo que me abrazó y me susurró al oído un "sí, quiero" sincero y verdaderamente significativo.

Nuestra luna de miel fue perfecta, ya que, viajamos a diversos lugares pero quisimos quedarnos en una casa en la playa de San Francisco al final de nuestro viaje, cuando tan solo quedaba una semana para terminar nuestra luna de miel y volver a la realidad, aquella que no incluía una cama preciosa con ambos cuerpos desnudos acostados todo el día, incluía trabajo duro más bien. Todo fue sobre ruedas después de aquello, ya que, Agatha empezó en una cadena de televisión a presentar noticias y yo empecé en una empresa especializada en fotografía; ambos teníamos los trabajos que realmente deseábamos y nos dedicamos a ellos plenamente, aunque a veces, nos dábamos el capricho de hacer una escapada de una semana a algún lugar apartado de todo estrés, intranquilidad o gente completamente loca. 

Dos sorpresas llegaron a nuestra vida después de llevar casados unos cinco años, la primera fue nuestro hijo Joss (llamado así por mi hermano) y la segunda fue nuestra hija Janice (llamada así por la madre de Agatha). Les criamos inculcándoles creatividad sobre todo, educación, cariño y deseábamos que quisieran estudiar, así que, intentábamos que jugaran con las palabras, los números... les dedicamos tanto tiempo que ya no podíamos escaparnos a ningún lado, de hecho, teníamos todo nuestro tiempo libre de trabajo ocupado con nuestros hijos y ya no pasábamos tanto tiempo juntos como antes. Lo fuimos comentando de pasada al principio, cuando empezamos a distanciarnos poco a poco, pero no volvió a salir el tema para no discutir, empezamos a guardarnos las cosas y a acostumbrarnos a lo que teníamos en ese mismo momento.

Distanciamiento y separación:

No quiero que penséis que nuestros hijos fueron la razón por la que nos distanciamos y empezamos a escapar de todos aquellos momentos silenciosos que nos brindaba la otra persona, ellos nos hicieron muy felices e hicieron también que creciéramos como personas. Nosotros fuimos los que nos equivocamos, ya que, en vez de hablar las cosas, nos escondimos en nuestras burbujas hechas de acero y, por no discutir o tener miedo de que todo se fuera al garete, preferimos no hablar. Nos trasladamos a una casa más grande, con la esperanza de poder establecernos mejor, que nuestros hijos tuviesen más espacio y que nosotros pudiésemos arreglar nuestras diferencias, pero no fue así, ya que, el distanciamiento fue a más, hasta el punto que no hablábamos nada más que para saludarnos o preparar el desayuno.

Empezamos a estar tan ocupados y se nos juntó con la etapa en la que nuestros hijos empezaron el instituto y posteriormente la Universidad, que ya dejamos el tema por zanjado, por imposible y quizá, también nuestra relación. Quedarnos solos en la paz de nuestra casa cuando nuestros hijos se fueron a la Universidad, terminó permaneciendo un silencio perturbador en nuestra casa, un silencio que resonaba por todas las paredes, con dos personas intentando escapar la una de la otra como si jugaran al "pilla pilla"; era curioso que dos personas que anteriormente estuviesen tan unidas, ahora se separaran tanto y dejaran de encontrar un punto en común, un punto en el que poner sus cosas en orden y Agatha dejó de hacer todo aquello que le gustaba; ella dejó la cadena de televisión y empezó a estar más en casa y yo empecé a salir a hacer más fotos y a darles más creatividad, ya que, no soportaba ese ambiente tan cargante en mi hogar.

Una decisión difícil:

Como bien sabréis, la Diosa de las Oportunidades y las Decisiones, apareció en mis sueños supuestamente reales en los que me hizo decidir entre si quedarme en el presente, en el cual, me enfrentaría a un duro divorcio con Agatha, o vivir el pasado, en el cual, me quedaría viviendo todos aquellos momentos que vivimos desde que nos conocimos hasta este mismo momento, reseteándose al llegar al primer dolor de cabeza que tuve para llegar a esa supuesta playa con esa diosa de cabellos dorados. La primera decisión, hubiera sido la decisión valiente obviamente, según opiniones y, la segunda opción es la de personas cobardes; ¿cuál fue la que elegí? la segunda, por supuesto.

