Personaje: Maggie





Relato procedente: "Enganchado" (Huellas del Tiempo).

Resumen: La joven Maggie empieza a tener una sólida amistad con Eric, un joven que no podía ser tan perfecto como parecía. Después de unos años de ir conociéndose, Maggie descubre que su mejor amigo está tonteando con las drogas, decide hablarlo con él y ayudarle a que lo deje; al principio, parecía que todo iba bien, pero más tarde, Maggie encuentra a Eric esnifando cocaína en su piso, con lo cual, acaba dándose cuenta de que le estaba mintiendo en referencia a su recuperación. Más tarde, Eric muere sin Maggie saber el motivo y sin ni siquiera despedirse, es algo que la persigue toda su vida, igual que el rostro de aquel muchacho intubado en aquel hospital.

Nombre completo: Maggie Jonhson Cormac.                       Edad actual: 80 años.

Ciudad actual: Tenesse.                                                           Estado civil: Divorciada.


Descripción física:

Aquel cabello castaño de mi juventud, ondulado y largo hasta la mitad de las costillas, ha sido sustituido por un cabello cano y corto hasta la mitad de mi cuello; mis ojos castaños, algo avispados y profundos, han sido sustituidos por unos atacados por las arrugas y bastante caídos; mis labios finos, siguen siéndolo pero ahora, no suelo ponerme carmín, ya no me siento tan joven; la sonrisa que solía dedicarle a Eric con aquellos dientes blanquecinos y completamente sanos, han sido sustituidos por una dentadura postiza hecha a la medida de mi boca, la cual, he de quitarme cada noche y ponerla en un vaso de agua; mi esbelto cuerpo vestido con unos vaqueros y una camiseta algo ancha, han sido sustituidos por faldas largas y algo más oscuras, ya que, me es más fácil a la hora de cambiarme mi atuendo regular por la ropa de andar por casa.

Descripción de la personalidad:

He sido siempre una mujer con muchas ganas de vivir, a veces, con mucha tensión y algo curiosa, me ha encantado hablar pero no demasiado, para no estorbar a los que me rodean. Siempre que he hablado con algún joven, los pómulos finos y tersos que tenía antes y los sustituidos por arrugas, se volvían rojizos, me temblaban las manos y me sudaban, e incluso, me resultaba difícil pronunciar una sola palabra. Muchas veces, he temido perder a alguien que me importara, siempre me ha dado algo de pánico el dolor, porque de joven muy pocas veces lo sentí, debido a esa familia algo adinerada que formaba parte de mi pequeña vida, además de que siempre intentaba llevarme bien con cualquier otro ser humano para no tener problemas. He sido una persona muy sociable, todos necesitamos conectar con alguien y en eso, era bastante experta; mi sonrisa ayudaba, al igual que una mirada furtiva y algo miedosa, no podía creer que las personas hicieran caso a tales señales, pero lo hacían como buenos siervos de la sociedad. No he tenido muchos novios de joven, por mi extremada timidez pero con el tiempo se va construyendo una nueva armadura a tu alrededor y haciendo que las situaciones no empeoren, sino que mejoren por tu propia supervivencia. He sido siempre una luchadora nata, no me ha gustado que mi familia me sacara las castañas del fuego pagando sobornos para que yo pudiera moverme, sino que prefería estar a kilómetros de distancia de ellos y hacer mi propia vida, rodearme de las mejores personas posible y vivir sin mirar atrás, supongo que todo se volvió raro para mí cuando murió Eric.

Impacto por la muerte de Eric:

Después de enterarme de que Eric había muerto, estuve durante un año o así en estado de shock, todavía no me creía que ya no estuviera alrededor de mí. Me empecé a dar cuenta un año después al shock, cuando sentí un vacío enorme en el pecho cada vez que respiraba, una enorme presión que apretaba hacia dentro de mi ser para sacarme el corazón o cualquier otra cosa que residiera allí. Cada día que me levantaba, pensaba en lo mucho que le echaba de menos, lo que pude hacer por él pero que decidí no hacer cerrándole la puerta en las narices y, seguidamente sintiéndome culpable por ello. Durante un año y medio más empecé a estar con depresión, sentía una tristeza tan grande que se me presentaba en forma de dolor físico, cansancio, sueño y un montón de sentimientos reprimidos unidos a pensamientos de anhelo.

¿Alguna vez os habéis sentido atrapados en vuestros recuerdos? ¿Habéis sentido una culpa tan grande que hasta dolía? ¿Habéis tenido un vacío tan profundo que te obligaba a pensar las diferentes formas que podrían haber para suicidarte y así hacer que todo dejara de dar vueltas? ¿Habéis sentido un peso en vuestro cuerpo, vuestros ojos y en vuestro corazón incapaz de irse? ¿Habéis sentido el vacío que provoca la pérdida de alguien? ¿Os podéis imaginar el dolor que provocaría todo ésto si se llega a sentir a la vez? Es catastrófico, os lo digo, es algo que hace que cada vez que abras los ojos, todo tenga menos sentido y el hecho de que tú sigas viva en vez de esa persona hace que quieras alejarte del mundo y dejar de respirar; cada vez que miras hacia el frente, no ves nada, no ves un futuro para ti porque está muy lejano y muy ciego, demasiado doloroso para hacerlo solo; el sentimiento de soledad se apodera de cada raíz de tu ser y lo vuelve en tu contra, hace que te vuelvas más y más solitario, más y más desagradable y que dejes de ser tú, que te pierdas dentro de ti mismo haciendo que sea más difícil volver...