En primer lugar, no creía que todo aquello me estuviese ocurriendo y no entendía por qué tenían que darme aquella oportunidad a mí siendo quiénes fueran los que me la dieron, era completamente de locos. Pero abstraído en toda aquella locura y en todos aquellos dolores de cabeza del infierno, comprendí que si era real, que si todo aquello podía ser posible, entonces podía ser posible que volviera a la relación que tuve en un principio con Agatha, volver a aquella pureza, a aquel mar en sus ojos castaños y en aquellas largas conversaciones antes de irnos a dormir y de las que disfrutábamos tanto. Realmente, pensé que volviendo a todo ello, podría enmendar todas aquellas cosas que hicieron que nuestra relación se estancara y que nos distanciara tanto a ambos, quería ver qué era lo que hicimos mal realmente, podría cambiarlo... eso es exactamente lo que hizo que eligiera esa opción, la simple curiosidad, como aquella que recorrió mi cuerpo la primera vez que cogí mi primera cámara a los diez años o la primera vez que vi a Agatha en el tren.

Por lo que, volví a tener dieciséis años y volví a verla esperando el tren. Su mirada era exactamente igual de cálida a como la recordaba, su hermosa sonrisa increíblemente perfecta y dulce y su cabello castaño ondeando al viento con aquella brillantez... era algo que no olvidaría jamás por mucho que quisiera. Volverla a ver de esta manera, me hizo pensar que era la mejor decisión que había tomado, una difícil pero buena decisión y no me arrepiento de ello, aunque hubiera tenido que pagar el caro precio en el presente.

Muerte presente:

Según me dijo aquella hermosa Diosa en la playa donde nos conocimos por primera vez, si decidía vivir el pasado, tenía que morir en el presente, ya que, mi cuerpo tenía que desaparecer para materializarse otra vez en el pasado. Cuando crucé la puerta, sentí dentro de mí la desaparición de algo, como si me quitaran una cosa mía, una cosa propia... lo que realmente me estaban quitando con mi consentimiento, era la vida. La oscuridad que experimenté antes de cruzar la puerta, era la muerte del presente, aunque no lo supe hasta haber pasado unos días, era como si me sintiera más ligero, sin aquella carga pesada que había aguantado durante tantos años. Todo el dolor había desaparecido y la ilusión de volver a empezar algo increíble con la persona a la que siempre amé y poder corregir nuestros errores, me embriagó de tal manera que dejé que la muerte me traspasara como una espada, me daba igual el dolor que produjera, me daba igual que ya no existiera en el presente... quizá la Agatha de allí ni si quiera llorara por mi pérdida, quizá pensó que ahora se ahorraría un divorcio y cobraría el seguro de viudedad, quizá pensó que se había librado de mí y de aquel silencio incómodo que compartíamos, quizá...

Viviendo mi futuro en el pasado:

Mi futuro en el presente lo podía ver como desalentador, fatídico, exasperante... no encontraba ni un solo motivo por el que quedarme en aquella casa que ya no consideraba mi hogar y con aquella persona que hacía años que ya no conocía. Esa situación en la que ya me sentía realmente incómodo, era una situación sin sentido y no encontraba una forma de solucionarla, ya que, Agatha estaba cerrada en banda, ni si quiera podía llegar a su ahora enfriado corazón...

Mi futuro se ha vuelto mi pasado en mis ojos, aunque realmente ya lo haya vivido antes. Sigo teniendo la mentalidad y la experiencia de un hombre de cuarenta y cinco años en un cuerpo de un adolescente de dieciséis, lo sé todo sobre fotografía y lo que van a explicar en la Universidad lo sé de sobra, aunque puedo hacer que mis notas sean más altas ésta vez, voy a poder cambiar cosas que ni imaginaba tanto en mi vida con Agatha y mis hijos como en mi futuro - pasado profesional, es curioso e increíble que haya podido tener esta oportunidad.

El prado, nuestra luna de miel, nuestras fotos juntos, nuestro matrimonio, el nacimiento de nuestros hijos, la nueva casa... todo ocurriendo rápidamente, todo volviendo a retroceder, yo siendo el mismo con un montón de experiencias que corregir en este pasado hecho para mí, en mi propia realidad, separado del mundo en el que vivía, dejando atrás todo lo que tenía... y dejando entrever todo lo que vendrá.


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