El padrastro maltratador:

Durante el tiempo que mi madre ha llevado con aquel hombre perturbado y aprovechado, no había un solo día de mi adolescencia en el que él no me pegara o maltratara psicológicamente, ya sea, porque me había equivocado en algo o porque no había puesto el pan en su sitio, porque había cogido un yogur que era exclusivamente suyo o porque tenía un mal día. La verdad, me importaba muy poco con quién estuviera mi madre pero yo tenía la suficiente dignidad como para responder a tales maltratos con rabia y resentimiento, respondiendo a cada golpe con total firmeza y fiereza.

Ese hombre hizo que me reafirmara en algunas cosas que siempre sospeché de mí, es decir, sacaba lo peor y sentía como un monstruo saliendo de mis entrañas y arrasando todo lo que veía por delante, como un tornado hace con una ciudad. Hacía y sentía cosas que no sabría cómo explicar, pero que realmente me aterraban de mí misma; me volví un ser sin sentimientos, hasta que conocí a Eric, que volvió toda la oscuridad en una llama de luz al final del túnel y una única posibilidad de salir de allí con vida, sin mi madre claro, es demasiado inocente para darse cuenta del energúmeno que tenía de marido.

El divorcio inesperado:

Cuando empecé con George todo era algo distinto, había aceptado que Eric no iba a volver y que querría que siguiera adelante con mi vida, aunque no pudiera olvidarle. Le conocí en una cafetería cercana a la universidad, siempre solía tomar allí mi café cada mañana, ya que, el de la universidad estaba de lo más insípido. Se sentó enfrente de mí y mantuvimos una curiosa conversación sobre cómo iban nuestras relaciones sociales y lo bueno que sería incluirnos a cada uno de nosotros en la vida del otro.

Durante los primeros cinco años de noviazgo hasta nuestra boda, todo fue espectacularmente. En cierto modo, se notaba que yo estaba simplemente conforme con aquel hombre, no ciegamente enamorada de él; con ello, a veces me sentía culpable pero no podía negar la realidad, ya que, George no era... Eric. Empecé a recordarle y a tenerle muy presente en mi vida, lo cual, hacía más difícil concentrarme en las tareas diarias, hasta incluso, en besar, hacer el amor o cenar con mi marido, todo lo hacía mucho más complicado. Lo curioso es que no fue por eso por lo que nos divorciamos, ya que, nunca se lo dije y no le conté jamás lo que ocurrió o lo que fue de él, ni siquiera sabía que existía; nuestro divorcio fue algo inesperado pero era exactamente lo que tenía que haber ocurrido.

Después de estar casados durante tres años, George empezaba a sacarme la conversación de tener hijos y era comprensible, ya que, teníamos unos trabajos bastante fijos, la edad oportuna y no había nada que pudiera impedírnoslo, así que, accedí a tenerlos con él. Primero, salió el niño que le llamamos Steven y, al cabo de unos tres años, salió la niña llamada Arlene, ambos muy inquietos y valientes pero que resultaron ser más complicados de lo que yo hubiera querido. Cuando ambos cumplieron los quince años más o menos, George empezaba a estar quemado y siempre decía que había sido un error tenerlos, que no podía permitir que siguieran en nuestras vidas queriendo que los lleváramos a un orfanato donde terminaran de criarlos y sin tener nosotros que involucrarnos; lo que no me podía creer era exactamente lo que estaba oyendo, ¿cómo se le ocurría pedirme aquello cuando él fue el que quiso que tuviéramos a aquellos niños? Empezó a volverse agresivo e incontrolable, no quería seguir viviendo en casa y solo quería deshacerse de ellos y, por momentos, creí que también de mí, así que, elegí a mis hijos en vez de a mi marido y me divorcié de él para poder conseguir aquella libertad que tanto ansiaba para nosotros, aquella que no podría conseguir si me quedaba con él.

Unos hijos bastante complicados:

No podréis creerlo pero a veces pienso que me merezco todo lo que ocurre, aunque nada ocurre por casualidad. Mi hija Arlene empezó con las drogas a los diecinueve, empezó tonteando con ellas un año antes, pero terminó enganchada, al igual que le ocurrió a Eric pero mucho peor, los centros de rehabilitación ni siquiera podían hacer mucho más de lo que ya hacían y yo no podía interponerme, ya que, se volvía agresiva y no dejaba de gritarme. Una noche la detuvieron y la metieron en el calabozo por posesión de drogas, por lo que, me tocó ir a recogerla, si tan solo hubierais visto su cara... sus ojos castaños estaban desorbitados, sus labios entre gruesos y finos estaban abiertos gritando fuertemente que necesitaba un chute, sus manos no dejaban de moverme hacia delante y hacia atrás para que le diera esa droga que tanto necesitaba; no me di cuenta de lo enganchada que estaba hasta ese momento, tan solo mirando su aspecto... No creo que sepáis lo que es tener que ir a ver al camello de tu hija para comprarle droga e ir a casa y ver cómo se la inyecta, la verdad, no sabía qué había hecho para merecer eso, quizá cerrarle la puerta a Eric cuando más me necesitaba...

Pensé que Steven sería mi única esperanza de haber hecho algo bueno por alguien en la vida, pero también me equivoqué. Cuando le miraba o le hablaba, me daba a entender que todo estaba bien, que no había de qué preocuparse pero como madre tengo un instinto que nunca se equivoca, sabía que le pasaba algo. Lo pude adivinar a raíz de las magulladuras que presentaba en su cara y en los brazos, no sé cuántas más podría tener porque por mucho que yo le preguntara no quería contarme nada; por supuesto, siempre he sabido que los jóvenes son un poco difíciles, sobretodo para hablar de cosas profundas, pero creía profundamente que ésto debía hablarse y que por supuesto que era también mi problema, ya que, alguien le estaba haciendo daño y quería saber quién. Como cada vez que le preguntaba no quería responderme y se iba a su cuarto, decidí seguirle al instituto y ver qué sucedía en sus horas de descanso y era lo que me suponía: Steve era víctima de bullying, el que le hacían sus compañeros de clase cada vez que salía a la hora del patio. Una madre no puede simplemente ver cómo pegan a sus hijos sin hacer nada al respecto, así que, fui allí con aires de sobreprotección saliendo por todos los poros de mi piel y me enfrenté a ellos, haciéndoles cagarse en los pantalones pero Steve no estaba contento, de hecho estuvo enfadado conmigo durante mucho más que una semana, decidí dejarle un poco de espacio y, entonces sucedió... recibí una llamada de la policía diciéndome que habían encontrado a mi hijo Steve, que parecía un suicidio; al parecer, se había tirado desde el puente más alto de la ciudad para partirse la cabeza en dos. 

Después de estar muy jodida durante unos cinco años por todo lo que me había estado ocurriendo a lo largo de mi vida y sobretodo últimamente, mi hija Arlene murió en su cama de una sobredosis de heroína. Ésto fue lo último que me quebró por completo, no podía aguantar más y toqué fondo, ya no sabía qué hacer con mi vida siendo que lo había perdido todo y ahora iba a vivir completamente sola para el resto de mi vida. ¿Sabéis cómo conseguí resurgir de las cenizas? Con música, es buena para el alma, probadlo no os miento, aparte de asistir a algunas sesiones con un psiquiatra, ya que, según él parecía que estaba pasando por un estado de estrés postraumático.

Un futuro lleno de recuerdos y cerca de la muerte:

Cuando cumplí los ochenta años, los recuerdos flotaban en mi mente como hojas van de un lado a otro mediante el viento. Éstos siempre eran muy vívidos, hasta llego a soñar con ellos regularmente, siempre encontrándolos tan lejanos, tan pausados y tan intermitentes; cuando los tengo paseándose por mi mente, pienso que quiero seguir sintiendo ese dolor porque solo recuerdo lo malo, excepto el recuerdo de Eric, a él lo recuerdo como lo mejor de mi vida, la sonrisa que hacía que la mía fluyera y su muerte que me hizo más fuerte.

La vida no hizo más que arrebatarme todo lo que quería en éste mundo, no creía merecer todo ésto y tampoco quería aceptarlo, pero ha acabado gracias a los recuerdos viviendo en mi cabeza. Muchas veces, no se callan y hay personas que siguen diciéndome que sienten muchísimo lo que están a punto de hacer, como mi hijo Steve antes de tirarse por aquel puente o Arlene antes de meterse esa dosis tan alta de heroína, e incluso Eric que suele aparecer en sueños para decirme que debía ser alguien más que una amiga para poder aferrarse a algo tan profundo y tierno como podría haber sido yo en su vida, que deseaba estar conmigo cada día. Veía sus ojos y no podía dejar de sentirme atrapada en ellos, no podía dejar de sentir aquel profundo vacío y no podía dejar llevarlo todo como si nada hubiera ocurrido.

Sentada en la mecedora que me regaló mi hermana mayor sigo mirando el cielo, como cada mañana soleada, como cada día puedo respirar. Mis respiraciones son ahora más entrecortadas y siento como si me faltara el aire, veo mi vida pasar tan deprisa... desde mis pequeños hasta la cara de Eric con aquellos profundos ojos castaños. Mi último suspiro fluye ahora de mi boca despacio resonando en aquella casa solitaria a las afueras de aquella horrible ciudad repleta de contaminación y gente insolente con trajes; de repente, todo es calma y todo se ha esfumado...



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